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'bfHasta cundo tanta violencia?


ES REALMENTE impresionante el aumento desmedido de la violencia en Panamá. Hace un tiempo nos presentaban casos de violencia por narcotráfico, por tumbes o pase de cuentas. Pero ahora nos encontramos con muertes por suicidios u homicidios de mujeres, generalmente por sus ex parejas, de niños o niñas y hasta de ancianos. Escuchaba que la provincia de Darién, seguida por Los Santos llevan el mayor número de suicidios, casi siempre por problemas sentimentales o de falta de trabajo o dinero.
No comprendo cómo mi provincia, tan alegre, de hombres y mujeres trabajadores, serios y honestos, hayan caído en este lugar de autodesapariciones sin mediar una causa aparentemente satisfactoria.
Para quitarte la vida, lo más preciado que Dios nos ha dado, se necesita coraje, pero también un desequilibrio emocional que te lleve a ese estado; lo peor es que la mayor parte son gente joven y hombres, con años por delante y un futuro que pudieran orientar a algo positivo y hacer de sí y de su familia lo mejor en la sociedad.
A veces decimos: bueno, él mismito se mató y fue su gusto. ¿Y los que quedan, sus deudos? ¿Y las causas que los impulsaron a hacerlo? Aquí empieza la tragedia; si es por culpa de una mujer, significa debilidad de parte de los hombres que no soportan que los abandonen. Si es por trabajo o dinero, indica inseguridad para superar problemas materiales que los enfrentan a vicisitudes y no tienen el equilibrio para solucionarlos positivamente.
En cuanto a los homicidios, vean ustedes la gran cantidad de mujeres asesinadas a manos de sus ex parejas o de sus parejas que ellas o ellos abandonaron y luego las persiguen; al encontrar rechazo de la mujer, la acosan hasta matarla en diferentes maneras. La mayor parte son jóvenes también, con hijos pequeños, muchas pobres que dejan en la soledad a esos niños con el trauma de su madre fallecida y su padre en la cárcel. ¿Hasta cuándo se dan estos casos? ¿Será inmadurez, inseguridad, será que esos hombres no tienen la fortaleza emocional de enfrentar solos los problemas, será que esos hombres panameños no han tenido una educación suficiente para aprender a controlarse?
No soy psicóloga, pero puedo discernir y me preocupa el crecimiento de estos casos. ¿Dónde está la fortaleza de esos panameños que son los llamados a proveer los hogares y velar por su familia y la acaban sin asco? Es raro que una mujer asesine a su pareja, sólo que esté hastiada de aguantarle puño o sin sabores. Hay, pues, un denominador común en esta violencia intrafamiliar.
Igualmente han aumentado desmesuradamente los divorcios y muchos porque las mujeres trabajan y progresan más que los hombres; se educan y estudian más, llegan a ganar más dinero que ellos y se cansan de verlos casi vagos.
En esta forma se rompe la familia, se desintegra y sufren, principalmente, los niños. Comienzan con problemas escolares, de conducta, de desobediencia y los adultos no comprenden por qué. Si son ellos los responsables, traten de buscar soluciones para que esos niños encuentren nuevamente el equilibrio. Hasta la Iglesia está impresionada por esto.
Y de los niños y niñas asesinadas, violadas, principalmente por padrastros imbéciles, sin madurez, por vecinos o gente allegada. Pero, ¿qué hace la justicia? ¿Están las cárceles ocupadas por esos monstruos o andan sueltos acechando otra presa para repetir su delito imperdonable? Para esos pondría la pena de muerte porque no merecen vivir en una sociedad que los acoge, que les da lo mejor y también, aparentemente, los pervierte y los lleva a la depravación.
Son problemas sociales que vivimos y queremos ignorar, pero que las autoridades correspondientes, las escuelas y las familias no enfrentan ni abordan con seriedad para disminuirlos o desaparecerlos.
De continuar así, tendremos una sociedad trastocada, menospreciada por sí misma y que no refleja más que la falta de formación cultural, moral y social que necesitamos para crecer como tales. No son los bienes materiales los que nos sacarán de este maremagno en que nos encontramos; será la presencia de valores y de equilibrio emocional con una formación sólida en la infancia.
marisín@cableonda.net

101 años de Panamá América

 
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