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Autoridad y docencia


La opinión pública ha seguido con curiosidad el debate entre el Ministerio de Educación y los educadores, y que finalmente se saldó con un acuerdo casi simbólico, al extender el presente calendario escolar hasta el 31 de diciembre próximo.

Si se considera que diciembre es un mes con ambiente y fechas de fiestas, podría concluirse en que el titular de esa cartera logró imponer su autoridad para que el acuerdo se cumpla en un mes en que dar clases es poco más que una suerte de picnic de despedida.

Ya hace varios años, sea por la razón que sea, en el sector de educación se debe extender el calendario, pero por la misma experiencia se sabe que tal periodo no cubre lo que en clases y en calidad ya han perdido los muchachos. Pero los educadores, con la fuerza de su gremio y la debilidad oficial, logran imponer sus condiciones y el que al final paga la ineficiencia es el estudiante. ¿Equilibrio y fuerza de la sociedad civil? Quizá sea más objetivo concluir en que la tragedia por la que pasa la educación panameña registra como primera característica una ausencia de vocación, y como segunda, una falta de autoridad. Igual, los estudiantes mal preparados son el resultado de una actividad tenida en otro momento como sagrada.

101 años de Panamá América

 
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