Bimestres, trimestres y desastres
La absurda discusión sobre el cambio sorpresivo de bimestres a trimestres, y de vacaciones de agosto a septiembre -con su inevitable amenaza de huelga y otras hierbas aromáticas- nos retrotrae el meollo del asunto. La educación panameña es un desastre. Y no porque haya bimestres en vez de trimestres, o que se den vacaciones en agosto en lugar de septiembre; es un desastre porque la calidad de quienes la dirigen -a nivel oficial y gremial- es de la peor ralea.
La politización de la educación, -que empezó con la "Reforma Educativa", se elevó en la lucha antidictatorial y ahora ha llegado a su valle más profundo con la toma de los gremios por la ultraizquierda iletrada- ha llevado al sector educativo a un callejón oscuro y pestilente en donde el educando es un mero instrumento para lograr beneficios económicos y avances de agenda política. Es vergonzoso tener que sufrir en la televisión a pseudodirigentes con capacidad intelectual fronteriza, castigar el lenguaje con frases incoherentes, atiborradas de errores gramaticales y con pronunciación tacaña de las eses y erres.
Nos ponemos a pensar en los pobres educandos que los tienen que padecer en el salón de clases sin la ventaja de poder cambiar de canal con el control remoto, y empezamos a comprender por qué, con cualquier excusa, se escapan de las aulas a trancar calles y tirar piedras. Definitivamente la solución al problema no se hallará en diálogos de sordos entre ministros y educadores; sólo cuando las comunidades de padres de familia y educandos tomen el control de la agenda, se podrá encontrar la salida, no importa cuántos bimestres o trimestres tome lograrlo.