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¡Ay del vencido!


Pensaba en el dicho latino viendo cómo de la noche a la mañana todo había cambiado para la ex presidenta Mireya Moscoso. El día de la toma de posesión de Martín dieron a la publicidad una noticia procedente de Cuba, en la que vuelcan sobre ella y su gobierno los más insultantes epítetos. Yo meditaba: ¡Tanto que se afanan los políticos para llegar al poder, y luego terminan derrotados, ofendidos y humillados! Recordaba una vieja película sobre la reina María Antonieta, quien al anunciarle en Austria, donde nació, que se casaría con el futuro rey de Francia, Luis XVI, se deleitaba pensando que sería la Reina de Francia. Y unos 20 años más tarde, iba destruida y harapienta en un carretón que la llevaba a tumbarle la cabeza en el patíbulo.
El poder se convierte en un infierno. Llegado a él, quien quiera que sea, empieza un calvario. Todos los oropeles, la abundancia dineraria y la gloria efímera, no se pueden comparar con la tragedia íntima, el desasosiego, el miedo y el dolor que se experimenta cuando la persona que está en el poder, lo pierde. Entonces, todos están con el vencedor; pero esperemos cómo terminará su mandato ese mismo vencedor. Es la historia que se repite a través de los siglos.
Decía mi difunto amigo don Julio Quintero, que nada era más gráfico para representar el poder que lo que sucede en una gallera: Al gallo triunfador todos lo aclaman; y en el suelo queda el perdedor, pisoteado por los que aclaman al otro.
Periodísticamente hablando, la televisión pasó por alto un detalle que hubiera resultado harto interesante. Al parecer a ningún periodista se le ocurrió, el día de la toma de posesión de Martín, entrevistar a la presidenta saliente.
Entre los mil momentos que le dedicaron al mandatario entrante, qué bien se hubiera visto lo que ocurría en la casa de la Sra. Moscoso. ¿Quiénes fueron a acompañarla? ¿Cuántos de los mil amigos que le rendían pleitesía estaban allí con ella? ¿Quiénes fueron a reiterarle su amistad? Lo que sí vi en los diarios, unos días antes, fue que partidos que se beneficiaron de su gobierno, constituyeron un bloque dizque de oposición, y excluyeron de éste al partido de la Sra. Moscoso. Y de su mismo colectivo expresaron los deseos de colaborar con el nuevo gobierno. ¿Irían éstos a la casa de la Sra. Moscoso el día de la toma de posesión de Martín Torrijos?
Dice Vargas Llosa que ser optimista en nuestra época suele ser sinónimo de imbécil. Pero esta opinión no es sólo de nuestra época, porque en todos los tiempos los que llevan el optimismo hasta extremos de ingenuidad y de locura, han sido calificados así. Voltaire se ríe y se burla del ridículo optimista que es Zadig. Y Cervantes, ¿no presentó a Don Quijote "el eterno y esencial derrotado"-como lo llamó Ortega y Gasset- como un optimista incorregible?
Cuando el optimismo llega a extremos irrealizables, indudablemente que linda con la imbecilidad. Pero esto no es lo que sucede a los hombres y a los pueblos que marchan continuamente hacia el progreso. Para no dejar el pensamiento de Vargas Llosa trunco, leamos lo que agrega que es necesario hacer: "No dejarse abatir por ese elegante pesimismo tan de moda que lleva hoy a tantos intelectuales a convertirse en los profetas del apocalipsis".
Cuentan que Federico Douglas, esclavo, gran orador y notable abolicionista de Estados Unidos, en la hora más oscura de su adversidad llegó a decir: "Tenemos en contra al hombre blanco; tenemos en contra al gobierno; tenemos en contra el espíritu de nuestra época. No veo esperanza alguna para la raza negra. Estoy agobiado por la tristeza".
"Hasta ese momento lo que tenemos delante es un hombre destruido", comenta el religioso Miguel Limardo-, "Pero bastó que se levantara una anciana del auditorio que le gritara: "Federico, ¿ha muerto Dios?" Y estas solas palabras revivieron su espíritu y el hombre que nos parecía destruido por la adversidad se enfrentó triunfante en su lucha".
Pero volviendo a nuestra situación política, a Martín Torrijos le espera un gobierno muy difícil, pero seamos optimistas, y esperemos un milagro.

101 años de Panamá América

 
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