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Bill Clinton: &#191Renuncia, destitución o continuidad?


Algunos analistas señalan que la demanda de renuncia de Bill Clinton formulada por el presidente de la comisión de representantes que lo investiga es una señal que son inmaduras las posibilidades de destituirlo del cargo, en una votación final en la que dos tercios de los senadores deben votar en favor de la apertura del juicio político.
Sin embargo los representantes republicanos, no obstante a la posición adversa de la ciudadanía norteamericana, lleva adelante contra viento y marea el proceso contra un popular gobernante demócrata, empeñado en mantener la prosperidad de su país y lograr la paz entre israelíes y palestinos, al mismo tiempo que procura una salida a la amenaza del arsenal bélico de Irak, alternando entre el ejercicio de la diplomacia y el uso de lafuerza, como ocurrió ayer.
De los cuatro artículos para la destitución, aprobados con todos los votos republicanos, dos de ellos resultan excesivos, a juicio de numerosos observadores. Acusar a Clinton de abuso de poder por haber tenido relaciones íntimas con una persona que se prestó voluntariamente, no es convincente.
Asímismo se ve frágil el cargo de obstrucción de la justicia, después que el Fiscal Kenneth Starr gastó cuatro millones de dólares en armar el expediente y contó con todos los recursos para difundirlo, incluyendo internet. En cuanto a que sí mintió o no sobre detalles de su relación con Mónica Lewinsky representa ingresar a pormenorizaciones cuya definición y precisión depende del punto de referencia, médico omoral, que adopte el incriminador.
Es juicio generalizado en el mundo y en el pueblo norteamericano, a juzgar por todas las encuestas, que en el afán de los republicanos se ocultan innegables objetivos electoreros contra un presidente que ha puesto en azul las cifras de la economía y goza de la aceptación internacional.
A pesar de la merma política que esa postura republicana ha conseguido entre los votantes, los miembros de la comisión jurídica, que preside el representante republicano Henry Hyde, sigue adelante quizás más por inercia que por genuinos deseos de hacerlo. El veterano Hyde sabe que podría seguir el mismo camino al ostracismo político que New Gingricht. Pero, al parecer, prefiere morir políticamente con las banderas desplegadas.
Una encuesta reciente de CNN y del diario USA Today revela que el 59% de los norteamericanos consultados se oponen a la destitución de Clinton y que el 62% no desea que abandone el cargo. Vale decir, existe consenso contra la destitución y contra la renuncia. Quizás los encuestados objeten la relación adúltera con Lewinsky, pero en su análisis distinguen claramente entre la conducta privada y la conducta pública del mandatario.
De su vida privada debe rendir cuentas a su esposa y su familia. De su vida pública, el enjuiciamiento político no sólo incumbe a los opositores políticos sino al conjunto de la ciudadanía. Las encuestas demuestran que los norteamericanos mayoritariamente desean que Clinton siga como presidente.

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