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Auténtica lección


¿Qué hemos aprendido los panameños tras la suspensión de la Procuradora General de la Nación? En primer lugar, que la armonía entre el Gobierno y los grupos auténticamente democráticos se ha perdido. Este problema ha creado tensiones y desconfianza en casi todos los sectores, para quienes, a pesar de todo el esfuerzo jurídico realizado, es fácilmente observable la mano invisible del nuevo Ejecutivo. El reciente fallo de la Corte Suprema, aunque esperado, fue incendiario. Aún no era notificada debidamente la Procuradora Ana Matilde Gómez, cuando -desde un incierto y lejano punto geográfico del planeta- el mandatario Ricardo Martinelli, mediante un método inusual (comunicado de prensa), designaba el reemplazo de Gómez. A su vez, la entonces Procuradora, conforme a otra interpretación de la norma constitucional y el Código Judicial, designaba a un funcionario del Ministerio Público como su sucesor temporal. El país amanecía al día siguiente con dos procuradores designados, cientos de interpretaciones jurídicas posibles caldeando los ánimos, un andamiaje democrático que se desmorona y un Presidente que mostraba nuevamente el ya no tan invisible “músculo” para gobernar o imponer su voluntad. Aunque el oficialismo quiera justificar la salida de la Procuradora, la razón está claramente a la deriva. Estamos viendo sólo la cabeza de lo que viene, cuidémonos de la cola, que es donde suele estar el veneno.

101 años de Panamá América

 
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