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Autoridad y grosería


Aun cuando la designación de un militar al frente de la Policía Nacional parece ser parte de un proyecto supranacional, lo cierto es que ese cuerpo castrense tiene ahora la oportunidad de demostrar internamente cuánto ha cambiado y cómo concibe su papel en democracia, porque no es un secreto que tal medida ha causado malestar en la sociedad panameña. La demostración no es siquiera una exigencia de nadie, sino de un papel del que debe estar consciente cada policía con respecto a la vida institucional del país y de la seguridad ciudadana.

Habrá que evaluar, pasado un semestre, cuántas detenciones se han registrado en ese período respecto del anterior, cuántas fugas de los centros penitenciarios; pero, sobre todo, cómo se relacionan los militares con la ciudadanía, porque antes de la designación del militar, el ciudadano se encontraba con policías hasta cierto punto amables, casi indefensos y cordiales; no obstante, desde que cambió la dirección de civil a militar, un síndrome parece recorrer a los uniformados, algunos de los cuales parecen haber confundido la grosería con la autoridad. Son muchas las cosas que deben estar en el radar de la vigilancia ciudadana, porque mantener la civilidad es un compromiso que nadie debe descuidar.

101 años de Panamá América

 
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