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Blair en la cuenta regresiva



¿Se desvanece "la era Blair"? Las encuestas dicen que sí. Y si continúa la pérdida de liderazgo de Tony Blair, podría arrastrar al Laborismo como advierten sus críticos y anticipan los últimos sondeos que muestran una leve ventaja de los conservadores para las elecciones del 2009. En Downing Street reina la crisis y el reloj del debilitado primer ministro británico ha empezado su cuenta regresiva desde que, hace sólo unas semanas, ocho altos cargos de su gobierno dimitieran para forzar su inmediata salida. Blair anunció entonces que se retiraría, pero no dijo cuándo. A partir de esta semana la oposición lo ha convertido en "el primer ministro saliente" y su partido concentra sus energías en la transición.
Pero Blair se resiste a fijar una fecha para su retiro definitivo tras nueve años en el gobierno lo que ha agudizado aún más la crisis. Aunque, desde hace un tiempo, se ha filtrado que podría abandonar el poder en mayo del próximo año, pero sus partidarios consideran que es una fecha demasiado lejana para los aliados del probable sucesor, Gordon Brown, y que temen que para entonces sus oportunidades se desvanezcan para suceder a Blair.
Las especulaciones abundan luego que durante el reciente Congreso Laborista, realizado hace tan sólo unos días en Manchester, y donde Blair participó por última vez, éste se negara a mencionar a Brown, actual Ministro de Economía y Hacienda, como su sucesor en el cargo. Un gesto que podría revelar la intención, o por lo menos el interés de primer ministro británico de mantener un espacio abierto para algunas "sorpresas" a lo interno de su partido. Pero la estrategia desató también una frenética actividad política en el partido laborista y mil maniobras ocultas para su transición.
La transición de Blair no será ordenada como lo prometió. Se rumora que se está orquestando un complot en su contra para forzarlo a su pronta renuncia. Los analistas coinciden en que la crisis del gobierno laborista revela el descontento de sus afiliados por la participación de su país en la desacreditada guerra en Irak, por lo que la renuncia del más estrecho aliado de Bush se ha convertido en una cuestión nacional. Por ahora, lo que parece claro es que Blair ha perdido el liderazgo de su partido, ha iniciado la cuenta regresiva de su mandato y no controla el futuro político de su país donde, especialmente los laboristas, están a merced de los acontecimientos.

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