Bellaquerías de la OCDE
Con buen tino, la Cancillería panameña ha protestado ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a los países más desarrollados, por el trato discriminatorio que, para ciertas naciones bajo su jurisdicción, representa el hecho de que se pretenda dispensar a Bélgica, Luxemburgo y Austria de la obligación de cooperar en materia de intercambio de información tributaria al que está obligado el resto.
Panamá suscribió con la OCDE el 15 de abril de 2002 un compromiso de cooperar en dicho intercambio, que afecta sobre todo a sus bancos, lo cual hizo a condición de que se diera en términos "equitativos y no discriminatorios", contra lo cual conspira precisamente el trato especial que se pretende dar a los tres países mencionados.
Se recordará que este diario se expresó en términos duros contra el compromiso de intercambio de información tributaria porque, entre otras cosas, implicaba ceder a potencias extranjeras la decisión soberana de cobrar impuestos conforme al sistema de territorialidad de la fuente que nos rige, y no hacer por tanto el papel de cobradores de tributos para terceros países respecto a aquellos de sus ciudadanos que nos benefician depositando su dineros en nuestro centro bancario.
En cierta medida, nos negábamos a desconocer a ciudadanos extranjeros el mismo beneficio de confidencialidad de sus cuentas que nuestra Constitución reconoce a los panameños, en circunstancia en que ésta prescribe que todos somos iguales ante la ley y que no hay fueros ni privilegios. Además, sobre qué base, debíamos hacer pagar en su país a un depositante extranjero aquí por lo que un depositante nacional panameño no paga.
En el fondo, apuntábamos que lo que persigue el cartel de la OCDE es destruir los centros bancarios de los países de bajos impuestos, a donde sus ciudadanos corren a refugiarse de la tiranía de los tributos abusivos de sus países de origen, eliminando de ese modo la competencia entre sistemas tributarios para hacer prevalecer uno solo, el de ellos.
La reserva panameña, sin embargo, de condicionar su cooperación a que no hubiera trato discriminatorio, fue buena. Los resultados ulteriores, en una de cal y dos de arena, han sido la exclusión momentánea de Panamá de la lista negra de países no cooperadores; pero su permanencia en la lista particular de algunas naciones que cobran recargos a operaciones de bancos panameños, además de algunos ensayos discriminatorios como el que hoy nos ocupa.
Lo que no entendemos para nada es la insistencia suicida de la Cancillería en "reiterar el interés y compromiso por participar de manera unilateral en la iniciativa sobre transparencia e intercambio de información tributaria impulsada por la OCDE", porque es en el multilateralismo y no en la tontería del unilateralismo donde podemos defender mejor nuestros intereses nacionales.
Panamá suscribió con la OCDE el 15 de abril de 2002 un compromiso de cooperar en dicho intercambio, que afecta sobre todo a sus bancos, lo cual hizo a condición de que se diera en términos "equitativos y no discriminatorios", contra lo cual conspira precisamente el trato especial que se pretende dar a los tres países mencionados.
Se recordará que este diario se expresó en términos duros contra el compromiso de intercambio de información tributaria porque, entre otras cosas, implicaba ceder a potencias extranjeras la decisión soberana de cobrar impuestos conforme al sistema de territorialidad de la fuente que nos rige, y no hacer por tanto el papel de cobradores de tributos para terceros países respecto a aquellos de sus ciudadanos que nos benefician depositando su dineros en nuestro centro bancario.
En cierta medida, nos negábamos a desconocer a ciudadanos extranjeros el mismo beneficio de confidencialidad de sus cuentas que nuestra Constitución reconoce a los panameños, en circunstancia en que ésta prescribe que todos somos iguales ante la ley y que no hay fueros ni privilegios. Además, sobre qué base, debíamos hacer pagar en su país a un depositante extranjero aquí por lo que un depositante nacional panameño no paga.
En el fondo, apuntábamos que lo que persigue el cartel de la OCDE es destruir los centros bancarios de los países de bajos impuestos, a donde sus ciudadanos corren a refugiarse de la tiranía de los tributos abusivos de sus países de origen, eliminando de ese modo la competencia entre sistemas tributarios para hacer prevalecer uno solo, el de ellos.
La reserva panameña, sin embargo, de condicionar su cooperación a que no hubiera trato discriminatorio, fue buena. Los resultados ulteriores, en una de cal y dos de arena, han sido la exclusión momentánea de Panamá de la lista negra de países no cooperadores; pero su permanencia en la lista particular de algunas naciones que cobran recargos a operaciones de bancos panameños, además de algunos ensayos discriminatorios como el que hoy nos ocupa.
Lo que no entendemos para nada es la insistencia suicida de la Cancillería en "reiterar el interés y compromiso por participar de manera unilateral en la iniciativa sobre transparencia e intercambio de información tributaria impulsada por la OCDE", porque es en el multilateralismo y no en la tontería del unilateralismo donde podemos defender mejor nuestros intereses nacionales.