Autopista a Colón
Otro de los grandes proyectos que estimamos debe emprender el próximo gobierno, es la construcción de la autopista de Panamá a Colón, sea con recursos propios, sea con recursos privados, sea gratuita, sea de paga, pero hacerla al fin. El primer paso lo dio la administración de Ernesto Pérez Balladares que otorgó la concesión a la mexicana PYCSA. Esta, sin embargo, interrumpió la obra en pleno movimiento de tierra, luego de comprobar que -a su juicio- la misma no sería rentable.
La actual administración de Mireya Moscoso no se interesó en su continuación, gran parte de cuyo avance seguramente se perdió por el decurso del tiempo tras su abandono. A PYCSA se le prorrogó el término pactado para la construcción permitiendo, acaso, la venta del proyecto a una tercera empresa o su reinicio posterior bajo condiciones más favorables, aludiendo al incremento del volumen del tránsito. La posterior inauguración de viajes transístmicos por ferrocarril no mejoró sus perspectivas.
Pero una cosa es cierta. Si económicamente la obra no es buen negocio para Pycsa, para el país, a corto y mediano plazo, sí lo es dentro de su visión de enclave de tránsito e intercambio multimodal en el centro del continente.
En pocas palabras, a Panamá le conviene la autopista como complemento a su Canal, su ferrocarril, sus puertos, aeropuertos y su Zona Libre. Igual un CEMIS reestructurado.
¿Que no es posible? Veamos. Costa Rica acaba de anunciar la construcción de una autopista que unirá a San José con el puerto del Pacífico de Caldera a un costo de 144 millones de dólares. Tendrá una extensión comparable de 76.8 kilómetros. La obra se iniciará el año próximo y se concluirá en el 2006. La misma estará a cargo de un consorcio de Argentina, Canadá y Costa Rica, Concesiones Viales, S.A. (Covisa). Será una autopista de peajes por cuyo tránsito se cobrará 2.70 dólares durante 25 años, o sea nada en comparación con lo costosas que son las autopistas de peaje nuestras.
Covisa se encargará también de mantener la vía en perfecto estado hasta que, al final de la concesión, revierta a manos del Estado. Con anterioridad, distintos gobiernos fracasaron en rehabilitar la estrecha vía hoy existente, lo cual es lo mismo que hoy nos ocurre con la carretera transístmica.
Si Costa Rica es capaz de hacer una económica y moderna autopista comparable a la que necesitamos para comunicar a Panamá y Colón, no vemos ninguna razón salvo la pereza y falta de creatividad oficial para hacerla una realidad. La actual vía, a más de peligrosa, es una verdadera vergüenza nacional.
La actual administración de Mireya Moscoso no se interesó en su continuación, gran parte de cuyo avance seguramente se perdió por el decurso del tiempo tras su abandono. A PYCSA se le prorrogó el término pactado para la construcción permitiendo, acaso, la venta del proyecto a una tercera empresa o su reinicio posterior bajo condiciones más favorables, aludiendo al incremento del volumen del tránsito. La posterior inauguración de viajes transístmicos por ferrocarril no mejoró sus perspectivas.
Pero una cosa es cierta. Si económicamente la obra no es buen negocio para Pycsa, para el país, a corto y mediano plazo, sí lo es dentro de su visión de enclave de tránsito e intercambio multimodal en el centro del continente.
En pocas palabras, a Panamá le conviene la autopista como complemento a su Canal, su ferrocarril, sus puertos, aeropuertos y su Zona Libre. Igual un CEMIS reestructurado.
¿Que no es posible? Veamos. Costa Rica acaba de anunciar la construcción de una autopista que unirá a San José con el puerto del Pacífico de Caldera a un costo de 144 millones de dólares. Tendrá una extensión comparable de 76.8 kilómetros. La obra se iniciará el año próximo y se concluirá en el 2006. La misma estará a cargo de un consorcio de Argentina, Canadá y Costa Rica, Concesiones Viales, S.A. (Covisa). Será una autopista de peajes por cuyo tránsito se cobrará 2.70 dólares durante 25 años, o sea nada en comparación con lo costosas que son las autopistas de peaje nuestras.
Covisa se encargará también de mantener la vía en perfecto estado hasta que, al final de la concesión, revierta a manos del Estado. Con anterioridad, distintos gobiernos fracasaron en rehabilitar la estrecha vía hoy existente, lo cual es lo mismo que hoy nos ocurre con la carretera transístmica.
Si Costa Rica es capaz de hacer una económica y moderna autopista comparable a la que necesitamos para comunicar a Panamá y Colón, no vemos ninguna razón salvo la pereza y falta de creatividad oficial para hacerla una realidad. La actual vía, a más de peligrosa, es una verdadera vergüenza nacional.