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Bochinche de pueblo


El periódico El Panamá América inició una investigación sobre los certificados médicos de los marinos en las Filipinas, por el respetado y destacado periodista Rafael Pérez Jaramillo, que por su seriedad tuvo respuesta del Canciller de la República, José Miguel Alemán y también hubo una acción de la Autoridad Marítima de Panamá y consideramos que el gobierno procedió de acuerdo a las normas.
Pero lo que no sospechábamos que el caso se convertiría en un bochinche de pueblo, donde dos familias que se adversan por asuntos políticos y cosas de vecinos, de comunidades, para convertirse en una pelea al estilo carnavalesco de calle arriba y calle abajo, donde la imaginación se lleva al pentagrama musical para alimentar las rivalidades y lo que la imaginación sea capaz de crear.
Para las personas que hemos luchado por el debido proceso, antes de 1989 y posterior a esta fecha e inclusive, hemos sido víctimas como persona y como familia de lo que somos capaces los panameños de hacer daño, nos parece que lejos de estar frente a un aporte periodístico, estamos frente a rumores que se han convertido en hechos noticiosos.
Aparte del artículo serio y fundamental de El Panamá América, nos encontramos frente a una disputa de los Castillero de Parita y los Escalona de Chitré, donde en esta etapa, los de Parita aprovechan de una coyuntura para sacar o para cobrar pases de factura o de venganza, más que la búsqueda de la verdad, porque la verdad sólo se encuentra en los tribunales de justicia y el dañar reputaciones en los medios de prensa.
Es un hecho notorio que en el pasado los cargos diplomáticos se distribuían por apellidos, después por relaciones con los hombres uniformados y en la democracia por relaciones con el Ejecutivo; sin embargo, en el caso específico de los Escalona y de apellidos como los Weeden y otros más, sabemos que son familias enteras que se fajaron políticamente por el triunfo de la presidenta Mireya Moscoso y que esas posiciones son ganadas desde el punto de vista de la militancia y compromisos con el programa.
Soy un crítico de aquellos que se acercan a los medios por intereses económicos o de venganza, por eso me pareció de muy poca altura que mi amigo el legislador Jerry Wilson no votara por Guillermo Endara por aspectos de cobros de factura o que el hijo de Alberto Pons no ocupara una alta posición en el proceso electoral porque lo relacionaron con su padre.
Considero pues, que podríamos estar ante uno de los tantos casos donde los medios de prensa podrían estar obligando a una familia entera a demostrar lo más duro en la vida que es la propia inocencia. En el pasado, especialmente en la administración Endara, noticias y artículos defendí el debido proceso de muchas personas y en esta oportunidad, al no ver la sustentación de pruebas, siento que tanto pobres o ricos, opositores o gobierno podremos ser víctimas de esta cultura de la infamia.
La ciudadanía ha sido estremecida por lo que podría ser un bochinche de pueblo en momentos en que hay temas de la agenda nacional demasiado importantes, que tienen que ver con la solución con los grandes problemas, entre ellos el empleo y la miseria; es imperdonable que en momentos en que transitamos de una economía canalera a una economía integral, el país se concentre en cosas que se podrían solucionar en una corregiduría o como buenos amigos que conviven dentro de una comunidad.
Hoy quisiera recordar a Arnulfo Escalona padre, a quien tanto admiré por ser hombre de bien y porque en momentos muy difíciles en que se caminaba hacia la democracia, jugó un gran papel como parlamentario y considero que esos hijos tienen el deber de continuar con la misma madera de su difunto padre.

101 años de Panamá América

 
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