Blair y Bush ensayan un "pas de deux"
A mi padre, que fue suboficial en el ejército alemán en la I Guerra Mundial, donde fungía de traductor en el frente con Francia, le gustaba citar la famosa frase de Talleyrand, "profite de l"ocasion". En la crisis mundial desatada por el insólito atentado del 11 de septiembre, nadie ha sabido aprovechar la nueva coyuntura política como Tony Blair, el dinámico primer ministro de Gran Bretaña. De hecho, Blair se ha convertido en portavoz de la "coalición" desde que el presidente George W. Bush lo aclamó como "nuestro mejor aliado" cuando el visitante se encontraba sentado a lado de la esposa del mandatario en la solemne sesión del Congreso en la que el presidente estadounidense lanzó el llamado al mundo para unirse contra el terrorismo internacional y prometió conducir "al mundo a la victoria" contra los instigadores de la "primera guerra del siglo XXI".
Para algunos observadores ese fue el momento en que la política exterior de Estados Unidos retomó su tradicional orientación eurocéntrica después de los primeros nueve meses en que Bush con su visita a México y a la Cumbre de las Américas en Quebec había identificado al hemisferio como "la primera prioridad" de su política exterior.
"Fue como por un momento Blair usurpó el lugar que hasta pocos días antes le correspondía a Fox," me confíó un diplomático latinoamericano refiriéndose al hecho de que dos semanas antes el presidente Vicente Fox de México fue premiado con el mismo elogio por Bush que, al hablar de la importancia del "vecindario", parecía encaminado a revivir la Política del Buen Vecino del presidente Franklin D. Roosevelt. "Ese hombre se convirtió en la bisagra de una nueva relación entre la Unión Europea y EU y nosotros peligramos con quedarnos otra vez afuera de las principales corrientes internacionales".
Desde el horripilante ataque que los terroristas suicidas lanzaron contra Nueva York y Washington, y a pesar de los efímeros esfuerzos de los portavoces de la Casa Blanca de asegurar que "en nada ha variado" el compromiso de Bush con Latinoamérica, es obvio que todas las prioridades han cambiado. No hay la menor duda de que este giro se debe a la nueva situación geoestratégica creada por las amenazas del fundamentalista Osama bin Laden y sus redes terroristas, pero tampoco se puede ignorar el esfuerzo concertado de los principales miembros de la Unión Europea, y, notablemente la de Blair, por recobrar la primacía ante el gobierno y pueblo de EU. Además de Blair hicieron el peregrinaje político los líderes de Alemania, Francia, Italia, España, Turquía, Grecia, la OTAN y la Unión Europea, así como los de Rusia y China.
Sin duda Blair fue quien más se destacó por su apoyo sin reservas a la política de Bush. Cuando el presidente francés Jacques Chirac visitó Nueva York el 19 de septiembre, de inmediato comenzó a fijar algunos criterios novedosos de la coalición. "La acción militar no puede ser la única solución, hay que montar una auténtica acción coordinada internacional a medio plazo contra el terrorismo. Esto es algo que solo la ONU es capaz de hacer". Chirac fijaba dos criterios que han sido adoptados por la Casa Blanca: implicar a las naciones árabes moderadas y demostrar que el culpable de los ataques era bin Laden. En esa misma línea estaba Javier Solana, como representante de Exteriores de la Unión Europea: "Es importante evitar sacar la conclusión de que se trata de un choque de civilizaciones".
Sin embargo nadie se movilizó tanto como el infatigable y elocuente primer ministro británico. Sólo durante los últimos diez días visitó diez países, de Moscú a Islamabad, de Nueva Delhi al Cairo, a la vez que llamó a tres sesiones del Parlamento donde ofreció exposiciones del papel de Gran Bretaña marchando en un verdadero "pas de deux", junto con EU, que fueron ovacionadas tanto por la bancada oficialista como por la oposición conservadora.
El surgimiento del liderazgo de Blair es tanto más sorprendente, considerando que en un inicio el primer ministro, un dirigente laborista que tuvo gran amistad personal con Bill Clinton además de compartir posiciones ideológicas con el entonces presidente demócrata, tenía pocas perspectivas de congraciarse con Bush, un ex-gobernador de Texas que en un inicio se mostraba con pocas ganas de llegar a un mayor entendimiento con Europa.
En su edición del pasado viernes, el influyente Financial Times dedica su principal nota editorial a elogiar las gestiones del primer ministro con el título "Embajador Blair" en la que señala que gracias a la pronta e íntima relación que el líder laborista logró establecer con Bush, ahora está en una posición envidiable para influir la política de la "coalición" especialmente en su segunda fase, en la que algunos podrían querer expandir la operación contra los talibanes de Afganistán al Irak o a Siria. También se considera que Blair tuvo un efecto moderador en la actitud de Bush habiendo formado estrechos lazos con el secretario de Estado Colin Powell quien más insistió en la formación de una "coalición" similar a la que el padre de Bush conformo para la Guerra del Golfo.
"La decidida postura de Blair para fortalecer la coalición es compartida por el secretario de Estado Colin Powell," aseguro el editorial del Financial Times. "Cuando Powell prometio divulgar pruebas contra Osama bin Laden, fue bloqueado por los servicios de inteligencia en Washington. La semana pasada, Blair divulgó sus propias pruebas y le hizo un favor a Powell y al resto del mundo". También el comentarista británico Philip Stephens alaba a Blair por su "extraordinaria energía y su concentración en lo que parece ser una permanente gira diplomática por la región". Pero a su vez advierte contra los posibles excesos de la acción militar para acabar con al-Qaeda "que podría terminar en dejar que las ruinas de lo que una vez fue Kabul reemplace las ruinas de las Torres Gemelas como la principal imagen" para la opinión publica.
"Para su crédito, Blair entendió esto desde un comienzo," explica Stephens. "Su autodenominado papel de líder de la coalición a veces parece forzada. Ocasionalmente parecía darse demasiada importancia, a veces parecía servil ante Washington. Pero Blair tiene una estrategia. Y es buena. El sabe perfectamente que la acción militar debe usarse discriminatoriamente y también tiene que mantener las proporciones. Por eso ha logrado una importante voz en lo que todavía esta por venir."
Para algunos observadores ese fue el momento en que la política exterior de Estados Unidos retomó su tradicional orientación eurocéntrica después de los primeros nueve meses en que Bush con su visita a México y a la Cumbre de las Américas en Quebec había identificado al hemisferio como "la primera prioridad" de su política exterior.
"Fue como por un momento Blair usurpó el lugar que hasta pocos días antes le correspondía a Fox," me confíó un diplomático latinoamericano refiriéndose al hecho de que dos semanas antes el presidente Vicente Fox de México fue premiado con el mismo elogio por Bush que, al hablar de la importancia del "vecindario", parecía encaminado a revivir la Política del Buen Vecino del presidente Franklin D. Roosevelt. "Ese hombre se convirtió en la bisagra de una nueva relación entre la Unión Europea y EU y nosotros peligramos con quedarnos otra vez afuera de las principales corrientes internacionales".
Desde el horripilante ataque que los terroristas suicidas lanzaron contra Nueva York y Washington, y a pesar de los efímeros esfuerzos de los portavoces de la Casa Blanca de asegurar que "en nada ha variado" el compromiso de Bush con Latinoamérica, es obvio que todas las prioridades han cambiado. No hay la menor duda de que este giro se debe a la nueva situación geoestratégica creada por las amenazas del fundamentalista Osama bin Laden y sus redes terroristas, pero tampoco se puede ignorar el esfuerzo concertado de los principales miembros de la Unión Europea, y, notablemente la de Blair, por recobrar la primacía ante el gobierno y pueblo de EU. Además de Blair hicieron el peregrinaje político los líderes de Alemania, Francia, Italia, España, Turquía, Grecia, la OTAN y la Unión Europea, así como los de Rusia y China.
Sin duda Blair fue quien más se destacó por su apoyo sin reservas a la política de Bush. Cuando el presidente francés Jacques Chirac visitó Nueva York el 19 de septiembre, de inmediato comenzó a fijar algunos criterios novedosos de la coalición. "La acción militar no puede ser la única solución, hay que montar una auténtica acción coordinada internacional a medio plazo contra el terrorismo. Esto es algo que solo la ONU es capaz de hacer". Chirac fijaba dos criterios que han sido adoptados por la Casa Blanca: implicar a las naciones árabes moderadas y demostrar que el culpable de los ataques era bin Laden. En esa misma línea estaba Javier Solana, como representante de Exteriores de la Unión Europea: "Es importante evitar sacar la conclusión de que se trata de un choque de civilizaciones".
Sin embargo nadie se movilizó tanto como el infatigable y elocuente primer ministro británico. Sólo durante los últimos diez días visitó diez países, de Moscú a Islamabad, de Nueva Delhi al Cairo, a la vez que llamó a tres sesiones del Parlamento donde ofreció exposiciones del papel de Gran Bretaña marchando en un verdadero "pas de deux", junto con EU, que fueron ovacionadas tanto por la bancada oficialista como por la oposición conservadora.
El surgimiento del liderazgo de Blair es tanto más sorprendente, considerando que en un inicio el primer ministro, un dirigente laborista que tuvo gran amistad personal con Bill Clinton además de compartir posiciones ideológicas con el entonces presidente demócrata, tenía pocas perspectivas de congraciarse con Bush, un ex-gobernador de Texas que en un inicio se mostraba con pocas ganas de llegar a un mayor entendimiento con Europa.
En su edición del pasado viernes, el influyente Financial Times dedica su principal nota editorial a elogiar las gestiones del primer ministro con el título "Embajador Blair" en la que señala que gracias a la pronta e íntima relación que el líder laborista logró establecer con Bush, ahora está en una posición envidiable para influir la política de la "coalición" especialmente en su segunda fase, en la que algunos podrían querer expandir la operación contra los talibanes de Afganistán al Irak o a Siria. También se considera que Blair tuvo un efecto moderador en la actitud de Bush habiendo formado estrechos lazos con el secretario de Estado Colin Powell quien más insistió en la formación de una "coalición" similar a la que el padre de Bush conformo para la Guerra del Golfo.
"La decidida postura de Blair para fortalecer la coalición es compartida por el secretario de Estado Colin Powell," aseguro el editorial del Financial Times. "Cuando Powell prometio divulgar pruebas contra Osama bin Laden, fue bloqueado por los servicios de inteligencia en Washington. La semana pasada, Blair divulgó sus propias pruebas y le hizo un favor a Powell y al resto del mundo". También el comentarista británico Philip Stephens alaba a Blair por su "extraordinaria energía y su concentración en lo que parece ser una permanente gira diplomática por la región". Pero a su vez advierte contra los posibles excesos de la acción militar para acabar con al-Qaeda "que podría terminar en dejar que las ruinas de lo que una vez fue Kabul reemplace las ruinas de las Torres Gemelas como la principal imagen" para la opinión publica.
"Para su crédito, Blair entendió esto desde un comienzo," explica Stephens. "Su autodenominado papel de líder de la coalición a veces parece forzada. Ocasionalmente parecía darse demasiada importancia, a veces parecía servil ante Washington. Pero Blair tiene una estrategia. Y es buena. El sabe perfectamente que la acción militar debe usarse discriminatoriamente y también tiene que mantener las proporciones. Por eso ha logrado una importante voz en lo que todavía esta por venir."