Basura y Hantavirus
Todo el país se solidariza con la población azuerense, no porque se acaba de decretar la cancelación de sus majestuosos y alegres carnavales, sino porque el Hantavirus detectado puede causar muertes adicionales a las ocurridas. La vida de un solo ser humano vale mucho más que las sumas que se han gastado organizando las fiestas de Dios Momo. No hay vuelta que darle, el Hantavirus es un aviso del Dios Topoderoso.
Quizás con imaginación se podrían traer todos los suntuosos carros alegóricos de Las Tablas a la capital o a cualquier otra ciudad que no esté en el centro de peligro. Me parece que la empresa privada y el gobierno podrían dar su aporte. Estoy seguro que el sentido de responsabilidad de toda la ciudadanía, particularmente la azuerense, nos hará afrontar y solucionar el peligro del Hantavirus.
Esta tragedia me ha recordado la urgente necesidad que tiene la nación entera de afrontar decisivamente el problema de la recolección de basura en todas partes. No soslayo la responsabilidad que le compete a nuestros políticos. Sin embargo, el problema de la basura es uno en donde cada ciudadano tiene mucho que aportar. Desde chico oía decir a mi abuela -oriunda de Río de Jesús y analfabeta, porque quedó huérfana a muy tierna edad- que no ensuciar también era limpiar. Estoy hablando de hacen más de 60 años. Recientemente este fue el lema de una campaña de limpieza organizada por uno de los entes cívicos nacionales.
La misma responsabilidad, determinación, fuerza de voluntad, que desplegarán los azuerenses debe ser emulada por el resto de los panameños. Con demasiada frecuencia vemos a personas tirando basura no entre la maleza, digamos, sino en el medio de una autopista nuevecita. También las hay que escupen prácticamente a los pies de cualquier hijo de vecino que esté cerca. Así como criticamos y exigimos, igualmente debemos estar dispuestos a colaborar en la ingente labor de limpieza que necesitamos en todas las regiones del país principalmente, aunque parezca mentira, en la orbe capitalina.
El tema de la basura es importantísimo. Así como los carnavales de Azuero son una atracción del turismo exterior, igual se puede decir de la limpieza de nuestras calles y avenidas. El turismo que queremos atraer, principalmente a través de proyectos en las áreas aledañas al canal, no va a venir, por lo menos al nivel deseado o esperado, si no hacemos un esfuerzo sobrehumano por corregir los malos hábitos de disposición de los desperdicios.
Los políticos, de todas las tendencias, también deben aportar con acciones, que no sermones, para que cambiemos nuestra actitud hacia la basura. Un ejemplo muy gráfico es el asqueroso estado del paso elevado de San Miguelito. Nuestros políticos, convertidos en funcionarios públicos, ni se inmutan en limpiar este paso vehicular tan ofensivo a la vista de todos.
Y qué no decir de la suciedad de las alcantarillas que son causantes de las inundaciones en distintos sectores de la ciudad capital. Un distinguido intelectual me ha enseñado que es importante repetir y así hago: Los dineros derrochados en reeleccionismo, Punta Barco y Mala, y altísimos salarios de "altos" funcionarios, para citar unos pocos ejemplos, bien pudieron invertirse en obras que necesita con urgencia el país, su gente, en especial los más humildes. Hoy vemos una supuesta "tercera fuerza" -que alega que va a ser diferente a los perredistas y los arnulfistas- repartiéndose asesorías en la Asamblea Legislativa principalmente entre sus seudodirigentes. Nadie los ha oído decir que informarán a la ciudadanía la piñata, perdón, la lista de todos estos puestos. El pueblo tiene el derecho a sospechar de que se trata de salarios injustificables o de sinecuras (por no decir botellas).
Ojalá que el mensaje que nos envía el Supremo Creador en Azuero nos lleve a cavilar acerca de la enorme responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos. Así como en Azuero, estamos todos los días arriesgando la salud y la vida de los panameños. ¿O no?
Quizás con imaginación se podrían traer todos los suntuosos carros alegóricos de Las Tablas a la capital o a cualquier otra ciudad que no esté en el centro de peligro. Me parece que la empresa privada y el gobierno podrían dar su aporte. Estoy seguro que el sentido de responsabilidad de toda la ciudadanía, particularmente la azuerense, nos hará afrontar y solucionar el peligro del Hantavirus.
Esta tragedia me ha recordado la urgente necesidad que tiene la nación entera de afrontar decisivamente el problema de la recolección de basura en todas partes. No soslayo la responsabilidad que le compete a nuestros políticos. Sin embargo, el problema de la basura es uno en donde cada ciudadano tiene mucho que aportar. Desde chico oía decir a mi abuela -oriunda de Río de Jesús y analfabeta, porque quedó huérfana a muy tierna edad- que no ensuciar también era limpiar. Estoy hablando de hacen más de 60 años. Recientemente este fue el lema de una campaña de limpieza organizada por uno de los entes cívicos nacionales.
La misma responsabilidad, determinación, fuerza de voluntad, que desplegarán los azuerenses debe ser emulada por el resto de los panameños. Con demasiada frecuencia vemos a personas tirando basura no entre la maleza, digamos, sino en el medio de una autopista nuevecita. También las hay que escupen prácticamente a los pies de cualquier hijo de vecino que esté cerca. Así como criticamos y exigimos, igualmente debemos estar dispuestos a colaborar en la ingente labor de limpieza que necesitamos en todas las regiones del país principalmente, aunque parezca mentira, en la orbe capitalina.
El tema de la basura es importantísimo. Así como los carnavales de Azuero son una atracción del turismo exterior, igual se puede decir de la limpieza de nuestras calles y avenidas. El turismo que queremos atraer, principalmente a través de proyectos en las áreas aledañas al canal, no va a venir, por lo menos al nivel deseado o esperado, si no hacemos un esfuerzo sobrehumano por corregir los malos hábitos de disposición de los desperdicios.
Los políticos, de todas las tendencias, también deben aportar con acciones, que no sermones, para que cambiemos nuestra actitud hacia la basura. Un ejemplo muy gráfico es el asqueroso estado del paso elevado de San Miguelito. Nuestros políticos, convertidos en funcionarios públicos, ni se inmutan en limpiar este paso vehicular tan ofensivo a la vista de todos.
Y qué no decir de la suciedad de las alcantarillas que son causantes de las inundaciones en distintos sectores de la ciudad capital. Un distinguido intelectual me ha enseñado que es importante repetir y así hago: Los dineros derrochados en reeleccionismo, Punta Barco y Mala, y altísimos salarios de "altos" funcionarios, para citar unos pocos ejemplos, bien pudieron invertirse en obras que necesita con urgencia el país, su gente, en especial los más humildes. Hoy vemos una supuesta "tercera fuerza" -que alega que va a ser diferente a los perredistas y los arnulfistas- repartiéndose asesorías en la Asamblea Legislativa principalmente entre sus seudodirigentes. Nadie los ha oído decir que informarán a la ciudadanía la piñata, perdón, la lista de todos estos puestos. El pueblo tiene el derecho a sospechar de que se trata de salarios injustificables o de sinecuras (por no decir botellas).
Ojalá que el mensaje que nos envía el Supremo Creador en Azuero nos lleve a cavilar acerca de la enorme responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos. Así como en Azuero, estamos todos los días arriesgando la salud y la vida de los panameños. ¿O no?