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Biodiesel


LAS ALTERNATIVAS energéticas de Panamá frente a los combustibles fósiles no son muchas, y es preciso analizar otras opciones cuya viabilidad se irá acentuando a medida que el precio del petróleo siga subiendo.
Una de esas opciones es el combustible de origen vegetal conocido como biodiesel, que presenta características favorables y desfavorables que es preciso analizar en su conjunto.
La política energética del Gobierno consiste en subsidios de corte populista y en la sumisión a las empresas supranacionales que manejan los combustibles y la energía eléctrica. Otros países, ante disyuntivas similares, han buscado en la tecnología nacional y en recursos propios, paliativos para este estado de cosas.
El biodiesel es un combustible elaborado a partir de aceites vegetales y puede ser usado en cualquier motor diesel sin modificaciones mecánicas. Es obtenido de plantas como la soja, la palma aceitera africana, el cocotero, maní y el girasol mediante un proceso llamado transesterificación. El producto resultante es el biodiesel y el subproducto generado, llamado llamado glicerol, tiene aplicaciones en la industria y en la agricultura.
El biodiesel, así obtenido, puede utilizarse puro o en una combinación de mezclas con el diesel convencional. La mezcla más usada es la de 20% de biodiesel por 80% de diesel, aunque esta combinación no es reconocida como combustible alternativo por algunas legislaciones, como la norteamericana.
El orígen de las investigaciones en biodiesel se pueden rastrear hasta la II Guerra Mundial cuando la escasez generalizada de petróleo condujo a los primeros ensayos en Brasil. Durante el embargo petrolero árabe de 1970 empezó a desarrollarse en forma significativa la producción de biodiesel. Alrededor de 25 países poseen en la actualidad una producción estable de combustible vegetal. Entre estos están Alemania, Francia, Italia, Canadá, Estados Unidos y Malasia. La capacidad instalada de producción es sólo una fracción de la demanda suplida por las refinerías de petróleo.
El biodiesel presenta características favorables, ya que reduce la contaminación. Las emisiones de dióxido de carbono y dióxido sulfuroso, dos gases de invernadero, son reducidas en el 100%. La emisiones de hollín y monóxido de carbono son reducidas a la mitad y notables cancerígenos como los benzopirenos son eliminados en alrededor del 71 %.
Sin embargo, es preciso acotar que no todo aceite vegetal crudo es biodiesel. Este debe cumplir con la larga serie de requisitos de la American Society of Testing Materials (ASTM 6751) para garantizar su óptimo rendimiento como combustible y ser aprobado como tal. Como características desfavorables del biodiesel están el ataque a los conductos de transporte a base de caucho, la pérdida de fluidez a bajas temperaturas, la emisión de óxidos nitrosos y la pérdida de sus propiedades durante almacenamientos prolongados. El costo de la materia prima y su industrialización es su principal restricción económica, ya que no ha podido competir con el precio del petróleo. En el 2005, la Unión Europea legisló que el 5% de sus combustibles deben ser renovables, estableciendo la duplicación de este porcentaje para el año 2010. En Francia todos los combustibles diesel tienen 1% de biodiesel. Nuestra vecina Colombia, siendo el mayor productor latinoamericano de palma aceitera y el cuarto productor a nivel mundial, presentó una legislación que otorga incentivos fiscales a las empresas dedicadas a la investigación y producción del biodiesel, definiendo las normas de calidad de los biocombustibles y aumentando el porcentaje mínimo de éstos a utilizarse para satisfacer la demanda nacional del diesel. Una sustitución estimada del 30% del consumo de diesel colombiano por biodiesel originaría un incremento del 120% del área de cultivo en palma de aceite y la multiplicación de la mano de obra agrícola requerida.
Entre todas las fuentes de energía alternativa, los biocombustibles obtenidos de materias primas de origen agrícola están en vías de obtener una participación creciente en el mercado energético mundial. Los tratados internacionales referentes al cambio climático como el Protocolo de Kioto, del cual Panamá es firmante, presentan oportunidades para investigar la viabilidad técnica y financiera de este tipo de energías alternas.
El biodiesel puede generar interesantes oportunidades en varias direcciones en Panamá. En primer lugar, disminuiría el nivel de las emisiones de dióxido de carbono mejorando la salud pública. En áreas citadinas sometidas a intenso tráfico vehicular es corriente encontrar un aumento en el nivel de tóxicos en la sangre de niños en edad escolar y en adultos sometidos a estas exposiciones contaminantes. Provoca un efecto de limpieza en el entorno. La posibilidad de utilizarlo mezclado con el diesel convencional provocaría una reducción significativa en las emisiones de azufre, ya que el biodiesel carece de este compuesto. Actualmente, el país posee alrededor de cinco mil hectáreas cultivadas de palma aceitera en el occidente de Chiriquí, lo que indica que hay un nivel alto de experiencia en el rubro. Cualquier sustitución porcentual del combustible fósil por biodiesel implicaría nuevas áreas de cultivo, generación de empleo para la mano de obra calificada y no calificada y la disminución de la inmigración rural a las ciudades con su secuela de conflictos sociales.
Nuestra política energética nacional ha sido errática e incierta con cada gobierno. La demanda energética crece a un ritmo del 5% anual. Ello obliga a que los diputados propongan leyes que potencien el uso de energías alternativas, y que las universidades y empresas inviertan en la transferencia de nuevas tecnologías e investigaciones para determinar la viabilidad de opciones como la del biodiesel frente a la irreversible y creciente espiral de precios de los combustibles fósiles.

101 años de Panamá América

 
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