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Avatar y la felicidad interna bruta


¿Tiene la película AVATAR algo que ver con Panamá? Más allá de su alto nivel tecnológico y costo económico, el filme de James Cameron narra, a través de analogías, una historia muy conocida.

Los humanos, no satisfechos la devastación de su propio planeta, ocupan un planeta distante llamado Pandora. Están buscando un mineral valiosísimo, que se encuentra debajo de las raíces de un imponente árbol sagrado, hábitat de los nativos, los Na'vi, azulosos y enormes seres, sensibles e inteligentes que se defienden solo con arcos y flechas, y con su compenetración con los animales y plantas de la selva profunda.

En este marco Jake Sully, un infante de marina paralítico participa en un experimento, ocupar mentalmente el cuerpo de un Na'vi, un avatar, que sintetiza el ADN de los humanos y los Na'vi. Su misión es espiar, infiltrarse entre los nativos para conocerlos y tratar eventualmente de convencerlos de que cooperen con la extracción del mineral, aunque al ser salvado de una muerte segura por la nativa Neytiri, se enamora no sólo de ella sino de sus ideales.

Pero detrás de Jake están dos fuerzas, los científicos que quieren conocer y entenderse amistosamente con los Na'vi , y los militares que usan la fuerza para imponer los intereses económicos que quieren depredar la naturaleza ubérrima de Pandora, para extraer el mineral. Los Na'vi viven en una armonía y comunión con el ambiente, asemejando el modo de vida y la espiritualidad de los pueblos indígenas, donde todas las cosas tienen alma.

La fuerza de las armas y del dinero se imponen y destruyen el gran árbol de la vida, y la vida de muchos nativos, pero hacia el final los Na'vi, con Jack como aliado, logran recuperar su planeta.

Este mensaje de Avatar, donde los humanos quieren destruir a Pandora y su gente para explorar el mineral codiciado, no es nuevo.

¿No fue esta la lógica del llamado descubrimiento de América hace medio milenio? ¿No es la lógica de explotar oro, cobre y otros minerales con la minería a cielo abierto, hiriendo de muerte la frágil cobertura vegetal y envenenando a seres humanos? ¿No es la lógica de concesionar hoteles, o edificaciones en áreas protegidas como el parque volcán Barú o el Morro de Taboga? ¿No es la lógica de expulsar de sus tierras ancestrales y por la fuerza, al pueblo Naso?

El modelo que se desprende de Avatar es la Felicidad Interna Bruta (FIB), un medidor que explica la calidad de vida en términos más holísticos que el Producto Interno Bruto PIB que coloca solo al crecimiento económico como objetivo principal. En cambio en FIB se sostiene en el concepto del desarrollo integral de la sociedad humana, que tiene sus bases en la promoción del desarrollo socioeconómico sostenible e igualitario; la preservación y promoción de valores éticos, sociales, políticos y culturales; la conservación y promoción del medio ambiente; y el establecimiento de un buen gobierno y del buen vivir.

Resaltemos y aprendamos el mensaje esencial de esta película, que es la construcción de FIB más que de PIB, antes que el planeta tierra se abra como la Caja de Pandora, ahogándonos en la propia marejada de males y desastres provocados por los necrófilos, esos que ponen a la muerte y la destrucción, por delante de la vida y la esperanza.

raulleisr@hotmail.com

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