Bancos panameños en el Canal, mala idea
A simple vista no parece, pero es mala idea. Diríamos que pésima. Nos referimos al propósito de un grupo de bancos panameños de reunir unos B/.500 millones para financiar parte de las obras de ampliación del Canal. Se ha sugerido incluso que participe también la Caja de Seguro Social, con sus reservas. Lo último debe descartarse de inmediato, porque tales reservas, en esencia, no existen más que en forma de papeles del Estado. Cada vez que se inflan un poco, se convierten en bonos del Gobierno a largo plazo, o lo que es lo mismo, pasar de un bolsillo a otro, porque el Estado es uno. Lo de los bancos requiere más explicación.
Restar B/.500 millones a las necesidades de crédito interno es un tamaño disparate, porque es precisamente el dinero que requerimos quienes vivimos en esta tierra para comprar autos, equipos industriales, construir o ampliar viviendas, comprar muebles y electrodomésticos, pagar nuestras tarjetas de crédito, proveer inventarios, etc. Sin crédito no podemos vivir. Invertir ese dinero en el Canal, por más breve que sea el plazo de la interinidad, provocaría una elevación imprudente del costo del crédito interno y más precisamente de los intereses. Caeríamos en manos de agiotistas.
La idea también es inconveniente para el Canal porque el grupo de bancos panameños no puede ofrecer dinero más barato que el de los grandes centros financieros del planeta, hartos de petrodólares y euros de muy bajo interés. Si hay algo que sobra hoy en el mundo es el dinero ocioso. Pero no en Panamá, que requiere capitales frescos del extranjero para financiar su crecimiento. Restar ese dinero de la economía para una sola obra, es imprudente.
Por otro lado, el Canal es un negocio lucrativo, no una entidad de beneficencia. Si los bancos panameños quieren participar en el financiamiento de la obra, deberían ofrecer intereses más bajos y condiciones más ventajosas que los grandes bancos extranjeros. Y eso, no es realista. Todos los bancos locales se proveen de fondos del exterior, que luego ofrecen aquí. Les es sencillamente imposible competir con sus propios prestamistas. No se les debe dar una cuota de financiamiento por el sólo hecho de ser panameños, si no son capaces de vencer en licitación a los foráneos.
Restar B/.500 millones a las necesidades de crédito interno es un tamaño disparate, porque es precisamente el dinero que requerimos quienes vivimos en esta tierra para comprar autos, equipos industriales, construir o ampliar viviendas, comprar muebles y electrodomésticos, pagar nuestras tarjetas de crédito, proveer inventarios, etc. Sin crédito no podemos vivir. Invertir ese dinero en el Canal, por más breve que sea el plazo de la interinidad, provocaría una elevación imprudente del costo del crédito interno y más precisamente de los intereses. Caeríamos en manos de agiotistas.
La idea también es inconveniente para el Canal porque el grupo de bancos panameños no puede ofrecer dinero más barato que el de los grandes centros financieros del planeta, hartos de petrodólares y euros de muy bajo interés. Si hay algo que sobra hoy en el mundo es el dinero ocioso. Pero no en Panamá, que requiere capitales frescos del extranjero para financiar su crecimiento. Restar ese dinero de la economía para una sola obra, es imprudente.
Por otro lado, el Canal es un negocio lucrativo, no una entidad de beneficencia. Si los bancos panameños quieren participar en el financiamiento de la obra, deberían ofrecer intereses más bajos y condiciones más ventajosas que los grandes bancos extranjeros. Y eso, no es realista. Todos los bancos locales se proveen de fondos del exterior, que luego ofrecen aquí. Les es sencillamente imposible competir con sus propios prestamistas. No se les debe dar una cuota de financiamiento por el sólo hecho de ser panameños, si no son capaces de vencer en licitación a los foráneos.