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¿Ausencia de institucionalidad?


A pesar de que considero la ausencia endémica de institucionalidad dentro de nuestras prácticas sociales, políticas, económicas u otras, la principal causa de los recurrentes problemas de nuestra estructura social, me asombra la tendencia atávica de buscar en el exterior, dentro de una profunda carencia de reflexión interna, las soluciones a los temas nacionales de controversia.
Unos nos conminan a mirar al "paradigma" chileno, como si dicha república sudamericana ya ha resuelto sus problemas de desarrollo y crecimiento, por ende, su lugar ya se encuentra entre las primeras potencias mundiales en cuanto a nivel de vida, actividad económica y repunte tecnológico. La realidad es que Chile ha crecido como otras potencias dentro de la región, pero los medios por motivaciones ideológicas quieren convertirla, a pesar de la persistencia de sus problemas sociales, en la "piedra filosofal" de las relaciones hemisféricas.
Para un connotado miembro del Partido Popular nacional, dicho crecimiento se produjo dentro del marco de la época de Pinochet y con gran trauma (sic) para los chilenos. Para mi opinión, si queremos referirnos a Chile, lo hacemos porque simplemente dentro de ese Estado se ha producido un consenso bipartidista de institucionalidad. Mas en ningún momento podemos comparar a los demócratas cristianos y a los socialistas chilenos con nuestros más o menos equivalentes nacionales, porque estos son más depredadores que constructores y en nuestro medio el reformismo liberal y la reacción tradicionalista-conservadora, en lo esencial tienen una misma perspectiva de ideas. De allí que los gobiernos se sucedan con más semejanzas que diferencias o logros, como nos lo demuestra los últimos acontecimientos relacionados con el TLC con Estados Unidos, donde un Ministro renuncia dejándonos varados en el medio de una acción que nos condujo de manera inevitable, hacia lo mismo, un "impasse" en las negociaciones de dicho tratado comercial, pero ahora dentro de un marco de ausencia de credibilidad institucional mayor.
Pero no es sólo la responsabilidad del ministro saliente la que se conjuga en este acto, sino también de los sectores de la a veces mal llamada "sociedad civil", quienes incapaces de entender que vivimos en una sociedad compleja y plural, se dedican a la defensa a ultranza de sus intereses corporativistas. Si no establecemos pautas de comportamiento que busquen óptimamente la eficiencia institucional, considerada como una unidad general de orden superior, con regularidad en el tiempo, pero que incluya una pluralidad de papeles sociales abarcando toda la nación panameña, nuestra sociedad continuará generando incoherencias cuya corrección serán cada vez más onerosas.

101 años de Panamá América

 
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