Ausencia de visión
Durante unos pocos años, al comienzo de la década pasada, Panamá pareció haber encontrado una visión. Por un lado, asumiendo su tamaño pequeño, se integraría al concierto mundial de naciones resolviendo gradualmente sus dificultades internas. Por el otro, sería un país democrático con una economía de mercado, abierto al comercio y a las inversiones internacionales. Una economía estabilizada, con un sector público abocado a sus tareas fundamentales y no a la producción. Esta visión fue interpretada apropiadamente en aquel momento por el contralor Rubén Carles que, utilizando su capacidad como profesor, acuñó la frase "no podemos gastar lo que no tenemos" como objetivo. Algunos de los ministros de entonces consideraron dicha medida un disparate pero pronto vieron los cambios florecer. Surgió el "modelo económico de la austeridad" llamado por algunos como el "imperio del control previo". Esta orientación estratégica era el corazón de una política de largo plazo.
La coherencia entre la visión, los macromodelos de política económica y el estado en el que se encontraba la Nación, combinado con una situación fiscal doméstica controlada y un acceso recobrado al mercado internacional de capitales, bastaron para lograr un gran salto en la credibilidad y confianza que ofrecía el país. También alentó un gran "boom" de consumo que es crucial para las perspectivas de inversión a largo plazo percibidas por los individuos o las empresas.
Pero, ¿qué ha cambiado en estos 10 años? La presidenta Mireya Moscoso se ha hecho eco de la misma visión, aunque haya introducido sus naturales peculiaridades y a veces su administración se exprese de manera algo inconsistente. Sin embargo, la presidenta no ha encontrado una forma efectiva de hacer pública su visión del modelo de país que concibe. A pesar de ello, no es necesariamente aquí donde está el problema. Radica en que la sociedad demanda una visión mejor planeada, no sólo en la expresión de su fin, sino también sobre la estrategia para alcanzarla.
Efectivamente, ya no basta hablar de apertura comercial o de integración con Centroamérica. Hoy es necesario hablar de qué forma, para qué, cuándo y cómo será dicha visión. Hoy hablar de defender lo nacional o de subir aranceles no es suficiente cuando dentro de la misma cúpula partidista hay "francotiradores" que se contradicen. Hoy es preciso poder expresar un programa que transmita señales inequívocas al sector privado sobre la dirección que impondrá el gobierno a su acción. Lo que se necesita es un marco de referencia sobre cuáles serán los lineamientos de políticas a seguir. Los empresarios perciben que el gobierno está a la deriva, al menos desde la perspectiva del crecimiento económico.
La crisis de visión no es un problema nuevo de esta administración. Ya en los últimos meses del doctor Pérez Balladares se hacía evidente. No es sorprendente entonces que la inversión haya caído dramáticamente. Lo mismo ocurre con las ventas de bienes de consumo durable.
La crisis política no hace sino complicar más las cosas. Dilata los tiempos, desarticula visiones de conjunto, dificulta los consensos legislativos en temas de importancia nacional. Pero justamente, como en tantas otras ocasiones en nuestro país, en las crisis aparecen las oportunidades. Ojalá que, dado que pagaremos un alto costo por esta crisis, sepamos utilizarla para encontrar una nueva idea de Panamá. Una efectiva visión de largo plazo.
La coherencia entre la visión, los macromodelos de política económica y el estado en el que se encontraba la Nación, combinado con una situación fiscal doméstica controlada y un acceso recobrado al mercado internacional de capitales, bastaron para lograr un gran salto en la credibilidad y confianza que ofrecía el país. También alentó un gran "boom" de consumo que es crucial para las perspectivas de inversión a largo plazo percibidas por los individuos o las empresas.
Pero, ¿qué ha cambiado en estos 10 años? La presidenta Mireya Moscoso se ha hecho eco de la misma visión, aunque haya introducido sus naturales peculiaridades y a veces su administración se exprese de manera algo inconsistente. Sin embargo, la presidenta no ha encontrado una forma efectiva de hacer pública su visión del modelo de país que concibe. A pesar de ello, no es necesariamente aquí donde está el problema. Radica en que la sociedad demanda una visión mejor planeada, no sólo en la expresión de su fin, sino también sobre la estrategia para alcanzarla.
Efectivamente, ya no basta hablar de apertura comercial o de integración con Centroamérica. Hoy es necesario hablar de qué forma, para qué, cuándo y cómo será dicha visión. Hoy hablar de defender lo nacional o de subir aranceles no es suficiente cuando dentro de la misma cúpula partidista hay "francotiradores" que se contradicen. Hoy es preciso poder expresar un programa que transmita señales inequívocas al sector privado sobre la dirección que impondrá el gobierno a su acción. Lo que se necesita es un marco de referencia sobre cuáles serán los lineamientos de políticas a seguir. Los empresarios perciben que el gobierno está a la deriva, al menos desde la perspectiva del crecimiento económico.
La crisis de visión no es un problema nuevo de esta administración. Ya en los últimos meses del doctor Pérez Balladares se hacía evidente. No es sorprendente entonces que la inversión haya caído dramáticamente. Lo mismo ocurre con las ventas de bienes de consumo durable.
La crisis política no hace sino complicar más las cosas. Dilata los tiempos, desarticula visiones de conjunto, dificulta los consensos legislativos en temas de importancia nacional. Pero justamente, como en tantas otras ocasiones en nuestro país, en las crisis aparecen las oportunidades. Ojalá que, dado que pagaremos un alto costo por esta crisis, sepamos utilizarla para encontrar una nueva idea de Panamá. Una efectiva visión de largo plazo.