Blair, entre las palabras y la guerra
¿Cómo disimular las consecuencias negativas de la cuestionada guerra en Irak? El primer ministro británico, Tony Blair, quiso hacerlo con palabras esta semana; pero, al igual como le ocurrió con la guerra, las mismas se le enredaron y le han ocasionado a Downing Street un verdadero quebradero de cabeza, justo en el momento en que menos lo necesita el gobierno laborista enfrentado hoy a una agonizante crisis de liderazgo.
Los hechos ocurrieron durante una entrevista concedida por Blair al canal de televisión Al Yazira en la que, al responder la pregunta que afirmaba que la situación en Irak es "bastante desastrosa", dijo que "sí". Sus palabras resultaron incendiarias y fueron recogidas por la prensa mundial y la mayoría de los medios televisivos y diarios, especialmente en los Estados Unidos, destacó en sus titulares que Blair admitía que invadir Irak había sido un desastre.
En medio de la tormenta que las palabras de Blair han producido en el Reino Unido, el gobierno en Londres sostiene que Blair "no dijo lo que dijo", sino que sólo "admite (afirma) antes de responder adecuadamente", que "es su estilo"... Pero si el líder británico se enredó con su entrevista, las palabras de sus portavoces son incomprensibles y se muestran tan enredadas como la guerra en Irak, donde fue fácil iniciarla pero no saben cómo terminarla.
El revuelo por tales declaraciones no pudieron haber llegado en peor momento, no sólo para Blair, sino para el propio mandatario estadounidense George Bush, quien tras su reciente derrota electoral en ambas cámaras, ha tenido -en estas últimas semanas- que recapitular con discretas consideraciones sobre la presencia militar anglonorteamericana en Irak.