default

'bfPodremos creerle a la oposición en el 2009?


LA campaña presidencial del 2009 ya dio inicio, eso nadie lo puede dudar. Desde hace meses, desde diversos campos del entorno político criollo vienen agitándose nombres, algunos de los cuales ya han hecho pública manifestación de sus intereses. Por muy temprano que parezca (faltan unos 20 meses para los comicios, más o menos) debemos irnos preguntando, desde ahora, si esta oposición nuestra merece ser tomada en serio, como alternativa ante lo que hoy padecemos todos.
El papel jugado por los diputados de oposición (excepto tres o cuatro que sí han salvado su rostro y su honor) en la Asamblea, ha sido verdaderamente bochornoso. Igualmente vergonzoso han sido ver las "peleas de perro y gato" entre diversas facciones de muchos partidos políticos de oposición (igualmente, salvo pocas excepciones), haciendo gala de grandes apetitos personales, connivencia y vagabundería, así como un olímpico desprecio por los verdaderos problemas de la ciudadanía.
La escritora española Raquel Carnicero ya lo dijo en El País (Madrid, 20/08/06): "El que se ponga en la misma frase que el gobierno lo hace mal pero la oposición peor, apesta. No es excusa para un mal gobierno una peor oposición". Yo diría que la frase vale también al revés.
Para los ciudadanos que votamos conscientemente por Unión Por Panamá en 1999, los cinco años de dicha gestión fueron un verdadero trauma, una dolorosa y vergonzosa frustración. Recuerdo aún, con mucho dolor, cómo, en una tarde de febrero de 2002 que nunca olvidaré, me senté en un café y acepté, para mis adentros, que la purulencia nacional partía desde muy arriba del gobierno por el cual voté (desde el mero centro neurálgico del régimen) y que permeaba irreversiblemente a todo el cuerpo del aparato gubernamental, salvo a pocas pero honrosas excepciones. Ese mismo día renuncié a cualquier relación con ese tutelaje abyecto, que nos prometió decoro y buen gobierno, pero que pronto alcanzó y superó en arrogancia, vicios, despilfarros, negociados y escándalos al régimen vendepatria que sustituyó, traicionando nuestra buena fe y nuestras ansias de justicia y decencia. Aún recuerdo, con amargura, el consejo que me dio un amigo que se mantuvo ligado al gobierno. Me dijo, en un arranque de sinceridad cínica, rayana en la desvergüenza: "óyeme, esto nunca va a cambiar, si no son ellos los del PRD, somos nosotros, así que no renuncies, no seas tonto, haz como yo, come y calla".
La partidocracia y la podredumbre moral que engendra, son lastres de los que tenemos que deshacernos, pero ello no significa que podamos darnos el lujo de marginarnos de esta incipiente contienda, por no querer mancharnos. No podemos dejar que los mismos bellacos de siempre, sigan haciendo y deshaciendo, usando nuestro nombre y nuestras tribulaciones para ello. Ya lo dijo hace muchos años el historiador Arnold J. Toynbee: "El mayor castigo para los que no les importa la política, es ser gobernados por aquellos a quienes sí les interesa". Por aquellos que sí quieren el poder para su propio beneficio y que, para llegar a él, no vacilarán en volver a mentir y a pervertir conciencias.
Por eso, los ciudadanos que no vamos a votar por el PRD, tenemos que irnos involucrando y pedirle cuentas a quien quiera ganarse el derecho de gobernarnos el próximo quinquenio, por muy incómodo que nos resulte. Si los candidatos de la oposición quieren nuestro voto, tienen que poner un programa político factible por delante, que enfrente y resuelva realmente nuestros graves problemas, sin soluciones fáciles y falsas (sin demagogia ni populismo, pero sin más endeudamiento ni más privatizaciones). Tienen que decirnos cómo van a hacer lo que digan que van a hacer y cómo podremos fiscalizar lo que harán, al detalle, sin que nos agarren de tontos útiles, otra vez. Tienen que archivar de una buena vez a todo el bestiario de gamonales y caciques corruptos que, como una maldición, nos quieren seguir imponiendo en candidaturas y jefaturas espurias, gracias al dinero, a las componendas y a los apellidos. Y tienen que empeñar su palabra, públicamente, de que acabarán con la corrupción y la ineptitud vengan de donde vengan, dándonos muestras de que satisfacen cotas mínimas de honor, de decencia, de seriedad y de vergüenza personal.
Ojalá recuerden y hagan valer la visión del Dr. Arnulfo Arias, traída a colación en un discurso reciente del ExPresidente Endara, que lo cita: "Lo que le interesa a la República es que prevalezca la Ley, que aumente la riqueza nacional, que se elimine la pobreza, que se reconozca los derechos y la dignidad humana. Que todo panameño tenga techo, una ocupación, ingreso satisfactorio y seguro, tierra para trabajar, salud, educación y seguridad. Buscamos que a cada panameño llegue las ventajas y los beneficios de la civilización y el desarrollo, sin discriminaciones por motivo de sexo, raza y condición social o económica. Esta es la verdadera Democracia que anhelamos para todos". Esta es la visión de país que exigimos, cada vez, con más fuerza.
No podemos caer en lo mismo, dándoles a los políticos de oposición un cheque en blanco, nuevamente, así como así, como sucedió en 1999, solo por querer pasarle factura electoral al PRD. Esta vez, los políticos de oposición van a tener que ganarse el voto y asumir compromisos muy concretos, demostrando una renovación radical, tanto en fondo como en forma, si es que son serios en su empeño por ganar la elección y por ocupar el gobierno en el 2009. De lo contrario, no se asombren por la aparición de violentas sorpresas "anti-sistema". Ojalá que esto les entre a tiempo en la cabeza.
Siempre queremos mostrar nuestra solidaridad con los deudos de las personas que mueren así y pedimos al Señor les dé la resignación necesaria para llevar con garbo esta prueba. Me repetía un amigo y con gran sensatez, nunca digas a quien sufre una pérdida similar; "yo sé cómo te sientes", pues es falso. Nadie puede saber el "cómo". El mundo de los sentimientos es inabarcable e impenetrable. No sentimos igual. Ni la persona fallecida tiene el significado idéntico para todos.
La prioridad uno de todos debe ser, estar alerta porque no sabemos ni el día, ni la hora, ni el sitio donde nos tocará el aldabonazo final.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América