Bienvenidos sí, ¿pero a dónde?
Se ha dicho, una y otra vez, que Panamá tiene un gran potencial para el desarrollo turístico. Somos un país orgulloso de nuestra bella naturaleza, pero también somos conscientes de que no hacemos lo suficiente para impulsar la "industria sin chimeneas".
Es indudable que el desarrollo de las actividades turísticas y ecoturísticas traerá beneficios para algunos sectores, y que ello redundará positivamente en todo el país. El asunto está en que lo que hay que hacer para que el turismo se desarrolle es una suma de cosas relativamente pequeñas, pero que, acumuladas, podrían traer un gran cambio. Una práctica sencilla, nada costosa, que todos los que integran el equipo del actual gobierno debieron haber visto alguna vez en su niñez y de la que quizás guardan alguna memoria, consiste en colocar un letrero de bienvenida a la entrada de cada uno de los pueblos del interior y otro de despedida a su salida.
Dichos letreros deben estar diseñados con el mismo estilo, color y tamaño, de modo que el recorrido por el país transmita cierto sentido de unidad y organización. No es una tarea que requiera la disciplina alemana, el gusto francés o el flujo de caja de los países árabes.
En adición a ello, podrían incluirse las delimitaciones provinciales, los ríos, las montañas y otros accidentes de nuestra geografía que tienen un valor turístico no explotado y que el paseante va encontrando a su paso por la Interamericana. Además de ser una acción que realza el sentido de país, estaríamos ofreciendo una información que será apreciada por los turistas, cuya actitud es siempre "conocer" el país que visitan y cuyos recuerdos estarán signados por los nombre de los lugares que les impresionaron. Al mismo tiempo, estaríamos educando a nuestra población, desde los más jóvenes, sobre los nombres que tienen "tantas cosas bellas", que no son ni más ni menos que una expresión de la patria.
Es un proyecto del que todos saldremos ganando, ¿por qué no hacerlo ya?
Es indudable que el desarrollo de las actividades turísticas y ecoturísticas traerá beneficios para algunos sectores, y que ello redundará positivamente en todo el país. El asunto está en que lo que hay que hacer para que el turismo se desarrolle es una suma de cosas relativamente pequeñas, pero que, acumuladas, podrían traer un gran cambio. Una práctica sencilla, nada costosa, que todos los que integran el equipo del actual gobierno debieron haber visto alguna vez en su niñez y de la que quizás guardan alguna memoria, consiste en colocar un letrero de bienvenida a la entrada de cada uno de los pueblos del interior y otro de despedida a su salida.
Dichos letreros deben estar diseñados con el mismo estilo, color y tamaño, de modo que el recorrido por el país transmita cierto sentido de unidad y organización. No es una tarea que requiera la disciplina alemana, el gusto francés o el flujo de caja de los países árabes.
En adición a ello, podrían incluirse las delimitaciones provinciales, los ríos, las montañas y otros accidentes de nuestra geografía que tienen un valor turístico no explotado y que el paseante va encontrando a su paso por la Interamericana. Además de ser una acción que realza el sentido de país, estaríamos ofreciendo una información que será apreciada por los turistas, cuya actitud es siempre "conocer" el país que visitan y cuyos recuerdos estarán signados por los nombre de los lugares que les impresionaron. Al mismo tiempo, estaríamos educando a nuestra población, desde los más jóvenes, sobre los nombres que tienen "tantas cosas bellas", que no son ni más ni menos que una expresión de la patria.
Es un proyecto del que todos saldremos ganando, ¿por qué no hacerlo ya?