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Benemérito Cuerpo de Bomberos




Arquitecta y ex ministra

El pasado 5 de mayo publiqué un artículo en El Universal, coincidiendo con la conmemoración del Día del Polvorín, en homenaje al Cuerpo de Bomberos de Panamá, institución por la que siento especial cariño y que recientemente ha estado en las primeras planas, al nombrar de Comandante a la señora Presidenta. En el breve tiempo que fungí como Ministra de Gobierno y Justicia, pude percatarme que esa entidad, a más de cien años de fundada, se rige por una legislación que los mantiene en una especie de limbo jurídico, y que a pesar de que el Estado incurre en varios millones de balboas de gastos anuales para pagar los salarios de su personal permanente, de las oficinas de seguridad y el personal administrativo, que es cada vez más numeroso, sufre de un problema estructural en sus mandos, por la separación de sus comandantes en el año 1990, en virtud de una investigación de la Dirección de Responsabilidad Patrimonial (DRP) de la Contraloría General de la República.
Como si esto fuera poco, existen otros cuerpos y compañías, muchas de ellas independientes, pero todas bajo el manto de un organismo llamado pomposamente "Consejo de Directores de Zonas Bomberiles de la República de Panamá". También está vigente un impuesto del 5%, que se refleja en el cobro que le hace el Estado a cada ciudadano que compra una póliza de seguro contra incendio, a fin de dotar de equipo a las instituciones que combaten los siniestros. Cómo se maneja este fondo, es muy interesante: Lo maneja una comisión integrada por un representante del Consejo de Directores, un representante de la Contraloría General de la República y un representante de las empresas aseguradoras. Nuestros bomberos tienen la costumbre de hacer miembros honorarios a funcionarios que tienen que ver directamente con el manejo de este fondo que, siendo un impuesto nacional, es otra inyección de dinero recaudado por el Estado para proteger a toda la sociedad contra el flagelo, que es el fuego. Lo interesante del caso es que los integrantes de este consejo, quienes son los que "aconsejan" (como bien lo dice su nombre) le dicen a los que desconocen cómo se apaga un incendio (los representantes de la Contraloría y las aseguradoras, por ejemplo, aunque puede coincidir que alguno de ellos sea bombero voluntario) lo que tienen que aconsejar. Los miembros del consejo han reglamentado la ley en tal forma que son los únicos funcionarios a perpetuidad de nuestro país. En otras palabras, ellos no tienen edad de retiro de sus cargos. Sólo los pueden retirar sus propios colegas miembros del consejo. La ley habla de que la Junta de Oficiales de cada entidad nombra al comandante, pero los señores directores reglamentaron, en lo que llaman "una ley de comandantes para comandantes" la mencionada legislación. Además, entre los jefes y el representante de las compañías aseguradoras, hay quienes suministran equipos, por medio de empresas manejadas por sus hijos, cuyas especificaciones han sido redactadas por ellos mismos.
Al asumir el cargo encontré y me empeñé en mejorar un anteproyecto de ley con el que se pretendía poner las cosas en orden. Entre otras cosas, se establecía que en aquellas instituciones bomberiles, donde una persona había ejercido alguna de las tres jefaturas durante más de tres años, se le daba un plazo de seis meses para llamar a elecciones de su sucesor; en aquellos casos en que los jefes hubieran ejercido por menos de un año, se le daba un plazo de un año para llamar a elecciones, con derecho a postularse para el cargo. En todos los casos, ningún jefe podría ejercer el cargo por más de un período de cuatro años con derecho a una reelección inmediata por parte de los oficiales de su propia institución. Se creaba, igualmente, una subdirección en el Ministerio para controlar al Consejo que, hoy en día, se ha convertido en un patrimonio personal (digámosle feudo) de quienes lo jefaturan. En fin, se ponía orden en este asunto.
Hoy veo con tristeza cómo el Cuerpo de Bomberos de Panamá continúa intervenido por el Consejo de Directores, quienes restituyeron en su cargo al segundo jefe, que había sido separado por la investigación de la DRP y luego declarado inocente de todos los cargos y acusaciones, en unos episodios que fueron públicos, que nadie entendió, pero que tampoco nadie investigó. La Junta de Oficiales, máximo organismo de la institución, fuerza a su vez al Consejo de Directores, una vez removido el restituido comandante por un día, gracias a las presiones de los oficiales y demás personal de la institución --en votación secreta- a elegir a un legítimo comandante primer jefe, a pesar de lo cual, el Consejo continúa interviniendo en las decisiones de la institución, con la clara intención de mantener su hegemonía.
Es importante que el Consejo de Directores saque sus manos del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá. Quiero hacerle llegar al señor comandante Mojica, el mensaje de que saque a los mercaderes del templo. No puedo pedirle al ministro Spadafora que revise el anteproyecto de ley que le dejé listo, mucho menos que lo impulse, ya que siendo él bombero, para lo único que ha servido a la institución ha sido para nombrar a su jefa de Comandante. A los señores legisladores, les sugiero que miren con gran cuidado este tema y hagan lo propio para recuperar la estima y amor que todos sentimos por esta institución.

101 años de Panamá América

 
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