“Bienes del Estado”
El Estado de Derecho exige, para que funcione como debe ser, una base normológica y axiológica, estos es, de normas jurídica y de valores, los últimos generalmente reconocidos en la Constitución y en la restante legalidad -llamados valores jurídicos- y que, para toda la judicialidad y todos los funcionarios públicos, es indispensable que sean respetados dado que a través de ese respeto la sociedad -todos los particulares- verán los réditos que produce el orden y la paz.
No puede la autoridad, bajo ningún concepto, operar marginando la justicia, la legalidad o dejando a un lado el catálogo de principios y valores que regentan nuestro Derecho Constitucional como máxima expresión del Derecho Público, seguido por el Derecho Penal, y muy a pesar de que sus actuaciones o acciones se nos presenten como plagadas de PURA legalidad, pero al mismo tiempo ausente de todo sentido de justicia.
No dejo, por ello, de expresar mi complacencia tras lo actuado, recientemente, por el señor presidente de la República de Panamá, Ricardo Martinelli, cuando en la Marina de Amador sentenció: “Estos son bienes que le pertenecen al pueblo”.
Sin embargo, dando un voto favorable al señor presidente Martinelli, he de considerar que de pronto sí han existido los facultamientos legales que le permitieron a nuestro primer magistrado de la nación, actuar como en efecto ha actuado.
Como cuestión final, en principio, dentro de nuestro constitucionalismo, el Presidente no puede ordenar detención de nadie -“me lo mete preso”-, salvo las excepciones de ley, y en las cuales no encaja el hecho de la Marina de Amador. Panamá avanza hacia un sistema acusatorio, de corte eminentemente demoliberal y en pro de las garantías procesales buenas y positivas para toda la ciudadanía. Estoy creyendo que el presidente Martinelli está hastiado de tanto desorden e injusticias, del juega vivo, de la mala fe, así como lo estamos cientos de miles de panameños, pero aconsejo, humildemente, prudencia.
El pueblo, de seguro, aplaude la iniciativa. También, en lo interior de mí, la aplaudo. Pero, por encima de mis placeres diarios, hay normas y valores de la Ley que me indican que debemos respetar. De pronto se me ocurre, in limine, comprender al Presidente sobre la especial consideración de que si en el país hay gente que vienen haciendo y deshaciendo “lo que les da la gana”, por qué no podría hacerlo también el Presidente: De sus muchas ganas y en clara defensa del Estado y en plena reivindicación de lo que, por mandato constitucional, pertenece al Estado panameño, también proceder como efectivamente lo ha hecho.