Bienvenida la contienda
El panorama político nacional abre las puertas a todo aspirante a cargo de elección popular, permitiendo el ejercicio del derecho a ser elegido y concediendo la oportunidad de la escogencia a quienes eligen. Soy miembro militante del Partido Arnulfista y mi trayectoria en este grupo político me ofrece la oportunidad de hacer un llamado a mis copartidarios, para que elevemos el nivel de debate y aceptemos que la participación o aspiración de algunos miembros como pre-candidatos, desmiente la infundada teoría de que se carece de figuras presidenciales en el colectivo.
Me resulta preocupante que el surgimiento de pre-candidatos a la Presidencia por el partido, haya despertado resentimientos que quizás no tienen un matiz político, sino personal y cuyos efectos no pueden sembrar diferencias en el seno del partido. Necesitamos aceptar que la contienda interna es un ejercicio propio de la calidad democrática del partido, que realmente habríamos deseado que una sola candidatura hubiese unido con mayor fuerza el grupo al que pertenecemos, no obstante, ante el hecho de una competencia interna, es preciso evitar recriminaciones, calificativos e insultos que demeritan a quien los endilga y producen una imagen poco edificante de nuestra dirigencia.
Las bases del partido, que son las que finalmente decidirán quién será el abanderado del partido como candidato presidencial, tienen una oportunidad inigualable de demostrar que los principios que pregonamos como doctrina, son una realidad en la práctica. Se dan situaciones interesantes en el manejo político interno, pero la campaña que debe desplegarse por los grupos contendientes, debe caracterizarse por el respeto mutuo y la satisfacción de poder integrar a las bases del colectivo en la toma de decisiones sobre aspectos tan importantes como la candidatura presidencial.
Considero que la contienda debe ser bienvenida porque ofrece a lo interno la oportunidad de un gran ejercicio del derecho a escoger y se desmiente la especulación del manejo dictatorial del partido. Por un lado tenemos que reconocer que desde el día siguiente de la proclamación del vencedor de 1994, doña Mireya Moscoso inició en todo el país un periplo, llegando a cada comunidad y atendiendo a los entonces desalentados arnulfistas, cuyo espíritu político se ha revitalizado, al punto que hoy representa la fuerza más pujante en la oposición y con una organización que merece elogios de los arnulfistas.
Por otro lado, don Alberto Vallarino, como miembro del Partido, tiene derecho a ser un aspirante dentro de las elecciones primarias y sus méritos personales serán ponderados con los de la segura oponente doña Mireya Moscoso, tanto por los logros dentro del partido, la militancia, la integración efectiva y las proyecciones hacia un ejercicio gubernamental que no solo libere al país del estancamiento en su desarrollo, de la pobreza creciente y de la deuda pública galopante, sino también de la corrupción generalizada y de los abusos que el ejercicio del poder han puesto de relieve.
La contienda es bienvenida porque el Partido Arnulfista al terminar esta etapa, tendrá que cerrar filas ante el candidato triunfante y negociar con el resto de los partidos de oposición, la candidatura presidencial en condiciones de supremacía electoral, como partido mayoritario y con recursos humanos disponibles en cada circuito electoral, para los cargos elegibles. Invito a todos los arnulfistas a trabajar por la consolidación del partido, porque si queremos liderizar la oposición, la credibilidad del colectivo y su dirigencia, frente a la problemática nacional, serán determinantes en los resultados.
Esta contienda interna aparentemente causará un desgaste político, por ello las acciones tendientes a lograr adhesión a uno u otro grupo, deben limitarse a la persuación con programas y exposiciones de razones convincentes a la membresía para la mejor selección de nuestro abanderado. Debemos comprometernos a respaldar a cualquiera que resulte vencedor y deponer los antagonismos existentes, porque a partir de la escogencia de nuestro candidato presidencial, tenemos grave compromiso con el país, su futuro y para ello es indispensable presentarnos como una sola unidad.
Me resulta preocupante que el surgimiento de pre-candidatos a la Presidencia por el partido, haya despertado resentimientos que quizás no tienen un matiz político, sino personal y cuyos efectos no pueden sembrar diferencias en el seno del partido. Necesitamos aceptar que la contienda interna es un ejercicio propio de la calidad democrática del partido, que realmente habríamos deseado que una sola candidatura hubiese unido con mayor fuerza el grupo al que pertenecemos, no obstante, ante el hecho de una competencia interna, es preciso evitar recriminaciones, calificativos e insultos que demeritan a quien los endilga y producen una imagen poco edificante de nuestra dirigencia.
Las bases del partido, que son las que finalmente decidirán quién será el abanderado del partido como candidato presidencial, tienen una oportunidad inigualable de demostrar que los principios que pregonamos como doctrina, son una realidad en la práctica. Se dan situaciones interesantes en el manejo político interno, pero la campaña que debe desplegarse por los grupos contendientes, debe caracterizarse por el respeto mutuo y la satisfacción de poder integrar a las bases del colectivo en la toma de decisiones sobre aspectos tan importantes como la candidatura presidencial.
Considero que la contienda debe ser bienvenida porque ofrece a lo interno la oportunidad de un gran ejercicio del derecho a escoger y se desmiente la especulación del manejo dictatorial del partido. Por un lado tenemos que reconocer que desde el día siguiente de la proclamación del vencedor de 1994, doña Mireya Moscoso inició en todo el país un periplo, llegando a cada comunidad y atendiendo a los entonces desalentados arnulfistas, cuyo espíritu político se ha revitalizado, al punto que hoy representa la fuerza más pujante en la oposición y con una organización que merece elogios de los arnulfistas.
Por otro lado, don Alberto Vallarino, como miembro del Partido, tiene derecho a ser un aspirante dentro de las elecciones primarias y sus méritos personales serán ponderados con los de la segura oponente doña Mireya Moscoso, tanto por los logros dentro del partido, la militancia, la integración efectiva y las proyecciones hacia un ejercicio gubernamental que no solo libere al país del estancamiento en su desarrollo, de la pobreza creciente y de la deuda pública galopante, sino también de la corrupción generalizada y de los abusos que el ejercicio del poder han puesto de relieve.
La contienda es bienvenida porque el Partido Arnulfista al terminar esta etapa, tendrá que cerrar filas ante el candidato triunfante y negociar con el resto de los partidos de oposición, la candidatura presidencial en condiciones de supremacía electoral, como partido mayoritario y con recursos humanos disponibles en cada circuito electoral, para los cargos elegibles. Invito a todos los arnulfistas a trabajar por la consolidación del partido, porque si queremos liderizar la oposición, la credibilidad del colectivo y su dirigencia, frente a la problemática nacional, serán determinantes en los resultados.
Esta contienda interna aparentemente causará un desgaste político, por ello las acciones tendientes a lograr adhesión a uno u otro grupo, deben limitarse a la persuación con programas y exposiciones de razones convincentes a la membresía para la mejor selección de nuestro abanderado. Debemos comprometernos a respaldar a cualquiera que resulte vencedor y deponer los antagonismos existentes, porque a partir de la escogencia de nuestro candidato presidencial, tenemos grave compromiso con el país, su futuro y para ello es indispensable presentarnos como una sola unidad.