Ayer no se acabó el mundo
SI esta columna se publica hoy es porque ayer no se acabó el mundo y no sabemos si nació el Anticristo, pero lo que no debemos olvidar es que ayer 6 de junio se conmemoró 40 años de los terribles sucesos que estremecieron a la ciudad de Colón en 1966, historia de la que fui parte como estudiante graduando del Colegio Abel Bravo.
El 31 de mayo de 1966, fue asesinado el dirigente estudiantil Juan Navas Pájaro, que convalecía de las heridas recibidas en las jornadas patrióticas de enero de 1964, por agentes de la seguridad panameña que lanzaron su cuerpo junto a un puente del corredor de Colón. Los días siguientes tanto estudiantes como la población en general realizamos diversas manifestaciones pacíficas clamando por justicia, lo que condujo a la represión abierta por parte de la Guardia Nacional, teniendo su clima el 6 de junio cuando se produjo el asesinato del cuadro de honor abelista Carlos Mathews, Elvira Miranda y la niña Damaris Gallardo.
La represión siguió su curso con la persecución persistente de los dirigentes populares, que llevó hasta el punto de falsamente imputar del crimen de Juan Navas, a sus compañeros Rolando Sterling, Felix Dixon y su hermano, Luis Navas, que guardaron prisión por mucho tiempo. Por todo esto, nuestra graduación de ese año fue de duelo y de dolor, en base a estos hechos que marcaron a una generación.
Lo cierto es que más que los devastadores incendios, han sido las injusticias sociales las que han deteriorado a Colón. Esto no es casual las injusticias sociales son las hijas predilectas de un esquema económico que trae el "progreso "a unos y la miseria a la mayoría. Hoy como ayer entras a esta casi isla de 16 cuadras por un brazo que amarra a regañadientes un trozo de tierra otrora pantanosa y selvática, y sientes la sensación de penetrar al vientre de un erizo : cientos de antenas de televisión apuntalan un cielo brumoso.
Esta ciudad es la puerta norte del Canal, y al mismo tiempo el punto donde señala la aguja de la brújula de la miseria. El ferrocarril fue la comadrona de su nacimiento y los 700 millones de dólares que cruzaron por la vía férrea, al igual los miles de millones en importación y reexportación de la actual Zona Libre, no han podido expulsar el hambre, la miseria y el desempleo de sus oscuras madrigueras. Ciudad sin hinterland. Desgajada de su realidad regional. Sujeta a los vaivenes, a los auges y depresiones de las necesidades externas hegemónicas.
Una vez que el padre Xabier Gorostiaga visitó Colón fue asaltado. Eso no es nada novedoso. Lo interesante es que cuando se levantaba, se encontró frente a un agente de la autoridad que le inquiría si quería reportar alguna denuncia. El visitante exclamó: ¡Reporto el Desempleo!
En esta ciudad planificada como "tablero de damas", hay muchas fichas fuera del juego. Es el desempleo que abierto o encubierto carcome la vida de muchos colonenses. La delincuencia aparece no como producto del "mal corazón" de la gente, sino como una clara secuela de los problemas sociales de esta ciudad. Los hampones en Colón no tienen "alias", sino nombres directos: se llaman desempleo, subempleo, hábitat defectuoso, centralismo, hambre y miseria.
Por eso Colón ha reventado muchas veces. Respondió como diapasón patriótico un 9 de enero y dejó su cuota de muertos y heridos. Sus desempleados caminaron la Transístmica en la Marcha del Hambre y la Desesperación en 1959. Un 6 de junio de 1966 la sangre manchó sus calles.
Colón ríe en su miseria. El ritmo se cuela en los redoblantes de noviembre y en las tumbas, maracas y yukaleles de carnavales y carnavalitos. Da su parte de deportistas, intelectuales y dirigentes al país y se enorgullece más por su gente que por su atormentada ciudad. Tierra llena de colores. Colón lucha -como siempre lo ha hecho- con una heterogénea expresión cultural y generosidad de su rebeldía, aunque las minorías acomodadas los desprecien, los turistas no lo vean y algunos funcionarios hagan de la indiferencia su insignia perenne.
Cotidianamente hay vidas que se acaban por la pobreza, la discriminación y la exclusión, y cristos y anticristos que se extinguen o son exterminados por una realidad deshumanizadora tanto en los callejones urbanos como en los campos olvidados. ¿Cuál es el destino de esta ciudad? ¿Cuál es el destino de los excluidos de esta ciudad?
No sé, pero como escribió el poeta Guillermo Delgado, "hay que agarrarse de la esperanza y sostenerse con manos de hierro".
(raulleisr@hotmail.com)
El 31 de mayo de 1966, fue asesinado el dirigente estudiantil Juan Navas Pájaro, que convalecía de las heridas recibidas en las jornadas patrióticas de enero de 1964, por agentes de la seguridad panameña que lanzaron su cuerpo junto a un puente del corredor de Colón. Los días siguientes tanto estudiantes como la población en general realizamos diversas manifestaciones pacíficas clamando por justicia, lo que condujo a la represión abierta por parte de la Guardia Nacional, teniendo su clima el 6 de junio cuando se produjo el asesinato del cuadro de honor abelista Carlos Mathews, Elvira Miranda y la niña Damaris Gallardo.
La represión siguió su curso con la persecución persistente de los dirigentes populares, que llevó hasta el punto de falsamente imputar del crimen de Juan Navas, a sus compañeros Rolando Sterling, Felix Dixon y su hermano, Luis Navas, que guardaron prisión por mucho tiempo. Por todo esto, nuestra graduación de ese año fue de duelo y de dolor, en base a estos hechos que marcaron a una generación.
Lo cierto es que más que los devastadores incendios, han sido las injusticias sociales las que han deteriorado a Colón. Esto no es casual las injusticias sociales son las hijas predilectas de un esquema económico que trae el "progreso "a unos y la miseria a la mayoría. Hoy como ayer entras a esta casi isla de 16 cuadras por un brazo que amarra a regañadientes un trozo de tierra otrora pantanosa y selvática, y sientes la sensación de penetrar al vientre de un erizo : cientos de antenas de televisión apuntalan un cielo brumoso.
Esta ciudad es la puerta norte del Canal, y al mismo tiempo el punto donde señala la aguja de la brújula de la miseria. El ferrocarril fue la comadrona de su nacimiento y los 700 millones de dólares que cruzaron por la vía férrea, al igual los miles de millones en importación y reexportación de la actual Zona Libre, no han podido expulsar el hambre, la miseria y el desempleo de sus oscuras madrigueras. Ciudad sin hinterland. Desgajada de su realidad regional. Sujeta a los vaivenes, a los auges y depresiones de las necesidades externas hegemónicas.
Una vez que el padre Xabier Gorostiaga visitó Colón fue asaltado. Eso no es nada novedoso. Lo interesante es que cuando se levantaba, se encontró frente a un agente de la autoridad que le inquiría si quería reportar alguna denuncia. El visitante exclamó: ¡Reporto el Desempleo!
En esta ciudad planificada como "tablero de damas", hay muchas fichas fuera del juego. Es el desempleo que abierto o encubierto carcome la vida de muchos colonenses. La delincuencia aparece no como producto del "mal corazón" de la gente, sino como una clara secuela de los problemas sociales de esta ciudad. Los hampones en Colón no tienen "alias", sino nombres directos: se llaman desempleo, subempleo, hábitat defectuoso, centralismo, hambre y miseria.
Por eso Colón ha reventado muchas veces. Respondió como diapasón patriótico un 9 de enero y dejó su cuota de muertos y heridos. Sus desempleados caminaron la Transístmica en la Marcha del Hambre y la Desesperación en 1959. Un 6 de junio de 1966 la sangre manchó sus calles.
Colón ríe en su miseria. El ritmo se cuela en los redoblantes de noviembre y en las tumbas, maracas y yukaleles de carnavales y carnavalitos. Da su parte de deportistas, intelectuales y dirigentes al país y se enorgullece más por su gente que por su atormentada ciudad. Tierra llena de colores. Colón lucha -como siempre lo ha hecho- con una heterogénea expresión cultural y generosidad de su rebeldía, aunque las minorías acomodadas los desprecien, los turistas no lo vean y algunos funcionarios hagan de la indiferencia su insignia perenne.
Cotidianamente hay vidas que se acaban por la pobreza, la discriminación y la exclusión, y cristos y anticristos que se extinguen o son exterminados por una realidad deshumanizadora tanto en los callejones urbanos como en los campos olvidados. ¿Cuál es el destino de esta ciudad? ¿Cuál es el destino de los excluidos de esta ciudad?
No sé, pero como escribió el poeta Guillermo Delgado, "hay que agarrarse de la esperanza y sostenerse con manos de hierro".
(raulleisr@hotmail.com)