Azúcar o combustible
En la economía, como en la política, pueden tomarse dos puntos de partida para emprender un nuevo proyecto: los límites o las potencialidades. El primer supuesto implica iniciarlo con mayores certezas, pues se avanza sobre los problemas para superarlos. Por otro lado, al partir sobre la base de las "potencialidades del proyecto", se movilizan rápidamente los recursos disponibles y se asumen los imprevistos como van llegando para seguir avanzando. Este último parece ser el camino tomado por el gobierno panameño para producir eventualmente etanol en el país; lo cual no estaría nada mal, sino fuera porque en la propia economía brasileña la producción a escala de etanol ha generado otros problemas que no fueron debidamente advertidos en Brasil.
Es por eso que, pese a las bondades medio ambientales del proyecto y su innegable valor económico, consideramos que un proyecto similar en Panamá, a pesar de los problemas internos que ameritan decisiones rápidas y acuerdos novedosos como podría ser éste, requieren una mejor sustentación, dado que la demanda brasileña no estaría encaminada para satisfacer nuestro necesidades internas y, mucho menos, están dirigidas a atender estas preocupaciones. De tal manera que la concreción de un probable acuerdo exigiría mayor explicación oficial al respecto, a través de encuentros con especialistas, elaboración de documentos y su divulgación.
El tema de la generación de energía alternativa ambientalmente sustentable, aunque muy de moda, exige revisar el punto de partida asumido por el gobierno y someterlo a profundas consultas, ya que muy pocos en Panamá están completamente familiarizados con los sacrificios que habría que hacer en el campo para atender la producción de caña para producir etanol. Hay que investigar mucho más para conocer los límites de este nuevo proyecto y no frustrar así las esperanzas de un sector de la sociedad panameña que merece una mejor oportunidad que el azúcar no les dio.