Bajo la ley del hampa
Miami (AIPE) - El rostro turbado del presidente Felipe Calderón no es para menos. Varias regiones de México están sitiadas por el hampa, especialmente Ciudad Juárez. Los narcotraficantes mexicanos sobrepasaron los límites de la razón. Son crueles y sanguinarios. Ni siquiera en las peores épocas del llamado narcoterrorismo de Pablo Escobar en Colombia, se vivió una guerra urbana con tanta saña.
En sólo un mes de este año la cifra de muertos en la guerra del narcotráfico en México sobrepasó las mil personas. Datos de la Fiscalía federal registran que, en los tres años de gobierno del presidente Calderón, han muerto unas 15 mil personas. La prensa asegura que la cifra puede superar las 17 mil.
México no vive un brote de violencia pasajera; ni siquiera son reacciones a los operativos militares y policiales, porque las autoridades no están a la ofensiva sino a la defensiva. Lo que vive el país azteca es una guerra sin cuartel, abierta y carente de códigos.
La decapitación de enemigos o ex amigos, por ejemplo, es una muestra de poder brutal y amedrentador. Las cabezas sin cuerpo ya no son noticia de primera plana. Desde un comienzo, cuando asumió Calderón, en diciembre del 2006, y resolvió enfrentar a ciertos carteles del narcotráfico, la lucha ya estaba perdida. Lo confirmaron los capos con terror y el fortalecimiento de escuadrones mercenarios, financiados por ellos, en los cuales participan paisanos y extranjeros.
Colombia tampoco ganó la guerra y sigue enfrentándola con grandes sacrificios. La mayor parte de muertos los ponen las naciones donde se produce y exporta la droga, pero no tantos en los países consumidores.
Lo decepcionante es que la lucha continuará mientras los dólares (una parte pequeña de las ganancias, menos del 30%) sigan yéndose a Latinoamérica, porque la guerra es por dinero, no contra la adicción.
Quizás las cosas cambien ya que la violencia tocó a las puertas de la Casa Blanca para avisarle a Barack Obama que su país es responsable en gran parte de esa guerra.
El sábado 13 de marzo, una funcionaria del consulado de EE.UU. en Chihuahua, su esposo y otro ciudadano mexicano casado con una empleada de la misma delegación diplomática, fueron asesinados a tiros por pistoleros del cártel de Juárez. Meterse con los gringos en forma directa es el peor error de los narcotraficantes mexicanos y podría cambiar el rumbo de la guerra.
Se hace válido el llamado del presidente Calderón de pedir ayuda a su mal vecino, Estados Unidos, que se obliga a asumir la responsabilidad compartida.
La ley del hampa no debe imperar. La sociedad mexicana no puede rendirse, pero la estrategia tiene que cambiar.