Barés: garantía de consolidación democrática
El ejercicio del periodismo por casi cuatro décadas, ajustado a estrictos parámetros éticos y a la verdad, nos ha permitido entrar en contacto con numerosas personas que, en su momento, ocuparon -u ocupan- posiciones destacadas en la estructura pública o privada. Tal es lo que ocurrió con Carlos Barés, a quien no conocemos personalmente, pero que, por su alta investidura oficial de ayer y de hoy, es fuente importante de noticias.
Preciso es dejar sentado, igualmente, que el actual Director de la Policía Nacional, en el pasado Jefe del Servicio de Protección Institucional (SPI), no necesita defensores oficiosos, puesto que es lo suficientemente capaz de hacerlo por sí mismo, además que únicamente es objeto de críticas ácidas e infundadas quien actúa, cometa o no equivocaciones de buena fe.
En consecuencia, se cumple en la persona de Carlos Barés y en razón de las funciones que ejerce, el adagio que expresa que "nadie le tira piedras a un árbol sin frutos".
Seguros estamos que, a pesar de su silencio cortés, le responde a sus detractores gratuitos con el verbo siempre vigente de Don Miguel De Cervantes Saavedra: "Ladran, Sancho, señal que cabalgamos".
En base a esos antecedentes concretos, expresamos categóricamente que el actual Director de la Policía Nacional, cuando ocupaba la jefatura del SPI, durante la Administración del ex Presidente Guillermo Endara Galimany (1989-1994), estableció la política de puertas abiertas para los comunicadores sociales y pleno acceso a la información, eso sí, debidamente coordinadas con la Secretaría de Prensa, respetuoso cada quien de su área de competencia.
Esa práctica normal y sana en despachos que conocen el papel que desempeñan los periodistas en una sociedad democrática, lo mismo que el derecho ciudadano a recibir oportunamente informaciones sobre la marcha del engranaje oficial, no sólo permitió el desarrollo saludable de esos sagrados principios, sino el fortalecimiento de la recién recuperada democracia, después de años de oscurantismo en el país.
Quien no lo ve o no lo capta así, o vive en otro planeta o es el más ciego, por conveniencia, de los mortales.
Estos son, precisamente los que hoy, como ayer, atacan sin razón a Carlos Barés, ignorando las virtudes que posee y su trayectoria cívico-democrática.
Y es que los que maliciosamente le lanzan piedras, defienden particulares intereses sectarios, ignorando que tienen techo de vidrio y que ésa insana costumbre entronizada en la República, además que se convierte en bumerang que les golpea el rostro, propicia condiciones para debilitar nuestra democracia, lo que jamás lograrán, mientras existan hombres de la jerarquía moral del actual Director de la Policía Nacional.
Reiteramos que Carlos Barés no es amigo nuestro, pero sí cumplimos el deber insoslayable de exaltar los méritos de quien los posea en esa sociedad nuestra de hoy, inclinada no sólo a desconocerlos, sino a destruirlos, lo que ha provocado la peor crisis de valores de toda la historia republicana.
Resultados al canto. Allí están estadísticas pavorosas de los más espantosos delitos que se cometen diariamente en Panamá, mientras los detractores de Barés lo critican si actúa o no en materia de seguridad del Estado Nacional y de la propia ciudadanía. Como quien dice "palo porque bogas y palo porque no bogas", aunque "muera Sansón con todos los filisteos".
Con esa mentalidad liliputiense y evidentemente mediatizada de quienes atacan injustamente al Director de la Policía Nacional, asignándole epítetos ofensivos y propiedades de dudosa procedencia, además que falsean abiertamente la verdad, les hacen el juego a los enemigos del país, cuyo gobierno lucha a brazo partido para lograr su reactivación económica.
Como periodista, estoy seguro que Carlos Barés, desde su alta investidura oficial, seguirá generando noticias positivas en su área de competencia privativa, desoyendo falacias rumores y mentiras, ya que tiene como meta el fortalecimiento de la democracia y la seguridad de todos los panameños y sobre todo, plenamente consciente del rol que le ha tocado, de aportar luces y esfuerzos para construir un país más libre, justo y moderno.
Preciso es dejar sentado, igualmente, que el actual Director de la Policía Nacional, en el pasado Jefe del Servicio de Protección Institucional (SPI), no necesita defensores oficiosos, puesto que es lo suficientemente capaz de hacerlo por sí mismo, además que únicamente es objeto de críticas ácidas e infundadas quien actúa, cometa o no equivocaciones de buena fe.
En consecuencia, se cumple en la persona de Carlos Barés y en razón de las funciones que ejerce, el adagio que expresa que "nadie le tira piedras a un árbol sin frutos".
Seguros estamos que, a pesar de su silencio cortés, le responde a sus detractores gratuitos con el verbo siempre vigente de Don Miguel De Cervantes Saavedra: "Ladran, Sancho, señal que cabalgamos".
En base a esos antecedentes concretos, expresamos categóricamente que el actual Director de la Policía Nacional, cuando ocupaba la jefatura del SPI, durante la Administración del ex Presidente Guillermo Endara Galimany (1989-1994), estableció la política de puertas abiertas para los comunicadores sociales y pleno acceso a la información, eso sí, debidamente coordinadas con la Secretaría de Prensa, respetuoso cada quien de su área de competencia.
Esa práctica normal y sana en despachos que conocen el papel que desempeñan los periodistas en una sociedad democrática, lo mismo que el derecho ciudadano a recibir oportunamente informaciones sobre la marcha del engranaje oficial, no sólo permitió el desarrollo saludable de esos sagrados principios, sino el fortalecimiento de la recién recuperada democracia, después de años de oscurantismo en el país.
Quien no lo ve o no lo capta así, o vive en otro planeta o es el más ciego, por conveniencia, de los mortales.
Estos son, precisamente los que hoy, como ayer, atacan sin razón a Carlos Barés, ignorando las virtudes que posee y su trayectoria cívico-democrática.
Y es que los que maliciosamente le lanzan piedras, defienden particulares intereses sectarios, ignorando que tienen techo de vidrio y que ésa insana costumbre entronizada en la República, además que se convierte en bumerang que les golpea el rostro, propicia condiciones para debilitar nuestra democracia, lo que jamás lograrán, mientras existan hombres de la jerarquía moral del actual Director de la Policía Nacional.
Reiteramos que Carlos Barés no es amigo nuestro, pero sí cumplimos el deber insoslayable de exaltar los méritos de quien los posea en esa sociedad nuestra de hoy, inclinada no sólo a desconocerlos, sino a destruirlos, lo que ha provocado la peor crisis de valores de toda la historia republicana.
Resultados al canto. Allí están estadísticas pavorosas de los más espantosos delitos que se cometen diariamente en Panamá, mientras los detractores de Barés lo critican si actúa o no en materia de seguridad del Estado Nacional y de la propia ciudadanía. Como quien dice "palo porque bogas y palo porque no bogas", aunque "muera Sansón con todos los filisteos".
Con esa mentalidad liliputiense y evidentemente mediatizada de quienes atacan injustamente al Director de la Policía Nacional, asignándole epítetos ofensivos y propiedades de dudosa procedencia, además que falsean abiertamente la verdad, les hacen el juego a los enemigos del país, cuyo gobierno lucha a brazo partido para lograr su reactivación económica.
Como periodista, estoy seguro que Carlos Barés, desde su alta investidura oficial, seguirá generando noticias positivas en su área de competencia privativa, desoyendo falacias rumores y mentiras, ya que tiene como meta el fortalecimiento de la democracia y la seguridad de todos los panameños y sobre todo, plenamente consciente del rol que le ha tocado, de aportar luces y esfuerzos para construir un país más libre, justo y moderno.