Basta de odas a la violencia
Ha muerto un artista de reggae que se le conocía por las “líricas” violentas de sus canciones, las cuales también predicaban el odio, la venganza y el uso de drogas.
Da pena observar cómo muchos jóvenes desperdician su vida y desaprovechan el talento natural que poseen, que podría significarle éxito y dinero, en la producción de unas odas que son culto a la violencia sin razón, inspiradoras de odio, incitadoras a la violencia y al consumo de drogas; que son descripciones crudas de las vivencias plasmadas en las canciones compuestas y cantadas por los artistas.
Esas canciones de letra pegajosa tienen gran influencia entre los jóvenes panameños, quienes se identifican con situaciones de barrio, disputas de zaguán, rivalidad de bandas; son enervadoras de los sentidos, al punto que asocian la letra con situaciones propias y pretenden darle soluciones a su problemas.
Gran responsabilidad en la espiral de violencia en el país tienen los medios de comunicación, emisoras y DJ's en la promoción y difusión de esos mensajes violentos y vulgares que en nada contribuyen a la superación de nuestra juventud humilde, la cual llena su alma de taras y traumas que no son propios y pueden incidir negativamente en el rumbo que toman sus vidas.
La autoría de estas odas a la violencia debe ser penada y su difusión también. Basta de alcahuetería de las autoridades que permiten el abuso de legalismos que esgrimen los que lucran con la miseria y el circo de los pobres, dizque en defensa de libertad de expresión. Está comprobado que las letras enervantes inciden en la conducta de las mentes confusas, débiles, en problemas o conflictivas, sobre todo, porque las mismas son entendidas por los jóvenes de barrio.
En el caso de las canciones en inglés, que nos abruman con los mismos tipos de tema, no tienen el mismo impacto, ni importan tanto, porque muchas personas no entienden la letra ni el mensaje y se dejan llevar sólo por la cadencia.
Cada lugar público en que se toque o se canten esas canciones, debe ser multado repetitivamente cuantas veces lo hagan; así tendrán el derecho a contaminar los sentidos de los jóvenes, ¡pero pagarán por ello!