Bloqueo de calles, reeditando a Evo Morales
El dirigente cocalero boliviano, Evo Morales, quien ha hecho del bloqueo de calles y el sitio de las ciudades su arma infalible, estuvo aquí hace tres meses dictando una conferencia sobre temas indígenas en la Universidad de Panamá. Pocos se enteraron. Nosotros sí, y registramos con preocupación el hecho.
Es un peligroso error sustraer a la Policía Nacional de su obligación de mantener despejadas las vías frente a las protestas de quienes repudian las reformas al Seguro Social. Veamos precisamente el ejemplo inmediato de Bolivia, donde los manifestantes partidarios de la nacionalización del gas natural y los recursos mineros, tienen en jaque al gobierno del presidente Meza, con el único recurso de inmovilizar y sitiar las ciudades, bloqueando sus calles, incluyendo sus entradas y salidas.
En la Edad Media, época de oro de las ciudades estado amuralladas, la guerra se hacía sitiando de antemano durante meses y hasta años aquellas fortalezas, hasta que colapsaban económicamente y se rendían. Se suele decir que era el hambre y la sed lo que hacía capitular aquellas moles militarmente inexpugnables; pero no es cierto. Era el colapso de su estructura económica, la quiebra de libre flujo económico, comercial e industrial lo que las hería de muerte. En efecto, privadas del beneficioso intercambio de mercaderías con las colonias de siervos agricultores y artesanos de la periferia y otras ciudades, terminaban alzando la bandera blanca, con todo su ejército intacto, sin disparar un solo tiro.
Evo Morales reeditó y perfeccionó en su país la estrategia del medioevo y, luego de derrocar al presidente Sanchez de Lozada, ahora tiene de rodillas al actual mandatario Carlos Meza. Y si no lo termina de echar "a patadas", como dijo hace poco, es porque quiere asegurar para sí las condiciones para ganar el poder con las reglas del sistema, esto es, por el voto. Es la misma estrategia que aplicaron después con éxito los manifestantes en Ecuador, echando de la presidencia de Lucio Gutiérrez. Pero el primero en usarla fue el presidente venezolano Hugo Chávez para derrocar en pocas horas al gobierno de empresarios que lo hubo derribado con la ayuda de sectores militares.
La experiencia sudamericana nos enseña que hoy, a diferencia del Che Guevara, Fidel Castro y los sandinistas, no es menester disparar un tiro para derrocar a un gobierno. Basta con bloquear una calle y que la práctica se generalice frente a la indiferencia policial.
Es un peligroso error sustraer a la Policía Nacional de su obligación de mantener despejadas las vías frente a las protestas de quienes repudian las reformas al Seguro Social. Veamos precisamente el ejemplo inmediato de Bolivia, donde los manifestantes partidarios de la nacionalización del gas natural y los recursos mineros, tienen en jaque al gobierno del presidente Meza, con el único recurso de inmovilizar y sitiar las ciudades, bloqueando sus calles, incluyendo sus entradas y salidas.
En la Edad Media, época de oro de las ciudades estado amuralladas, la guerra se hacía sitiando de antemano durante meses y hasta años aquellas fortalezas, hasta que colapsaban económicamente y se rendían. Se suele decir que era el hambre y la sed lo que hacía capitular aquellas moles militarmente inexpugnables; pero no es cierto. Era el colapso de su estructura económica, la quiebra de libre flujo económico, comercial e industrial lo que las hería de muerte. En efecto, privadas del beneficioso intercambio de mercaderías con las colonias de siervos agricultores y artesanos de la periferia y otras ciudades, terminaban alzando la bandera blanca, con todo su ejército intacto, sin disparar un solo tiro.
Evo Morales reeditó y perfeccionó en su país la estrategia del medioevo y, luego de derrocar al presidente Sanchez de Lozada, ahora tiene de rodillas al actual mandatario Carlos Meza. Y si no lo termina de echar "a patadas", como dijo hace poco, es porque quiere asegurar para sí las condiciones para ganar el poder con las reglas del sistema, esto es, por el voto. Es la misma estrategia que aplicaron después con éxito los manifestantes en Ecuador, echando de la presidencia de Lucio Gutiérrez. Pero el primero en usarla fue el presidente venezolano Hugo Chávez para derrocar en pocas horas al gobierno de empresarios que lo hubo derribado con la ayuda de sectores militares.
La experiencia sudamericana nos enseña que hoy, a diferencia del Che Guevara, Fidel Castro y los sandinistas, no es menester disparar un tiro para derrocar a un gobierno. Basta con bloquear una calle y que la práctica se generalice frente a la indiferencia policial.