Balbina Herrera y modelos político-económicos
Detractores, adversarios políticos y otros insisten en que Balbina Herrera establecerá un el modelo Comunista o Socialista en nuestro país; esto es algo totalmente alejado de la realidad.
El comunismo se refiere a una sociedad sin clases en que los medios de producción son de propiedad pública y en el que puede hacerse realidad la ética distributiva de cada uno según su capacidad y a cada uno según sus necesidades; para esto se necesita un cambio en las actitudes humanas, pasando del interés propio o egoísmo hacia unos intereses más amplios de la sociedad en su conjunto hacia la comunidad.
El socialismo sostiene que pueden dejarse algunos bienes productivos en manos privadas, puede que sea necesario recurrir en cierto grado a las fuerzas de mercado y tal vez sigan siendo necesarios algunos incentivos monetarios, con las desigualdades restantes en la distribución de la renta.
Ambos modelos económicos nacieron de una crisis en Inglaterra y Europa Occidental, durante la revolución Industrial.
Históricamente, Panamá se ha caracterizado por el ejercicio comercial dónde la mano invisible de Adam Smith ha estado presente, y no quiero decir que sea perfecto, pero de generación en generación se ha mantenido esta disposición colectiva de la sociedad panameña al comercio; después de la invasión se sigue aplicando dicho modelo con tendencia a la globalización sin interrupciones y con alternabilidad de poder. Panamá goza de un 8% de reducción en la pobreza, y el desempleo se ha reducido de un 4.7% a un 4.2% en el último año.
Señalar a Balbina Herrera como la representante de estos modelos, es una falacia; pues, en los estatutos del PRD se concibe un concepto social-demócrata, en ninguna parte se perfilan esas tendencias políticas.
Los casos de América Latina en este tema en los cuales se encuentran los presidentes Hugo Chávez, Refael Correa, Daniel Ortega, Evo Morales tienen algo en común, todos llegaron desde la oposición, por un descontento marcado en sus sociedades por la indiferencia de los políticos que, sirviéndose y segados por el poder, ignoraban las aspiraciones y deseos de sus electores; Balbina Herrera no ha perdido un solo segundo de su tiempo, ni milímetro de su capacidad y conocimiento para poder aportar, luchar y defender los intereses de quienes confían en ella estando en oposición o en gobierno.
Venir de sectores populares, educarse, hacer una carrera profesional y política exitosa son elementos que desde la vitrina pública generan aplausos, como también exponen los sentimientos más bajos del ser humano, la envidia y el odio son dos sentimientos que están unidos cuando se hace vida política.
Confío en que el nivel del debate político de los aspirantes al solio presidencial se eleve a propuestas y no a ataques ni propiciar temores sociales injustificados que distan mucho de lo que debemos proyectar como sociedad y como país, cuando nos llaman el Singapur de América Latina.