'bfSe podr enseñar moral?
Político como he sido desde mis 18 años, aprendí que hay cosas que si no se aprenden de joven, en la casa y en la escuela, más tarde en la vida, por más que se trate, difícilmente se podrán aprender. Igual nos dice el adagio, con aquello del árbol torcido. Un cincuentón me comentó que en uno de los cursos que los partidos impartían a sus dirigentes con el subsidio del Tribunal Electoral, les enseñaban ideología. Le contesté: Como si ideología se pudiera enseñar. Igual nos ocurre con un valor tan específico como la moral, que la falta de ella, tanto en gobernados como en gobernantes es una de las grandes tragedias de nuestra sociedad actual.
La moral son las tradiciones y normas establecidas por nuestros antepasados, donde aprendimos a ser honestos, respetuosos, justos, correctos, especialmente a distinguir entre el bien y el mal. A tener valores, creencias, normas y costumbres que nos sirven de guía en nuestra vida privada y pública. Oímos también, sobre todo en el ámbito de los negocios y de la política, que hay quienes por sus actuaciones están por encima del mal y del bien. Aquellos que no tienen moral en su diario accionar y que ya no la podrán aprender porque esa virtud no se puede enseñar.
Este tema para algunos de los actores sociales, únicamente lo vinculan con el servicio que el dinero les proporciona. Al interesarme tanto este asunto, pregunté a algunos de los que están en una de las actividades, además de los bancos ("Narcos, banqueros y criminales", Panamá América, 27 de Sept. 07) que se presta para el lavado de capitales en gran escala: los bienes raíces.
Muchos desconocen las normas vigentes en Panamá sobre lavado de dinero, incluidas a través de la Ley 42 de 2000 que establece medidas para la prevención del delito de blanqueo de capitales. Según esta norma, bancos, bienes raíces, empresas de Zona Libre, la Lotería, aseguradores y casinos, están obligados a suministrar a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) declaraciones sobre las transacciones en efectivo por más de B/. 10.000.00, supuestamente para seguir la pista a quienes se dedican a lavar "grandes sumas" de dinero.
Digo "supuestamente", porque esa cantidad hace buen rato dejó de ser importante para los millones que se están pasando por "lavadores" en nuestro país. Ya los bancos debían tomar estas medidas desde el inicio de los ´90.
Mis investigaciones me hacen a concluir que hay personas en el sector desconocedoras de las normas mencionadas, y le pregunté a dos de ellas: ¿Qué haces si un cliente extranjero o nacional te llega a comprar un costoso apartamento con un maletín con 400 mil dólares americanos en efectivo? ¿Le llenas algún formulario para enviarlo luego a la UAF, reportando el hecho? ¿Tienes alguna instrucción de tus superiores de hacerlo? ¿Te han enseñado lo que dice la Ley 42 de 2000? La respuesta fue unánime: ¡Absolutamente no¡. Una me contestó que lo toma y se lo entrega a uno de sus jefes, dueños del proyecto, que se van repartiendo ese efectivo entre ellos poco a poco, hasta que se acabe, convirtiéndose todos los recipientes en cómplices de una clara violación de la ley y en meros lavadores de dinero. Al final de cuentas, en la operación, la empresa entrega un apartamento a una sociedad que teóricamente "no ha pagado nada", porque en los libros no hay entrada alguna que conste, y ese costo se le carga a un proyecto que por estas prácticas podría al final perder dinero, con lo cual tampoco pagará impuestos. Así cualquiera se convierte en "Don Fulano".
En el otro caso, al estar vinculado el interrogado al pago de las planillas, me indica que se "lava" a través del pago en efectivo a los trabajadores o de otros gastos del proyecto, no reportándose ninguna operación a través de la UAF. ¿Qué controles tiene en este caso la UAF para impedir que en un proyecto inmobiliario se "laven" inmensas cantidades de dinero? Absolutamente ninguno, según deduzco de las personas con quienes toqué el tema. Como vemos, todo dependerá de la moral con que cada uno establezca las reglas de su negocio.
Como hubiese dicho el magnate norteamericano John D. Rockefeller, "hazte rico y después vuélvete honesto".
Esa moral, si usted le pregunta si existe a quienes dirigen algunas de las mayores empresas del sector que crece con tanto "éxito" en Panamá, le dirán que es "relativa". Ha ido desapareciendo con aquello de que si yo no lo hago, lo hará el vecino que no tiene ningún escrúpulo y viola las leyes sin importarle nada. Tan simple y sencillo como eso: Lo tengo que hacer porque los demás también lo hacen.
¿Se podrá aprender moral? Evidentemente que no; mientras tanto, el país seguirá, en manos de tantos nuevos ricos, camino hacia su total destrucción, por más que crezcan en miles de millones de dólares los depósitos de los bancos y se multipliquen por doquier los rascacielos. ¿Y la UAF?, bien gracias y usted.
La moral son las tradiciones y normas establecidas por nuestros antepasados, donde aprendimos a ser honestos, respetuosos, justos, correctos, especialmente a distinguir entre el bien y el mal. A tener valores, creencias, normas y costumbres que nos sirven de guía en nuestra vida privada y pública. Oímos también, sobre todo en el ámbito de los negocios y de la política, que hay quienes por sus actuaciones están por encima del mal y del bien. Aquellos que no tienen moral en su diario accionar y que ya no la podrán aprender porque esa virtud no se puede enseñar.
Este tema para algunos de los actores sociales, únicamente lo vinculan con el servicio que el dinero les proporciona. Al interesarme tanto este asunto, pregunté a algunos de los que están en una de las actividades, además de los bancos ("Narcos, banqueros y criminales", Panamá América, 27 de Sept. 07) que se presta para el lavado de capitales en gran escala: los bienes raíces.
Muchos desconocen las normas vigentes en Panamá sobre lavado de dinero, incluidas a través de la Ley 42 de 2000 que establece medidas para la prevención del delito de blanqueo de capitales. Según esta norma, bancos, bienes raíces, empresas de Zona Libre, la Lotería, aseguradores y casinos, están obligados a suministrar a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) declaraciones sobre las transacciones en efectivo por más de B/. 10.000.00, supuestamente para seguir la pista a quienes se dedican a lavar "grandes sumas" de dinero.
Digo "supuestamente", porque esa cantidad hace buen rato dejó de ser importante para los millones que se están pasando por "lavadores" en nuestro país. Ya los bancos debían tomar estas medidas desde el inicio de los ´90.
Mis investigaciones me hacen a concluir que hay personas en el sector desconocedoras de las normas mencionadas, y le pregunté a dos de ellas: ¿Qué haces si un cliente extranjero o nacional te llega a comprar un costoso apartamento con un maletín con 400 mil dólares americanos en efectivo? ¿Le llenas algún formulario para enviarlo luego a la UAF, reportando el hecho? ¿Tienes alguna instrucción de tus superiores de hacerlo? ¿Te han enseñado lo que dice la Ley 42 de 2000? La respuesta fue unánime: ¡Absolutamente no¡. Una me contestó que lo toma y se lo entrega a uno de sus jefes, dueños del proyecto, que se van repartiendo ese efectivo entre ellos poco a poco, hasta que se acabe, convirtiéndose todos los recipientes en cómplices de una clara violación de la ley y en meros lavadores de dinero. Al final de cuentas, en la operación, la empresa entrega un apartamento a una sociedad que teóricamente "no ha pagado nada", porque en los libros no hay entrada alguna que conste, y ese costo se le carga a un proyecto que por estas prácticas podría al final perder dinero, con lo cual tampoco pagará impuestos. Así cualquiera se convierte en "Don Fulano".
En el otro caso, al estar vinculado el interrogado al pago de las planillas, me indica que se "lava" a través del pago en efectivo a los trabajadores o de otros gastos del proyecto, no reportándose ninguna operación a través de la UAF. ¿Qué controles tiene en este caso la UAF para impedir que en un proyecto inmobiliario se "laven" inmensas cantidades de dinero? Absolutamente ninguno, según deduzco de las personas con quienes toqué el tema. Como vemos, todo dependerá de la moral con que cada uno establezca las reglas de su negocio.
Como hubiese dicho el magnate norteamericano John D. Rockefeller, "hazte rico y después vuélvete honesto".
Esa moral, si usted le pregunta si existe a quienes dirigen algunas de las mayores empresas del sector que crece con tanto "éxito" en Panamá, le dirán que es "relativa". Ha ido desapareciendo con aquello de que si yo no lo hago, lo hará el vecino que no tiene ningún escrúpulo y viola las leyes sin importarle nada. Tan simple y sencillo como eso: Lo tengo que hacer porque los demás también lo hacen.
¿Se podrá aprender moral? Evidentemente que no; mientras tanto, el país seguirá, en manos de tantos nuevos ricos, camino hacia su total destrucción, por más que crezcan en miles de millones de dólares los depósitos de los bancos y se multipliquen por doquier los rascacielos. ¿Y la UAF?, bien gracias y usted.