Benedicto XVI
Acontecimiento noticioso es la visita del Sumo Pontífice a EE.UU. Medios escritos norteamericanos con antelación presentaron varias monografías donde, a su manera de ver, expresan impresiones supuestamente objetivas, y en algunos casos sesgadas, sobre la memorable visita. Para nosotros es motivo de gozo el ver que se le dispense todo lo mejor de los tratamientos al jefe de la Iglesia Católica, ya que viene a ser la visita de la máxima autoridad de nuestra religión que va a darles una voz de ánimo a esa comunidad enfrentada a tantos retos y crisis algunas, según creemos, superadas.
El octogésimo primer aniversario del Sumo Pontífice fue celebrado en ese país con fanfarria no acostumbrada, pero muy excepcional, como gesto de las autoridades no católicas norteamericanas, y eso podemos llamarlo un gesto elegante.
El Papa, fuera de pedir perdón y declarar que comunitariamente se siente avergonzado por los casos sonados de pedofilia, ha condenado esos hechos y prometido que no va a suceder más, Dios quiera, aun cuando siento que para los enemigos mediáticos de la Iglesia, ése va a ser siempre el punto de recurrencia cuando se hable de la Iglesia Católica, pues en gran parte pareciera que, aunque sucedieron los hechos, la magnificación publicitaria ha hecho ver que los casos eran algo común en nuestras filas y que, por supuesto, ha representado grandes erogaciones y quiebras económicas de muchos sectores de la Iglesia norteamericana.
"American Pope" (Papa norteamericano) lo han llamado, porque con este viaje, visita por sexta vez este país por el que de distintas maneras ha expresado su admiración y fascinación. Mantiene una opinión de una Norteamérica que a ellos mismos desconcierta: una sociedad esencialmente piadosa optimista y diversa en la cual las creencias y el diálogo sobre temas sociales está basado en la fe heredada de los fundadores del país de separar la iglesia y el Estado. Pareciera ver en EE.UU una versión idealizada cívica y una inspiración para su nativa Europa, cuya inmigración musulmana hace la pregunta sobre la coexistencia de lo político y lo religioso.
La admiración del Papa por EE.UU. tiene raíces profundas. Desde los 18 años estuvo en un campo de prisioneros de guerra de donde le fue permitido volver a su casa y ser testigo de un hecho proverbial: La reconstrucción de Alemania de la pos guerra. Eso lo recuerda agradecido. Sus reflexiones y consideraciones han recibido un caluroso recibimiento.