Blades y Martinelli
En realidad, no tienen mayores cosas en común. Aspirar a la Presidencia de la República es una de ellas y liderar partidos sin estructura, es otra. Ni Papa Egoró, de Rubén Blandes, ni Cambio Democrático, son colectivos con sólidos cimientos. Existen por sus respectivos dueños o líderes, y se apagan con el interés de ellos, por razón de la poderosa fuerza centrípeta y centrífuga de la personalidad de uno y de otro. Obviamente, Papa Egoró es pasado y Cambio Democrático presente, pero ambos comparten la misma esencia.
En otro sentido, son partidos, obviando la existencia en el tiempo, de pura emoción y poca organización. Ninguno tuvo, ni tiene, presencia en todos los rincones del país, como sí la tienen colectivos "de verdad" como el PRD y el Panameñista. En eso, la historia tiene mucho que ver. Hay sangre, lágrimas, cartelazos, alegrías y sufrimientos, persecuciones, esperanzas, frustraciones, y otros ingredientes que amalgaman a un partido verdadero.
Cada uno en su tiempo, y obviándolo para facilitar la hipótesis, Rubén Blades y Ricardo Martinelli lideraron también las encuestas y canalizaron tras de sí las esperanzas de cambio, si no de la mayoría, al menos sí de mucha gente, sobre todo de jóvenes. Y si alguna lección puede sacarse con claridad de la historia, es que es muy probable que, contra todos los pronósticos iniciales, Blades hubiera alcanzado la Presidencia, a no ser porque su ventaja o caudal enorme de votos se vio reducido en un cuarto o en un tercio el día de las elecciones, porque careció de estructura y aparato organizativo para llevarlos a las urnas y hacer que se contaran en el momento decisivo; y porque, a diferencia de Martinelli, no tuvo la constancia para intentarlo una segunda vez.