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¡Basta ya!


Primero fueron los que murieron calcinados en un bus. No dije nada porque no era usuario del transporte colectivo. Después murieron cientos de envenenados y no dije nada, pues no usaba los servicios de la CSS. Luego en protestas en isla Viveros, murió uno, y no dije nada, porque no era obrero. Luego reprimieron a las víctimas de envenenamiento y no dije nada, pues no era uno de los afectados. Después se metieron con los obreros en Chilibre y murió otro, pero no dije nada. Y cuando las imágenes de un obrero asesinado por la espalda en Colón fueron expuestas por los medios, llegó la hora de decir: ¡Basta ya! No podemos guardar silencio. En un país donde la idiosincrasia de sus habitantes se caracteriza por la convivencia pacífica, donde no hay movimientos subversivos que sean amenaza para la ciudadanía ni para la estabilidad interna del Estado, es inaceptable  la brutal agresión de miembros de Policía contra civiles desarmados.

No hay razón que pueda explicar la acción de un policía pateando  a un ciudadano indefenso; no hay investigación que justifique que un policía apunte con su arma de reglamento a un ciudadano reducido a golpes. Ni imaginemos que esa reacción sea por el color de la piel de los protestante, sería aberrante.

Por el sosiego nacional, no permitamos que las imágenes de los días más oscuros de la dictadura militar retornen del pasado. La sociedad espera correctivos en la institución llamada a salvaguarda honra, integridad y bienes de los ciudadanos. Una institución es el reflejo de quienes la dirigen.

101 años de Panamá América

 
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