Barriendo la corrupción
El deber de los medios de comunicación social es el de informar a la sociedad de su acontecer. En cuanto a los poderosos, los medios además cumplimos una función de fiscalización a fin de evitar el abuso de poder, la incompetencia, la necedad, la corrupción y el despilfarro. Comprendemos que realizar esta labor produce a su vez la acumulación de poder en nuestras manos y por eso lo tratamos de ejercer con prudencia y responsabilidad. En esta tarea no hay cabida para las consideraciones personales de amiguismo o enemistad, sólo privan los principios y la objetividad. Es nuestro deber informar, recriminar y también reconocer las actuaciones según su talante.
Por lo anterior, nos encontramos a menudo con que los poderosos que son objeto de nuestra fiscalización, reaccionan a nuestras publicaciones como si fueran ataques personales. Muchos llegan a confundir la institución que encabezan con su propia persona y asumen las críticas institucionales como si fueran personales. No lo ha hecho así el profesor Juan Bosco Bernal, ministro de Educación, quien al entrar en conocimiento de nuestra investigación periodística sobre el tráfico de diplomas en su ministerio, procedió a emprender una serie de medidas correctivas que han incluido la denuncia penal. Pero, a diferencia de cierto magistrado, el Sr. Ministro no ha denunciado penalmente al Panamá América y sus periodistas, sino a los funcionarios que cometieron los actos cuestionados.
Si los funcionarios en general, y los que pertenecen a la actual administración en particular, comprendieran que la promesa de "Cero tolerancia a la corrupción" será la principal vara con la que serán medidos, al menos en este quinquenio, tal vez aprovecharían estas coyunturas para hacer profundas limpiezas en sus instituciones en lugar de tratar de defender lo indefendible. Nadie puede cuestionar a un ministro o un director por los actos de corrupción que cometa un subalterno a sus espaldas, lo que sí será analizado es su reacción a la información. Si el funcionario se hizo de la vista gorda, o peor aun, creó las condiciones para que floreciera la corrupción o si no reacciona como lo ha hecho el ministro Bernal, entonces sí caerá sobre su cabeza la responsabilidad del entuerto. Nosotros le ofrecemos una escoba. La puede usar para tratar de golpearnos con el mango o puede enderezarla y empezar a barrer la corrupción de su entidad; si lo hace, será aplaudido, si no, también será barrido con el resto de la basura.
Por lo anterior, nos encontramos a menudo con que los poderosos que son objeto de nuestra fiscalización, reaccionan a nuestras publicaciones como si fueran ataques personales. Muchos llegan a confundir la institución que encabezan con su propia persona y asumen las críticas institucionales como si fueran personales. No lo ha hecho así el profesor Juan Bosco Bernal, ministro de Educación, quien al entrar en conocimiento de nuestra investigación periodística sobre el tráfico de diplomas en su ministerio, procedió a emprender una serie de medidas correctivas que han incluido la denuncia penal. Pero, a diferencia de cierto magistrado, el Sr. Ministro no ha denunciado penalmente al Panamá América y sus periodistas, sino a los funcionarios que cometieron los actos cuestionados.
Si los funcionarios en general, y los que pertenecen a la actual administración en particular, comprendieran que la promesa de "Cero tolerancia a la corrupción" será la principal vara con la que serán medidos, al menos en este quinquenio, tal vez aprovecharían estas coyunturas para hacer profundas limpiezas en sus instituciones en lugar de tratar de defender lo indefendible. Nadie puede cuestionar a un ministro o un director por los actos de corrupción que cometa un subalterno a sus espaldas, lo que sí será analizado es su reacción a la información. Si el funcionario se hizo de la vista gorda, o peor aun, creó las condiciones para que floreciera la corrupción o si no reacciona como lo ha hecho el ministro Bernal, entonces sí caerá sobre su cabeza la responsabilidad del entuerto. Nosotros le ofrecemos una escoba. La puede usar para tratar de golpearnos con el mango o puede enderezarla y empezar a barrer la corrupción de su entidad; si lo hace, será aplaudido, si no, también será barrido con el resto de la basura.