Biodiversidad para el desarrollo
Bajo el lema: Biodiversidad en Aras del Desarrollo, el 22 de mayo pasado se conmemoró el Día Internacional de la Biodiversidad, celebración que en esta ocasión se revistió de mayor importancia, toda vez que este año -2010- también fue declarado Año Internacional de la Biodiversidad, con el propósito de sensibilizar a la población en general sobre la importancia de la diversidad biológica, así como sus amenazas, incluyendo por supuesto, al temido y muy sonado cambio climático.
Pero toda la divulgación y los esfuerzos de promoción y movilización ciudadana están resultando insuficientes cuando al evaluar los adelantos en materia de protección y conservación de la biodiversidad, estos se siguen quedando pequeños en comparación con el avance imparable de la contaminación y la deforestación, por mencionar sólo dos flagelos.
Y es que recientemente en nuestra ciudad, la oficina regional del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) presentó en compañía de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) el tercer informe de Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad, en el que si bien se destaca con claridad que América Latina todavía posee la mayor biodiversidad del planeta, paralelamente el informe indica que la región también ostenta la tasa de deforestación más alta en el mundo. Cabe preguntarnos entonces: ¿qué errores seguimos cometiendo?
De acuerdo a los medios de prensa locales, durante la presentación del informe se señaló que la clave para la protección y recuperación de la diversidad biológica yace en un planificación eficiente en el uso de la tierra y del agua, la distribución equitativa de los recursos y la restauración de ecosistemas.
En otras palabras, la estrategia para conservar la diversidad biológica consiste en convencer a las personas de que los ecosistemas son vitales para la existencia humana y cruciales para la seguridad alimentaria.
El papel del ciudadano urbano –vs- el habitante rural en la protección de la biodiversidad: Persuadir a la población sobre la conservación de los ecosistemas y su repercusión en el bienestar humano representa un doble desafío, si lo abordamos desde la perspectiva demográfica, ya que a pesar de que el ciudadano urbano tiene mayor acceso a la información y a las tecnologías que la transmiten, los habitantes de las zonas rurales cuentan con el conocimiento empírico.
Afortunadamente, ya existen en Panamá iniciativas dirigidas a conservar la diversidad biológica que poseemos, destacamos al Proyecto Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño (CBMAP II) de la ANAM. Hoy por hoy, con el apoyo del Proyecto CBMAP II, hay más de 200 inversiones ambientales en seis provincias y tres territorios indígenas, que con gran ímpetu son llevadas a cabo por agrupaciones de base comunitaria. Su contribución no es abstracta y con sus acciones están impactando positivamente para contrarrestar el cambio climático.
*Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño.