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Bienvenido 2003 (II)


El señor 2003, antes de pedir permiso para marcharse, nos recomendó no preocuparnos demasiado por los últimos acontecimientos políticos internos y externos que nos están afectando económicamente, emocionalmente, moralmente, etc.; para evitar caer en los diversos sufrimientos que la ciencia médica denomina estrés. También nos entregó una hoja que contenía escritas numerosas sugerencias, las cuales leímos y las consideramos muy importantes para mejorar la deficiente administración de vieja data en nuestro país, muchas de las cuales coinciden en su contenido, con mis anteriores sugerencias publicadas en la sección de Opinión del más popular periódico del país, El Panamá América.
Por tales razones, he decidido reproducirlas, como continuación del escrito anterior titulado "Bienvenido 2003", debido a que este bien intencionado amigo viajero del espacio, que mide el tiempo, nos pidió no olvidáramos publicar sus buenos consejos y nos solicitó "permuá" nuevamente para despedirse hasta el 31 de diciembre, último día de su cumpleaños. A continuación sus importantes opiniones:
  1. Todos los ciudadanos panameños deben oponerse, rotundamente, al proyecto de reforma constitucional, que plantea inmunidad para ex presidentes, durante cinco años, después que termina su período de gobierno, que actualmente es de 5 años.

  2. La palabra "inmunidad" debe desaparecer definitivamente de una nueva Constitución; y de cualquiera otra propuesta de nuevos parches remiendos a la actual Carta Magna. Esta medida disciplinaria, aplicada imparcialmente con verdadero sentido del deber, por funcionarios competentes y honestos, servirá para erradicar de raíz la crónica corrupción derivada de la despreciable inmunidad, madre de los dañinos malestares llamados corrupción e impunidad, de los cuales han gozado y continúan aprovechando, un numeroso grupo de altos y medianos funcionarios del gobierno que tiene mando y jurisdicción, incluyendo algunas empresas privadas, en detrimento de la ciudadanía panameña más necesitada.

  3. Los buenos conciudadanos, que se destacan y sobresalen como excelentes servidores públicos por su acrisolada honradez, honestidad y amor patriótico, se hacen merecedores a las condecoraciones, según sea el caso; principalmente, cuando se trata de un ex presidente a quien el pueblo reconoce hizo, en su oportunidad, una excelente administración pública, beneficiando a los más necesitados que sobreviven en la extrema pobreza.

  4. El período de gobierno debe fijarse en cuatro años. Ni un día más.

  5. No a la reelección inmediata de presidente, vicepresidente, legislador, gobernador, alcalde, corregidor y concejal.

  6. Eliminar los circuitos electorales, con el fin de evitar el aumento de la improductiva exagerada burocracia existente y erradicar las partidas circuitales.

  7. Elegir a 50 legisladores y eliminar los suplentes.

  8. Los legisladores deben usar vestido color blanco, desde los zapatos o zapatillas hasta el cuello y corbata, y en el pecho o la espalda, su nombre de pila escrito con letra de imprenta mayúscula de color rojo o azul para que puedan ser identificados fácilmente por todos los ciudadanos; excepto cuando se encuentran en su residencia particular. Así pueden recuperar el debido respeto que han perdido.

  9. Elegir a un gobernador por cada provincia cada cuatro años.

  10. Elegir a un alcalde por cada distrito cada cuatro años; no reelegible.

  11. Elegir a un concejal por cada corregimiento cada cuatro años.

  12. Elegir a un corregidor por cada corregimiento cada cuatro años.

  13. Todos los funcionarios, mencionados, deben ser elegidos por votación popular en el mes de mayo, el día de las elecciones generales; ninguno debe ser nombrado de a dedo.

  14. Aumentar el número de inscritos a 300,000 para adquirir legalmente la personería jurídica de un partido político bien organizado.

  15. Elegir a un vicepresidente para que reemplace al presidente de la Nación durante sus ausencias del país y no a un ministro de a dedo; eso solamente lo hacen los dictadores, como por ejemplo, el cubano Fidel Castro.


Continuaré en próximo escrito de opinión con sugerencias que servirán para gobernar a las presentes y futuras generaciones, basadas en los verdaderos postulados democráticos: libertad, igualdad, fraternidad y derechos humanos, que concreticen el verdadero cambio, tan necesario para que nuestro país pueda progresar.
Esta metamorfosis parece ocurrir en independencia de la edad, sexo, profesión y nivel de refinamiento cultural.
Una explicación para este cambio de conducta, puede radicar en una especie de activación interna instintiva, que despierta y dispara restos del pasado evolutivo de la humanidad, en cuanto a la ocupación y defensa de un espacio territorial del cual dependía la autonomía individual y de los colectivos ancestrales.
En consecuencia, una vez que el conductor se encuentra, manos al volante, parece invadirle, inconscientemente, el instinto de defensa territorial, el cual se traduce en conductas agresivas como ataques verbales y/o físicos, volcadas en la lucha por el predominio territorial; elementos éstos componentes de las conductas que fueron esenciales para la sobrevivencia de la especie en una etapa muy importante de la evolución social. Por ejemplo, si usted va conduciendo por la vía principal, puede ir conversando animadamente, con sus hijos, sobre la importancia de ser cortés y amable con los adultos. Pero si otro conductor se cruza en su carril de manera tan repentina, usted tratará de ganarle; y si logra emparejar su auto con el de él o ella, a aquella criatura le faltarán madres para rellenarlo de toda suerte de improperios. Los gestos y palabras serán todo menos corteses y amables; y si por causalidad la fila de autos se detiene, existe bastante probabilidad de salir del auto para retar al intruso. En ese momento no se trata del peligro en el cual aquél expuso su vida y la de sus hijos, se trata de la simple e inconsciente defensa territorial por la cual, después que pasó todo, aún está dispuesto a fajarse. Después se podría lamentar cuando advierta que el intruso era su hermano, su tío o el abuelo que le acababa de legar en testimonio un millón de dólares.
Sea como sea, la educación y la conciencia ciudadana parecen no ser suficientes resortes internos como para contener la irrupción del comportamiento tan irracional como peligroso que exhibimos cuando, en el barullo y en el fragor cotidiano de los tranques, somos objetos o sujetos de alguna infracción o colisión.
¿Es posible hacer algo contra este síndrome de la territorialidad? Las cifras de fatalidades y de lesionados permanentes y leves podrían llevarnos a examinar más detalladamente las condiciones que se exigen para otorgar una licencia de conducir.
Se me ocurre, por ejemplo, que el Tránsito debiera exigir, en todos los casos, pruebas de personalidad estrictamente controladas para todos los que deben renovar licencia; que se diese licencia provisional, por un período de un año, para los que por primera vez vayan a conducir, además de un curso de manejo defensivo, que incluya ejercicios y estrategias para el desarrollo del autocontrol. Si al término de este período probatorio no han tenido accidentes o faltas, entonces se procedería a extenderle la licencia definitiva. Que se eliminen los permisos para menores de edad, debido a la impulsividad observada en muchos de ellos; que se introduzca, con rigor obligatorio, el control antidoping para todos los conductores; y que se fortalezcan los programas de prevención en el manejo y de educación vial, los cuales, quizás, las compañías de seguro estarían muy anuentes a apoyar.
Pese a la hipótesis que he planteado, para explicar la conducta irracional que desplegamos cuando nos encontramos tras el volante, debo insistir que nunca será suficiente el esfuerzo y los recursos que se inviertan en la formación de una cultura vial, orientada a la prevención y enfocada a poner coto a la impulsividad y a la agresividad en el manejo, mismas que producen, anualmente, más muertes que el SIDA.
(anelpsi@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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