'bfHacia dónde vamos?
EL RITMO DE los acontecimientos acaecidos en nuestro país durante las últimas semanas no deja lugar a dudas de lo enferma que se encuentra nuestra sociedad. Una vez más, "las cosas están tan mal que parece que están bien". Los valores, los principios y las verdades están cada vez más escasos y despreciados en el mercado nacional, y los ciudadanos nos sentimos cada día más con menos control sobre la sociedad y sobre los rectores de los poderes públicos.
Debatir o dialogar sobre la situación nacional, lograr realizar un inventario de realidades, formularnos y respondernos algunas preguntas, sigue siendo hoy por hoy en Panamá un ejercicio poco común, aún cuando debiera ser tarea cotidiana de los ciudadanos que se preocupan de la política en una sociedad cuyo proceso de democratización, con el pasar de los años, parece más un espejismo que un oasis, en medio de un desierto de debates y confrontación de ideas, en abierta competencia con una marea de intereses particulares, en los que Panamá no aparece por ningún lado.
De todos nosotros es sabido que al hablar de democracia y democratización nos referimos no a un ideal estático, sino que hablamos de un proceso dinámico que, día a día, debe ser vivido, compartido y desarrollado. Los acontecimientos por los que ha atravesado la sociedad panameña a lo largo de las tres últimas décadas nos colocan hoy en la antesala de la toma de decisiones trascendentales, las cuales podríamos resumir como el problema central: Paz o violencia; participación o imposición.
Diecisiete años después de la invasión, las condiciones necesarias para un proceso de democratización dentro de una sociedad que vivió 21 años de espaldas a las libertades democráticas son cada día más despreciadas por los actuales gobernantes.
1. Remover los residuos del autoritarismo en todos los planes y niveles: requerimiento básico, para establecer instituciones y prácticas que le permitan a nuestra sociedad avanzar en forma más homogénea hacia los objetivos de las formas democráticas de gobiernos. Lo que se está haciendo más, últimamente, es fortalecerlos en lugar de removerlos. Basta mirar hacia la Dirección General de Aduanas, la Autoridad de Tránsito, Migración, la Dirección de Seguridad en el Ministerio de Gobierno y Justicia, La ley 1, el Código Penal, La Ley de la PTJ, el papel de la DIIP, el Plan Integral de Seguridad, para mencionar sólo algunos ejemplos. La constitución militarista continúa como camisa de fuerza y base para que los restos del autoritarismo se impongan al constitucionalismo.
2. Plena vigencia de los derechos políticos: Este requisito, condición "sine qua non" para poder hablar de democracia, dado que los derechos políticos, todos sin excepción, deben regir para todas las opiniones, aquí en Panamá sigue sin abrirse canales de una participación real en los asuntos del gobierno a todos los sectores de la población. Al valerse de las estructuras y el contenido del Código Electoral, diseñado por la autocracia, se impide la participación ciudadana, como lo corroboran las últimas actuaciones del Tribunal Electoral con sus decisiones de excluir decenas de miles de panameños del padrón electoral, la multiplicación de obstáculos a las candidaturas independientes, el no permitir candidatos independientes a la Presidencia de la República, los privilegios la infalibilidad de sus magistrados.
3. Amplia participación de la ciudadanía en los procesos de formar gobierno: Los clamores de "justicia, democracia y libertad", no han sido ni oídos, ni entendidos, ni practicados, por los gobiernos de los últimos tres lustros. Los últimos destapes de prácticas contrarias al debido proceso, a la presunción de inocencia, a la independencia judicial, no terminan de escandalizar a unos y de alegrar a otros. El estado de descomposición crece, señal que avanzamos, dicen los del "Team Martín".
4. Capacidad de respuesta a las situaciones que socialmente requieren una acción gubernamental: Como no existe, la impaciencia que se apodera de la población no expresa satisfacción ante una creciente incapacidad de respuesta gubernamental a problemas cotidianos que se presentan a nivel de comunidades o sectores de la vida institucional de nuestro país: Agua, electricidad, transporte, salud, empleo, vías de comunicación, son reclamadas más y más por todo el recorrido de la geografía nacional.
5. Efectividad, o sea, poner en práctica lo que sea decidido y adoptado por las mayorías: ¿Cómo puede el gobierno exigirle al pueblo que acepte calladamente el inexcusable retraso de lo previsto y prometido? Cero corrupción, menos desempleo y más seguridad se han convertido en promesas incumplidas.
6. Coherencia y eficiencia: Cada vez más sectores de la población panameña alcanzan el convencimiento de que hay una ausencia de estas cualidades en los que nos gobiernan y cada vez más el resto de la sociedad comienza a vivir la zozobra que le es transmitida por la insatisfacción de los grupos que cuestionan. Basta ver las reacciones a los cierres de calles.
En nuestra capacidad ciudadana de participación, despojados de criterios revanchistas, pero imbuidos de una actitud decidida de democratización efectiva, es que podremos aportar los cimientos para conducir resueltamente el país hacia una democracia efectivamente participativa. De lo contrario...
Debatir o dialogar sobre la situación nacional, lograr realizar un inventario de realidades, formularnos y respondernos algunas preguntas, sigue siendo hoy por hoy en Panamá un ejercicio poco común, aún cuando debiera ser tarea cotidiana de los ciudadanos que se preocupan de la política en una sociedad cuyo proceso de democratización, con el pasar de los años, parece más un espejismo que un oasis, en medio de un desierto de debates y confrontación de ideas, en abierta competencia con una marea de intereses particulares, en los que Panamá no aparece por ningún lado.
De todos nosotros es sabido que al hablar de democracia y democratización nos referimos no a un ideal estático, sino que hablamos de un proceso dinámico que, día a día, debe ser vivido, compartido y desarrollado. Los acontecimientos por los que ha atravesado la sociedad panameña a lo largo de las tres últimas décadas nos colocan hoy en la antesala de la toma de decisiones trascendentales, las cuales podríamos resumir como el problema central: Paz o violencia; participación o imposición.
Diecisiete años después de la invasión, las condiciones necesarias para un proceso de democratización dentro de una sociedad que vivió 21 años de espaldas a las libertades democráticas son cada día más despreciadas por los actuales gobernantes.
1. Remover los residuos del autoritarismo en todos los planes y niveles: requerimiento básico, para establecer instituciones y prácticas que le permitan a nuestra sociedad avanzar en forma más homogénea hacia los objetivos de las formas democráticas de gobiernos. Lo que se está haciendo más, últimamente, es fortalecerlos en lugar de removerlos. Basta mirar hacia la Dirección General de Aduanas, la Autoridad de Tránsito, Migración, la Dirección de Seguridad en el Ministerio de Gobierno y Justicia, La ley 1, el Código Penal, La Ley de la PTJ, el papel de la DIIP, el Plan Integral de Seguridad, para mencionar sólo algunos ejemplos. La constitución militarista continúa como camisa de fuerza y base para que los restos del autoritarismo se impongan al constitucionalismo.
2. Plena vigencia de los derechos políticos: Este requisito, condición "sine qua non" para poder hablar de democracia, dado que los derechos políticos, todos sin excepción, deben regir para todas las opiniones, aquí en Panamá sigue sin abrirse canales de una participación real en los asuntos del gobierno a todos los sectores de la población. Al valerse de las estructuras y el contenido del Código Electoral, diseñado por la autocracia, se impide la participación ciudadana, como lo corroboran las últimas actuaciones del Tribunal Electoral con sus decisiones de excluir decenas de miles de panameños del padrón electoral, la multiplicación de obstáculos a las candidaturas independientes, el no permitir candidatos independientes a la Presidencia de la República, los privilegios la infalibilidad de sus magistrados.
3. Amplia participación de la ciudadanía en los procesos de formar gobierno: Los clamores de "justicia, democracia y libertad", no han sido ni oídos, ni entendidos, ni practicados, por los gobiernos de los últimos tres lustros. Los últimos destapes de prácticas contrarias al debido proceso, a la presunción de inocencia, a la independencia judicial, no terminan de escandalizar a unos y de alegrar a otros. El estado de descomposición crece, señal que avanzamos, dicen los del "Team Martín".
4. Capacidad de respuesta a las situaciones que socialmente requieren una acción gubernamental: Como no existe, la impaciencia que se apodera de la población no expresa satisfacción ante una creciente incapacidad de respuesta gubernamental a problemas cotidianos que se presentan a nivel de comunidades o sectores de la vida institucional de nuestro país: Agua, electricidad, transporte, salud, empleo, vías de comunicación, son reclamadas más y más por todo el recorrido de la geografía nacional.
5. Efectividad, o sea, poner en práctica lo que sea decidido y adoptado por las mayorías: ¿Cómo puede el gobierno exigirle al pueblo que acepte calladamente el inexcusable retraso de lo previsto y prometido? Cero corrupción, menos desempleo y más seguridad se han convertido en promesas incumplidas.
6. Coherencia y eficiencia: Cada vez más sectores de la población panameña alcanzan el convencimiento de que hay una ausencia de estas cualidades en los que nos gobiernan y cada vez más el resto de la sociedad comienza a vivir la zozobra que le es transmitida por la insatisfacción de los grupos que cuestionan. Basta ver las reacciones a los cierres de calles.
En nuestra capacidad ciudadana de participación, despojados de criterios revanchistas, pero imbuidos de una actitud decidida de democratización efectiva, es que podremos aportar los cimientos para conducir resueltamente el país hacia una democracia efectivamente participativa. De lo contrario...