Bajo las palmeras
Rico, medité las siguientes reflexiones, durante recientes viajes que realicé a esos pueblos hermanos y que resumen mis percepciones sobre las realidades observadas en los pocos días que estuve con ellos. Ambos tienen una historia en común y un entorno cultural, geográfico y político que comparten con nosotros, al convivir en la cuenca del caribe y unirnos orígenes raciales, costumbres- comida, bailes y ron incluidos- arquitectura, clima, religión, deportes, lengua y modismos afines y por supuesto, los vigentes intereses hegemónicos de los Estados Unidos. De alguna manera, esas dos sociedades caribeñas viven aún los efectos de la guerra fría, siendo afectadas por políticas dictadas desde Washington. Cuba, sufre por el bloqueo de más de tres décadas y Puerto Rico, aprovecha los niveles de subsidios de que disfrutan por su status de Estado Libre Asociado.
En Cuba, pasamos el fin de año en casa de Don Israel y su familia, a quién el Beni More le cantara "Castellanos que buena baila usted". Esa fue una noche de reminiscencias familiares, por el gran cariño que sintieron mis ancestros por la cultura afro-cubana. Allí conocí del babalao como del changó y reiteré mis respetos por dichas creencias. Tuve oportunidad de visitar varias casas de familias cubanas, en franco plan social y compartir con ellos sus carencias y virtudes. Conocí de los creadores del bolero en La Habana y en una discoteca de Veradero me impactó -por su significado- el escuchar "Che comandante" de Pablo Milanés, en tiempo de música disco y bailada por la juventud asistente a la misma. En Cuba la lucha actual es por la divisa fuerte. Hoteles, discotecas, supermercados, restaurantes, hospitales, centros de convenciones, entrenadores deportivos, deportistas, médicos, enfermeras, artistas y científicos, entre otros, compiten por traer los dólares a su economía y a sus hogares.
El "área verde", esa cantidad de infraestructura dedicada a captar los dólares, contrasta con las necesidades de ese pueblo, quien se acostumbró a recibir absolutamente todo gratis del Estado. Este le brinda empleo, seguridad, atención médica, educación, vivienda, deporte y todo lo que les ocurra. Obvió que al desplomarse su principal fuente de financiamiento subsidiado, se restringieron la mayoría de esos servicios gubernamentales, no siendo estos aún reemplazados por las iniciativas personales o privadas, que por acá constituyen la principal fuente de generación de riquezas. La falta de oportunidades para el desarrollo individual constituye a mi juicio, una de las principales carencias del socialismo cubano. Sin embargo, la estructural resistencia frente a los históricos y caducos intereses estadounidenses por quebrarlos, que en Cuba reencarna la estoica conducta de Fidel Castro, se mantiene "vivita y coleando", como en los mejores momentos de la vetusta guerra fría.
La solidaridad en el pueblo cubano pareciera ser contradictoria con sus carencias, pero allí conviven. Sus carencias parecieran serlo con sus terquedades, pero allí se mantienen. El área verde insulta a su pobreza, pero a nombre de la sobrevivencia, primer compromiso del hombre, se entremezclan en rara simbiosis y en aparente equilibrio, con una sociedad destruida económicamente, tanto por el bloqueo externo, como por los errores de conducción internos.
A San Juan fui una semana después y allí observé la otra cara de la moneda. Esa es una sociedad subsidiada por el gobierno estadounidense, que hizo de la isla una "vitrina" para demostrar sus virtudes a los pueblos del caribe. Puerto Rico constituye un modelo de organización social en donde los intereses de seguridad de los Estados Unidos han privado sobre los demás. Allí no se aplican ni las recetas del FMI, ni las del Banco Mundial. Ejemplos. El 25% de la población económicamente activa trabaja para el Estado y en la Autoridad de Agua y Alcantarillado de la isla, a quien visité, ofrecen sus servicios a cuatro millones de boricuas, con una inversión cercana a 4 mil millones de activos por millón de habitantes, mientras que en Panamá, la misma relación es de a 300 millones de balboas de activos por millón de habitantes. Y así es todo de sub-utilizado.
La estructura económica de un país se sustenta en su capacidad de generar divisas, vía sus exportaciones. En Puerto Rico es notorio el exceso de infraestructura instalada para el nivel de su oferta exportable, que se centra en turismo y algo de maquila. La mitad de la población desea continuar con el status de Estado Libre Asociado, porque aprovecha, más que los estados de la Unión Americana, de la generosa contribución del fisco estadounidense y porque está consciente del nivel de ineficiencia de su economía, que sin sacrificios no soportaría a una nación independiente.
Luego de superados los traumas de la anexión a Estados Unidos, que durante 1998 cumple el siglo, las actuales generaciones de boricuas han desarrollado un creciente sentido de identidad nacional, proporcional a la no tan obvia presencia norteamericana en su territorio. La población portorriqueña es en extrema celosa por la preservación de su cultura, que se manifiesta en la defensa a ultranza del uso del español como lengua y de las formas propias de su legado latino, habiéndose iniciado en algunos sectores de su sociedad, el rechazo oficial a su condición de ciudadanos de los Estados Unidos. Suena contradictorio que mientras miles de personas, buscan esa nacionalidad como garantía de trabajo y riquezas, algunos pocos boricuas hacen de todo por desprenderse de ella.
Cien años después de la anexión de Puerto Rico y treinta años de bloqueo a Cuba -por el mismo país, los Estados Unidos- la realidad de ambos pueblos nos enseñan las dos caras de los mismos intereses y la vigencia de la guerra fría, quien según muchos ya terminó. El garrote para Cuba y la zanahoria para Puerto Rico, también han constituido categorías conocidas por Panamá y de ellas hemos extraído suficientes enseñanzas, como para entender que con los Estados Unidos, ni tan cerca, como para perder tu identidad, ni tan lejos, como para morirte de hambre. Al respecto, Torrijos nos advertía: "jueguen con la cadena, no con el mono".
En Cuba, pasamos el fin de año en casa de Don Israel y su familia, a quién el Beni More le cantara "Castellanos que buena baila usted". Esa fue una noche de reminiscencias familiares, por el gran cariño que sintieron mis ancestros por la cultura afro-cubana. Allí conocí del babalao como del changó y reiteré mis respetos por dichas creencias. Tuve oportunidad de visitar varias casas de familias cubanas, en franco plan social y compartir con ellos sus carencias y virtudes. Conocí de los creadores del bolero en La Habana y en una discoteca de Veradero me impactó -por su significado- el escuchar "Che comandante" de Pablo Milanés, en tiempo de música disco y bailada por la juventud asistente a la misma. En Cuba la lucha actual es por la divisa fuerte. Hoteles, discotecas, supermercados, restaurantes, hospitales, centros de convenciones, entrenadores deportivos, deportistas, médicos, enfermeras, artistas y científicos, entre otros, compiten por traer los dólares a su economía y a sus hogares.
El "área verde", esa cantidad de infraestructura dedicada a captar los dólares, contrasta con las necesidades de ese pueblo, quien se acostumbró a recibir absolutamente todo gratis del Estado. Este le brinda empleo, seguridad, atención médica, educación, vivienda, deporte y todo lo que les ocurra. Obvió que al desplomarse su principal fuente de financiamiento subsidiado, se restringieron la mayoría de esos servicios gubernamentales, no siendo estos aún reemplazados por las iniciativas personales o privadas, que por acá constituyen la principal fuente de generación de riquezas. La falta de oportunidades para el desarrollo individual constituye a mi juicio, una de las principales carencias del socialismo cubano. Sin embargo, la estructural resistencia frente a los históricos y caducos intereses estadounidenses por quebrarlos, que en Cuba reencarna la estoica conducta de Fidel Castro, se mantiene "vivita y coleando", como en los mejores momentos de la vetusta guerra fría.
La solidaridad en el pueblo cubano pareciera ser contradictoria con sus carencias, pero allí conviven. Sus carencias parecieran serlo con sus terquedades, pero allí se mantienen. El área verde insulta a su pobreza, pero a nombre de la sobrevivencia, primer compromiso del hombre, se entremezclan en rara simbiosis y en aparente equilibrio, con una sociedad destruida económicamente, tanto por el bloqueo externo, como por los errores de conducción internos.
A San Juan fui una semana después y allí observé la otra cara de la moneda. Esa es una sociedad subsidiada por el gobierno estadounidense, que hizo de la isla una "vitrina" para demostrar sus virtudes a los pueblos del caribe. Puerto Rico constituye un modelo de organización social en donde los intereses de seguridad de los Estados Unidos han privado sobre los demás. Allí no se aplican ni las recetas del FMI, ni las del Banco Mundial. Ejemplos. El 25% de la población económicamente activa trabaja para el Estado y en la Autoridad de Agua y Alcantarillado de la isla, a quien visité, ofrecen sus servicios a cuatro millones de boricuas, con una inversión cercana a 4 mil millones de activos por millón de habitantes, mientras que en Panamá, la misma relación es de a 300 millones de balboas de activos por millón de habitantes. Y así es todo de sub-utilizado.
La estructura económica de un país se sustenta en su capacidad de generar divisas, vía sus exportaciones. En Puerto Rico es notorio el exceso de infraestructura instalada para el nivel de su oferta exportable, que se centra en turismo y algo de maquila. La mitad de la población desea continuar con el status de Estado Libre Asociado, porque aprovecha, más que los estados de la Unión Americana, de la generosa contribución del fisco estadounidense y porque está consciente del nivel de ineficiencia de su economía, que sin sacrificios no soportaría a una nación independiente.
Luego de superados los traumas de la anexión a Estados Unidos, que durante 1998 cumple el siglo, las actuales generaciones de boricuas han desarrollado un creciente sentido de identidad nacional, proporcional a la no tan obvia presencia norteamericana en su territorio. La población portorriqueña es en extrema celosa por la preservación de su cultura, que se manifiesta en la defensa a ultranza del uso del español como lengua y de las formas propias de su legado latino, habiéndose iniciado en algunos sectores de su sociedad, el rechazo oficial a su condición de ciudadanos de los Estados Unidos. Suena contradictorio que mientras miles de personas, buscan esa nacionalidad como garantía de trabajo y riquezas, algunos pocos boricuas hacen de todo por desprenderse de ella.
Cien años después de la anexión de Puerto Rico y treinta años de bloqueo a Cuba -por el mismo país, los Estados Unidos- la realidad de ambos pueblos nos enseñan las dos caras de los mismos intereses y la vigencia de la guerra fría, quien según muchos ya terminó. El garrote para Cuba y la zanahoria para Puerto Rico, también han constituido categorías conocidas por Panamá y de ellas hemos extraído suficientes enseñanzas, como para entender que con los Estados Unidos, ni tan cerca, como para perder tu identidad, ni tan lejos, como para morirte de hambre. Al respecto, Torrijos nos advertía: "jueguen con la cadena, no con el mono".