Bambalinas del referendum
INESPERADAMENTE, el referéndum sobre las nuevas esclusas canaleras, le ha planteado al país una situación muy importante, que no previeron los directores del Teatro. Cuando reformaron la Constitución, en el año 2004, para darle, antijurídicamente, a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) la "encomienda" de elaborar y poner en marcha la dotación de nuevas esclusas, jamás pensaron que esa medida introduciría un campanazo de conciencia en el proverbial desinterés nacional de la mayor parte de la población panameña.
Los Tratados de 1977 sobre la entrega del Canal a Panamá , veintitrés años más tarde (año 2000), sólo propiciaron una tibia reacción emanada de la minoría más consciente de nuestro país, lo que se reflejó en una poca sonora votación, cuando reinaban Omar y su séquito (PRD).
Treinta años más tarde, la recepción panameña del Canal (diciembre de 1999) no produjo ninguna bulla en la expectativa nacional, que estuvo muerta. Nadie se interesó a profundidad, conforme al significado de ese traspaso para toda la estructura nacional.
No hubo plan alguno, ni llamamiento de atención, para que se debatiera el destino que se daría al Canal, desde una dimensión general o colectiva.
Cuando se aprobó el Título constitucional sobre la vía acuática se perfeccionó el no me importa colectivo, de toda la sociedad panameña, en un problema cuya solución positiva le podría traer un inmenso bien, inclusive económico, y cuyo "no me importa" ciego pondría a Panamá en el camino del fracaso y de la repetición de su tragedia conocida durante todo el siglo XX.
El regreso del PRD al poder político a mediados del 2004, propició que la fracción gobernante optara por allanarse a lo que estaba haciendo y dejando de hacer la ACP, para que sacara las castañas del fuego, con "su" propuesta fatal de agregarle un nuevo juego de esclusas a la vía intermarina. Pero a rebote, la precipitud de los "aliados" en el poder por aprobar el referéndum que significa un costo real de doce mil millones de dólares (más o menos), despertó un tanto a la conciencia dormida del alma nacional y vino el inicio de una oposición a tal absurdo: un voto NO, como única medida lógica y salvadora. Ojalá que así sea. Mientras, el cubiliteo de la Asamblea, del Ejecutivo y del Tribunal Electoral trata de llevarnos a un hundimiento "histórico", imperdonable e irreparable. Ellos tienen el poder político real. Los demás sólo tenemos una opinión difícil que, ante la avalancha de una propaganda multimillonaria (la ACP y demás ricos), tratan ellos de que sea desviada y engañada al son de la mentira y del "tambor tintineante" (la plata).
La Ley sobre el Referéndum, aprobada con base en dos proyectos (uno detrás de otro, porque el primero era simplemente caótico y del segundo parcializado e incompleto). Y pocos días antes una "Propuesta de construcción" emanada de la ACP, dio la medida abierta de sus vacíos, de sus acomodos y de sus mentiras, al punto de que la primera aprobación adoptada por el Consejo de Gabinete, tuvo que ser reformada y reemplazada por otra medida que no hace más que continuar la fiesta.
Por último, el Tribunal Electoral, también ha tenido que reformar dos veces, y en algunos artículos tres veces, sus "Decretos reglamentarios", en los que saca sus orejas una "papeleta única", que en un solo texto pretende plantear dos derechos distintos (el SI y el NO), incluso dificultando el voto por medio de una señal preferente que el votante debe escribir en esa "papeleta única". He aquí la fuente del enredo, y tal vez hasta de un fraude.
La propaganda adinerada sigue en marcha, hasta el 22 de octubre, para pagar por un voto que será la enorme desgracia del pueblo panameño. Un rasgo de conciencia de parte de nuestro pueblo, casi como un milagro, salvará con el NO el futuro próximo y el futuro lejano de nuestra Patria. Nuestro voto será casi religioso: que la Patria se salve con el NO.
Señor Presidente: Los panameños conscientes le solicitamos que no piense en una reelección y que deje de mandar a sus secuaces a escribir más sobre el tema, creyendo que su pueblo lo aclama.
Le recomiendo que no juegue en terreno movedizo porque puede tragárselo y nadie podrá sacarlo. Los panameños somos unos latinos especiales; no queremos una reelección, sea suya o de otro de cualquier partido. Piense bien y que no lo ciegue el poder que no es eterno. Todos caen a la larga, aunque lo lleven bien.
(marisin@movistar.com.pa)
Los Tratados de 1977 sobre la entrega del Canal a Panamá , veintitrés años más tarde (año 2000), sólo propiciaron una tibia reacción emanada de la minoría más consciente de nuestro país, lo que se reflejó en una poca sonora votación, cuando reinaban Omar y su séquito (PRD).
Treinta años más tarde, la recepción panameña del Canal (diciembre de 1999) no produjo ninguna bulla en la expectativa nacional, que estuvo muerta. Nadie se interesó a profundidad, conforme al significado de ese traspaso para toda la estructura nacional.
No hubo plan alguno, ni llamamiento de atención, para que se debatiera el destino que se daría al Canal, desde una dimensión general o colectiva.
Cuando se aprobó el Título constitucional sobre la vía acuática se perfeccionó el no me importa colectivo, de toda la sociedad panameña, en un problema cuya solución positiva le podría traer un inmenso bien, inclusive económico, y cuyo "no me importa" ciego pondría a Panamá en el camino del fracaso y de la repetición de su tragedia conocida durante todo el siglo XX.
El regreso del PRD al poder político a mediados del 2004, propició que la fracción gobernante optara por allanarse a lo que estaba haciendo y dejando de hacer la ACP, para que sacara las castañas del fuego, con "su" propuesta fatal de agregarle un nuevo juego de esclusas a la vía intermarina. Pero a rebote, la precipitud de los "aliados" en el poder por aprobar el referéndum que significa un costo real de doce mil millones de dólares (más o menos), despertó un tanto a la conciencia dormida del alma nacional y vino el inicio de una oposición a tal absurdo: un voto NO, como única medida lógica y salvadora. Ojalá que así sea. Mientras, el cubiliteo de la Asamblea, del Ejecutivo y del Tribunal Electoral trata de llevarnos a un hundimiento "histórico", imperdonable e irreparable. Ellos tienen el poder político real. Los demás sólo tenemos una opinión difícil que, ante la avalancha de una propaganda multimillonaria (la ACP y demás ricos), tratan ellos de que sea desviada y engañada al son de la mentira y del "tambor tintineante" (la plata).
La Ley sobre el Referéndum, aprobada con base en dos proyectos (uno detrás de otro, porque el primero era simplemente caótico y del segundo parcializado e incompleto). Y pocos días antes una "Propuesta de construcción" emanada de la ACP, dio la medida abierta de sus vacíos, de sus acomodos y de sus mentiras, al punto de que la primera aprobación adoptada por el Consejo de Gabinete, tuvo que ser reformada y reemplazada por otra medida que no hace más que continuar la fiesta.
Por último, el Tribunal Electoral, también ha tenido que reformar dos veces, y en algunos artículos tres veces, sus "Decretos reglamentarios", en los que saca sus orejas una "papeleta única", que en un solo texto pretende plantear dos derechos distintos (el SI y el NO), incluso dificultando el voto por medio de una señal preferente que el votante debe escribir en esa "papeleta única". He aquí la fuente del enredo, y tal vez hasta de un fraude.
La propaganda adinerada sigue en marcha, hasta el 22 de octubre, para pagar por un voto que será la enorme desgracia del pueblo panameño. Un rasgo de conciencia de parte de nuestro pueblo, casi como un milagro, salvará con el NO el futuro próximo y el futuro lejano de nuestra Patria. Nuestro voto será casi religioso: que la Patria se salve con el NO.
Señor Presidente: Los panameños conscientes le solicitamos que no piense en una reelección y que deje de mandar a sus secuaces a escribir más sobre el tema, creyendo que su pueblo lo aclama.
Le recomiendo que no juegue en terreno movedizo porque puede tragárselo y nadie podrá sacarlo. Los panameños somos unos latinos especiales; no queremos una reelección, sea suya o de otro de cualquier partido. Piense bien y que no lo ciegue el poder que no es eterno. Todos caen a la larga, aunque lo lleven bien.
(marisin@movistar.com.pa)