Ausencia de Mireya en la Cumbre del Milenio
Algunos periódicos han saludado la muy notoria ausencia de la presidenta Moscoso en la Cumbre del Milenio en las Naciones Unidas con críticas acerbas. Y lo más instructivo del caso se hallará advirtiendo que esos periódicos son los que suelen defender las opiniones más avanzadas: El Universal, La Prensa, El Panamá América. Dos grandes errores señalan en el comportamiento de la presidenta Moscoso: uno, su aislamiento del consorcio de las grandes naciones del mundo y el contacto directo con sus respectivos jefes de Estado; otro, su recelo y hurañía frente a personalidades que se distinguen por su acervo cultural e intelectual.
Creemos que esta crítica nace de una buena inteligencia por parte de tres estimables diarios, y de una responsable función de orientación ciudadana e información oportuna; han querido juzgar la falta de visión de estadista, la falta de capacidad, la falta de concepción de una política internacional seria de que padece, lamentablemente, la señora Moscoso.
En este primer año de gobierno, la señora Moscoso ha dado muestras, hasta la saciedad, de su crasa incompetencia para ejercer con altura y prestigio el alto cargo de Presidenta de la República (tal vez hubiera sido más productivo y eficaz para sus propias aspiraciones políticas, que la señora Moscoso se iniciara en la vida pública como Alcaldesa de Pedasí). Porque a decir verdad, en lo que más ha ocupado su tiempo en este primer año de gestión presidencial, ha sido en actividades domésticas esencialmente triviales, pero eso sí, en un esfuerzo terco y constante de "culto a la personalidad", a pesar de carecer de méritos ni de elementos esenciales para ello.
Betty Brannan Jaén, corresponsal de La Prensa, en Washington, a propósito de la ausencia de la presidenta Moscoso en la citada Cumbre del Milenio, nos dice con visible nostalgia que, "Panamá desaprovechó la oportunidad de perfilarse como un país más maduro y listo para tomar su lugar en el plano internacional". Y la única excusa posiblemente aceptable de esa notoria ausencia de la Presidenta de Panamá ante ese importante foro mundial, se debe a la "fobia" que siente por las cumbres de esa naturaleza, en razón de sus limitaciones culturales para tales efectos.
Panamá, en el pasado reciente, se ha enorgullecido de asumir la defensa de su soberanía sobre los sólidos principios del derecho internacional. Nuestra Constitución vigente, como las anteriores, consigna los principios de no intervención, de respeto a la autodeterminación de los pueblos, de la proscripción de la amenaza o del uso de la fuerza, de la solución pacífica de las controversias, de la igualdad jurídica de los Estados, de la búsqueda de la paz y de la cooperación para el desarrollo como guía de la política exterior de Panamá. Estos son activos de la nación panameña en la defensa histórica de la soberanía, producto de nuestras convicciones, de nuestra experiencia centenaria, de los intereses que en distintos momentos hemos tenido que defender (por eso, gústele o no a muchos retardatarios, hay que decirlo con firmeza, que gracias a los Tratados Torrijos Carter, hoy día somos los únicos dueños del Canal de Panamá).
En vista de los temores de la presidenta Moscoso a tener que dialogar con sus homólogos en la pasada Cumbre del Milenio, por las razones antes dichas, se perdió, entre otras cosas importantes para nuestro país, la feliz oportunidad de hacer oír ante el mundo la voz de Panamá, en la persona de su presidenta. Por ejemplo, decir que la cooperación internacional sirve al interés nacional, pues fortalece la imagen de Panamá, enriquece sus vínculos y propicia mayores posibilidades de intercambio. Reiterar, de igual manera, que la cooperación técnica y científica, educativa y cultural, debe cumplir objetivos específicos y constituirse en un instrumento privilegiado de nuestra política exterior. Porque las acciones de cooperación deben promover el prestigio de Panamá y difundir la riqueza de sus culturas, la diversidad de su pueblo y la creatividad de su gente: también deben atraer recursos para ampliar los esfuerzos productivos, científicos, técnicos y culturales del país, enriquecer la acción de sus intelectuales, científicos y artistas, y asegurar la tolerancia y el respeto a la pluralidad.
Dejar bien claro que los compromisos contenidos en las políticas nacionales sobre ecología, el respeto a los derechos humanos, la democracia; la lucha contra el narcotráfico, el lavado de dinero y el terrorismo deben reflejarse siempre en las posiciones internacionales de Panamá en el nivel bilateral y multilateral. Y que el país promoverá enfoques integrales y la acción concertada de naciones cuando la naturaleza de los problemas así lo justifiquen.
Creemos que esta crítica nace de una buena inteligencia por parte de tres estimables diarios, y de una responsable función de orientación ciudadana e información oportuna; han querido juzgar la falta de visión de estadista, la falta de capacidad, la falta de concepción de una política internacional seria de que padece, lamentablemente, la señora Moscoso.
En este primer año de gobierno, la señora Moscoso ha dado muestras, hasta la saciedad, de su crasa incompetencia para ejercer con altura y prestigio el alto cargo de Presidenta de la República (tal vez hubiera sido más productivo y eficaz para sus propias aspiraciones políticas, que la señora Moscoso se iniciara en la vida pública como Alcaldesa de Pedasí). Porque a decir verdad, en lo que más ha ocupado su tiempo en este primer año de gestión presidencial, ha sido en actividades domésticas esencialmente triviales, pero eso sí, en un esfuerzo terco y constante de "culto a la personalidad", a pesar de carecer de méritos ni de elementos esenciales para ello.
Betty Brannan Jaén, corresponsal de La Prensa, en Washington, a propósito de la ausencia de la presidenta Moscoso en la citada Cumbre del Milenio, nos dice con visible nostalgia que, "Panamá desaprovechó la oportunidad de perfilarse como un país más maduro y listo para tomar su lugar en el plano internacional". Y la única excusa posiblemente aceptable de esa notoria ausencia de la Presidenta de Panamá ante ese importante foro mundial, se debe a la "fobia" que siente por las cumbres de esa naturaleza, en razón de sus limitaciones culturales para tales efectos.
Panamá, en el pasado reciente, se ha enorgullecido de asumir la defensa de su soberanía sobre los sólidos principios del derecho internacional. Nuestra Constitución vigente, como las anteriores, consigna los principios de no intervención, de respeto a la autodeterminación de los pueblos, de la proscripción de la amenaza o del uso de la fuerza, de la solución pacífica de las controversias, de la igualdad jurídica de los Estados, de la búsqueda de la paz y de la cooperación para el desarrollo como guía de la política exterior de Panamá. Estos son activos de la nación panameña en la defensa histórica de la soberanía, producto de nuestras convicciones, de nuestra experiencia centenaria, de los intereses que en distintos momentos hemos tenido que defender (por eso, gústele o no a muchos retardatarios, hay que decirlo con firmeza, que gracias a los Tratados Torrijos Carter, hoy día somos los únicos dueños del Canal de Panamá).
En vista de los temores de la presidenta Moscoso a tener que dialogar con sus homólogos en la pasada Cumbre del Milenio, por las razones antes dichas, se perdió, entre otras cosas importantes para nuestro país, la feliz oportunidad de hacer oír ante el mundo la voz de Panamá, en la persona de su presidenta. Por ejemplo, decir que la cooperación internacional sirve al interés nacional, pues fortalece la imagen de Panamá, enriquece sus vínculos y propicia mayores posibilidades de intercambio. Reiterar, de igual manera, que la cooperación técnica y científica, educativa y cultural, debe cumplir objetivos específicos y constituirse en un instrumento privilegiado de nuestra política exterior. Porque las acciones de cooperación deben promover el prestigio de Panamá y difundir la riqueza de sus culturas, la diversidad de su pueblo y la creatividad de su gente: también deben atraer recursos para ampliar los esfuerzos productivos, científicos, técnicos y culturales del país, enriquecer la acción de sus intelectuales, científicos y artistas, y asegurar la tolerancia y el respeto a la pluralidad.
Dejar bien claro que los compromisos contenidos en las políticas nacionales sobre ecología, el respeto a los derechos humanos, la democracia; la lucha contra el narcotráfico, el lavado de dinero y el terrorismo deben reflejarse siempre en las posiciones internacionales de Panamá en el nivel bilateral y multilateral. Y que el país promoverá enfoques integrales y la acción concertada de naciones cuando la naturaleza de los problemas así lo justifiquen.