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Balance político de 1998


El rechazo mayoritario del electorado a la reelección inmediata del presidente Pérez Balladares; las discordias intestinas entre los partidos de oposición para aglutinar una fórmula presidencial unitaria; y el estreno de las elecciones primarias con una secuela de divisionismo y manipulaciones, constituyen a rasgos generales los acontecimientos políticos generales del año que feneció.
Las cifras del referéndum corroboraron que los partidos de oposición, alineados en forma compacta contra el PRD, suman en teoría una mayoría casi invencible. Pero las mismas cifras revelan que si la oposición se fragmenta en bandos irreconciliables, el PRD puede sacar ventaja numérica con su tradicional tercio de votantes. Los observadores políticos no ocultan su perplejidad por la contradicción aparente entre la derrota de Pérez Balladares y el repunte de Martín Torrijos en las encuestas de popularidad, no obstante su pertenencia al partido de los derrotados. La política panameña desarrollada en 1998 podría prolongar a las elecciones de 1999 la serie de paradojas que convierten a los derrotados en vencedores y a los vencedores en derrotados.
Los últimos meses del año se caracterizaron, por otro lado, por el endurecimiento de posiciones entre el Presidente de la República y la sociedad civil. Contando con el hecho de que ya no tiene nada que perder en términos de popularidad, el mandatario se lanzó a misiones temerarias como el intento de privatizar el IDAAN, pese al rechazo popular; la violación de la autonomía universitaria, precedida de expresiones denigrantes sobre el estudiantado femenino. El país vivió momentos de agitación política que se prestaron a conjeturas pesimistas por el retorno de la represión policial como en los peores tiempos de la dictadura norieguista.
Pero si el gobierno a lo largo de 1998 reflejó su tendencia al autoritarismo unipersonal, la oposición se desgarró en fracturas internas que mostraron antes que disidencias ideológicas, rencillas nutridas de ambiciones de tinte individual. El colectivo político, pese a la continuidad de dos regímenes democráticos, luce todavía inmaduro, inestable, carente de la responsabilidad cívica que demandan los retos del porvenir inmediato. Por el contrario, el pueblo panameño comprobó que es superior a sus dirigentes políticos y que sabe organizarse en defensa de sus derechos y conquistas, ante el espectáculo de partidos carcomidos por divisionismos estériles.

101 años de Panamá América

 
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