Balaguer
América Latina, en su extensa experiencia política puede mostrar un amplio repertorio de personalidades políticas en un variado rango de protagonismos desde la etapa de la conquista pasando por la colonización hasta el complejo escenario republicano.
Cada país de la región a no dudarlo, puede hacer su aporte a una siempre incompleta lista de personajes relevantes, ya sea por su impacto positivo o negativo sobre la vida de sus sociedades. La política siempre ha reunido a santos y demonios, de acuerdo al particular punto de vista del analista.
En el caso que nos ocupa, Joaquín Balaguer está en un lugar muy especial en el ámbito político dominicano de los últimos cincuenta años, siendo una figura de referencia política en la región latinoamericana. Un hombre parco de pocas palabras y con una mentalidad muy Weberiana del populismo verbalista, demagógico y movilizador de los años "60 e inmerso en la vida política de un país insular de gente explosiva, muy poco tímida más bien expresiva y muy extrovertida, alegre y emotiva. ¿Cómo encaja Balaguer en dicho marco sociocultural? ¿cómo su personalidad se alinea junto a protagonistas de personalidades tan fuertes como Boyer, Heureaux, Báez, Duarte, Trujillo, Bosh, Camaño Deñó y José Francisco Peña Gómez? ¿Cómo explicar su vigencia política a los 94 años de edad al ser considerado por un amplio sector del electorado como una alternativa política en la conducción política del país?
Si asumimos que su experiencia como allegado a Rafael Leonidas Trujillo en sus 31 años de férrea dictadura debió generarle un saldo líquido de consecuencias políticas negativas en el postrujillismo, observamos una realidad inversa expresada "por seis elecciones presidenciales exitosas en que la figura de Balaguer se fue consolidando como un factor determinante en la vida política dominicana hasta el punto de que ya nonagenario, casi impedido físicamente, con ceguera casi absoluta y aquejado por todo tipo de disfunciones, un sector nada despreciable del electorado dominicano insistió en lanzar otra vez al ruedo político a este personaje tildado en 1998 por el Philadelphia Tribune como un defensor de la supremacía blanca en República Dominicana, lo cual pudo determinar que José Francisco Peña Gómez no llegara a la presidencia de su país.
De haber salido elegido en las recientes elecciones dominicanas ganadas por Hipólito Mejía, con toda seguridad Balaguer habría sumergido a la República Dominicana en un difícil proceso de gobernabilidad, suponiendo que su debilitada salud se hubiera mantenido por cuatro años más.
Sociológicamente todo es explicable a la luz de un buen juego de hipótesis de trabajo. Veamos por lo menos un par: En primer lugar es posible suponer que gran parte del pueblo dominicano supo perdonar a Balaguer su pasado trujillista a la luz de dos factores o variables explicativas. La primera surge del hecho de que durante su experiencia trujillista, Balaguer hizo justicia a la afirmación de Herring de que en efecto podía ser considerado el mejor hombre de la dictadura, en el sentido de sus rasgos positivos y a quien no se le imputaba culpabilidad directa en los excesos del régimen, algo así como un comodín que demostró eficiencia, corrección y seriedad en sus servicios al dictador sabiendo alejarse estratégicamente de los desmanes, las injusticias y las evidentes ofensas a la dignidad humana. El segundo factor no menos importante tiene que ver con el período postrujillista. Los acontecimientos previos, durante, y después de la crisis de diciembre de 1965 que envolvió al país en una cruenta sucesión de hechos que van desde el vacío de poder dejado por al asesinato de Trujillo, la dificultad de Juan Bosh de llenar dicho vacío, la dificultad de Balaguer de dirigir una transición eficiente como presidente al momento de la muerte del dictador. La persistencia de influyentes militares trujillistas en el aparato militar. El burdo manejo de la crisis de 1965 por parte de Washington, la explosión tardía de los dominicanos en 1965 como reacción a la desaparición de Trujillo en 1961, la total ingobernabilidad del país a raíz de la crisis y la ausencia de figuras capaces de generar credibilidad en los dominicanos.
Todo lo anterior se combinó para que una mayoría depositara su confianza en Balaguer el personaje conocido, que públicamente se había dado golpes de pecho declarando ante Naciones Unidas su mea culpa y denunciando ante el mundo los males del trujillismo. Esto y las deficiencias políticas de Juan Bosh crearon el escenario para que Joaquín Balaguer se alzara con el triunfo en las elecciones del1 de junio de 1966 con el 56% de los votos, emergiendo como una figura paradigmática en la vida política dominicana hasta la actualidad. La pregunta que resurge es la siguiente ¿por qué parte de la sociedad política dominicana desarrolló esta dependencia política con respecto a este personaje hasta estos extremos? ¿Hubiese sido este el caso de Arnulfo Arias Madrid en el caso de Panamá, o de José María Velasco Ibarra en el Ecuador en menor grado de Jorge Alessandri, el austero expresidente chileno?
No hay duda de que Joaquín Balaguer supo remontar debilidades, culpabilidades, errores y circunstancias adversas para convertirse en un factor en las determinaciones electorales en República Dominicana, aun a pesar del surgimiento de nuevas personalidades, de nuevos liderazgos y de nuevas alternativas y todo esto sin ser un líder carismático, ni autoritario, aunque sí sumamente conservador y tradicionalista. Una interesante experiencia para la sociología política.
Cada país de la región a no dudarlo, puede hacer su aporte a una siempre incompleta lista de personajes relevantes, ya sea por su impacto positivo o negativo sobre la vida de sus sociedades. La política siempre ha reunido a santos y demonios, de acuerdo al particular punto de vista del analista.
En el caso que nos ocupa, Joaquín Balaguer está en un lugar muy especial en el ámbito político dominicano de los últimos cincuenta años, siendo una figura de referencia política en la región latinoamericana. Un hombre parco de pocas palabras y con una mentalidad muy Weberiana del populismo verbalista, demagógico y movilizador de los años "60 e inmerso en la vida política de un país insular de gente explosiva, muy poco tímida más bien expresiva y muy extrovertida, alegre y emotiva. ¿Cómo encaja Balaguer en dicho marco sociocultural? ¿cómo su personalidad se alinea junto a protagonistas de personalidades tan fuertes como Boyer, Heureaux, Báez, Duarte, Trujillo, Bosh, Camaño Deñó y José Francisco Peña Gómez? ¿Cómo explicar su vigencia política a los 94 años de edad al ser considerado por un amplio sector del electorado como una alternativa política en la conducción política del país?
Si asumimos que su experiencia como allegado a Rafael Leonidas Trujillo en sus 31 años de férrea dictadura debió generarle un saldo líquido de consecuencias políticas negativas en el postrujillismo, observamos una realidad inversa expresada "por seis elecciones presidenciales exitosas en que la figura de Balaguer se fue consolidando como un factor determinante en la vida política dominicana hasta el punto de que ya nonagenario, casi impedido físicamente, con ceguera casi absoluta y aquejado por todo tipo de disfunciones, un sector nada despreciable del electorado dominicano insistió en lanzar otra vez al ruedo político a este personaje tildado en 1998 por el Philadelphia Tribune como un defensor de la supremacía blanca en República Dominicana, lo cual pudo determinar que José Francisco Peña Gómez no llegara a la presidencia de su país.
De haber salido elegido en las recientes elecciones dominicanas ganadas por Hipólito Mejía, con toda seguridad Balaguer habría sumergido a la República Dominicana en un difícil proceso de gobernabilidad, suponiendo que su debilitada salud se hubiera mantenido por cuatro años más.
Sociológicamente todo es explicable a la luz de un buen juego de hipótesis de trabajo. Veamos por lo menos un par: En primer lugar es posible suponer que gran parte del pueblo dominicano supo perdonar a Balaguer su pasado trujillista a la luz de dos factores o variables explicativas. La primera surge del hecho de que durante su experiencia trujillista, Balaguer hizo justicia a la afirmación de Herring de que en efecto podía ser considerado el mejor hombre de la dictadura, en el sentido de sus rasgos positivos y a quien no se le imputaba culpabilidad directa en los excesos del régimen, algo así como un comodín que demostró eficiencia, corrección y seriedad en sus servicios al dictador sabiendo alejarse estratégicamente de los desmanes, las injusticias y las evidentes ofensas a la dignidad humana. El segundo factor no menos importante tiene que ver con el período postrujillista. Los acontecimientos previos, durante, y después de la crisis de diciembre de 1965 que envolvió al país en una cruenta sucesión de hechos que van desde el vacío de poder dejado por al asesinato de Trujillo, la dificultad de Juan Bosh de llenar dicho vacío, la dificultad de Balaguer de dirigir una transición eficiente como presidente al momento de la muerte del dictador. La persistencia de influyentes militares trujillistas en el aparato militar. El burdo manejo de la crisis de 1965 por parte de Washington, la explosión tardía de los dominicanos en 1965 como reacción a la desaparición de Trujillo en 1961, la total ingobernabilidad del país a raíz de la crisis y la ausencia de figuras capaces de generar credibilidad en los dominicanos.
Todo lo anterior se combinó para que una mayoría depositara su confianza en Balaguer el personaje conocido, que públicamente se había dado golpes de pecho declarando ante Naciones Unidas su mea culpa y denunciando ante el mundo los males del trujillismo. Esto y las deficiencias políticas de Juan Bosh crearon el escenario para que Joaquín Balaguer se alzara con el triunfo en las elecciones del1 de junio de 1966 con el 56% de los votos, emergiendo como una figura paradigmática en la vida política dominicana hasta la actualidad. La pregunta que resurge es la siguiente ¿por qué parte de la sociedad política dominicana desarrolló esta dependencia política con respecto a este personaje hasta estos extremos? ¿Hubiese sido este el caso de Arnulfo Arias Madrid en el caso de Panamá, o de José María Velasco Ibarra en el Ecuador en menor grado de Jorge Alessandri, el austero expresidente chileno?
No hay duda de que Joaquín Balaguer supo remontar debilidades, culpabilidades, errores y circunstancias adversas para convertirse en un factor en las determinaciones electorales en República Dominicana, aun a pesar del surgimiento de nuevas personalidades, de nuevos liderazgos y de nuevas alternativas y todo esto sin ser un líder carismático, ni autoritario, aunque sí sumamente conservador y tradicionalista. Una interesante experiencia para la sociología política.