Bomberos: fuerza viva
En el silencio de la noche se escuchó un grito: “Auxilio, fuego, fuego... Llamen a los bomberos...” ¿Cuántas veces hemos escuchado el agudo sonido de las sirenas de los carros de extinción de incendios? Quizás ese sonido a usted nada le signifique, pero detrás del ulular de una sirena hay toda una definición. Ese sonido, que no es más que un auxilio, es la señal para poner en movimiento a un grupo de hombres y mujeres que, dejando sus trabajos habituales, se transforman en bomberos en rápida carrera para ir a vencer el fuego y la muerte.
Los bomberos saben que en el momento del peligro no se pertenecen, están dispuestos a sacrificarse, por ello acuden al llamado del auxilio sin perder tiempo y se esfuerzan por dar lo mejor de sí. Su misión es la de salvar vidas y propiedades, y jamás se le ha visto retroceder ni abandonar una víctima del fuego. Muchas personas condenadas a perecer entre las llamas, han sido devueltas a la vida por la acción heróica de los bomberos, y muchos “camisas rojas” también han dejado sus vidas entre las llamas o bajo los escombros en el cumplimiento del deber, olvidándose de sí mismos y de las personas a quienes aman. Ese es el hombre y mujer que usted ve correr en las calles, con su equipo listo para combatir; que se ha impuesto voluntariamente el compromiso de servir a sus semejantes, sin condición alguna, con “Disciplina, Honor y Abnegación”.
Este 1 de junio, felicidades a los miembros voluntarios de la Compañía No. 2, que por determinación dicen presente cuando el deber los llama. No podría terminar sin rendir homenaje a quienes, después de una larga jornada, ya no se encuentran con nosotros, pero que desde la eternidad atenderán jubilosos el llamado de su querida compañía del Cuerpo de Bomberos de Panamá, “Florencio Arosemena” en su centenario 1903- 2003.
Además, como en cuestiones económicas nada es “gratis”, recrudeció el “déficit” fiscal (que en realidad debería denominarse “exceso” estatal). Tradicionalmente, los gobiernos uruguayos han “solucionado” este problema de tres maneras: con inflación, con endeudamiento, o una combinación de ambos.
Desde la década pasada, los sucesivos gobernantes optaron por endeudarse. Y lo hicieron en forma tan diligente que la relación de deuda con el PIB para el 2003 alcanzará 100%.
Es por eso que causa tanta indignación que el Estado -con el aval del Fondo Monetario Internacional- una vez asfixiada la actividad privada, en vez de corregir rápidamente los errores que lo llevaron a tan delicada situación, pretenda continuar financiando “sus” excesos, a expensas de deteriorar aún más la calidad de vida de los ciudadanos corrientes, quienes sin ser los responsables han soportado todo el peso de la crisis.
Según el informe presentado del FMI para la segunda revisión del acuerdo vigente con Uruguay, los ingresos fiscales caerán 0,5% este año por la menor actividad. Agrega, que eso será parcialmente “compensado” por el superávit equivalente a 0,7% del PIB, que tendrán las empresas públicas. Indicó que eso será posible porque el Estado tiene previsto aumentar sus tarifas monopólicas de servicios esenciales, entre 23 % y 49% durante 2003.
Nuestros niños aprenden en los textos escolares que “los servicios públicos deben estar en manos del Estado, para abaratar los precios, mejorar el servicio y evitar que las empresas extranjeras se lleven las ganancias al exterior”. En realidad, tanto los políticos como los sindicatos de empleados públicos saben bien que esos monopolios son un importante instrumento de poder, además de una tentadora fuente de ganancias, a costa de explotar al pueblo.
Las decenas de miles de emigrantes uruguayos, ese 20% de desocupados, ese 46,6 % de niños que están naciendo en la indigencia, son la palpable demostración del daño que pueden provocar las doctrinas equivocadas.
*Analista uruguaya.
(c)www.aipenet.com
Los bomberos saben que en el momento del peligro no se pertenecen, están dispuestos a sacrificarse, por ello acuden al llamado del auxilio sin perder tiempo y se esfuerzan por dar lo mejor de sí. Su misión es la de salvar vidas y propiedades, y jamás se le ha visto retroceder ni abandonar una víctima del fuego. Muchas personas condenadas a perecer entre las llamas, han sido devueltas a la vida por la acción heróica de los bomberos, y muchos “camisas rojas” también han dejado sus vidas entre las llamas o bajo los escombros en el cumplimiento del deber, olvidándose de sí mismos y de las personas a quienes aman. Ese es el hombre y mujer que usted ve correr en las calles, con su equipo listo para combatir; que se ha impuesto voluntariamente el compromiso de servir a sus semejantes, sin condición alguna, con “Disciplina, Honor y Abnegación”.
Este 1 de junio, felicidades a los miembros voluntarios de la Compañía No. 2, que por determinación dicen presente cuando el deber los llama. No podría terminar sin rendir homenaje a quienes, después de una larga jornada, ya no se encuentran con nosotros, pero que desde la eternidad atenderán jubilosos el llamado de su querida compañía del Cuerpo de Bomberos de Panamá, “Florencio Arosemena” en su centenario 1903- 2003.
Además, como en cuestiones económicas nada es “gratis”, recrudeció el “déficit” fiscal (que en realidad debería denominarse “exceso” estatal). Tradicionalmente, los gobiernos uruguayos han “solucionado” este problema de tres maneras: con inflación, con endeudamiento, o una combinación de ambos.
Desde la década pasada, los sucesivos gobernantes optaron por endeudarse. Y lo hicieron en forma tan diligente que la relación de deuda con el PIB para el 2003 alcanzará 100%.
Es por eso que causa tanta indignación que el Estado -con el aval del Fondo Monetario Internacional- una vez asfixiada la actividad privada, en vez de corregir rápidamente los errores que lo llevaron a tan delicada situación, pretenda continuar financiando “sus” excesos, a expensas de deteriorar aún más la calidad de vida de los ciudadanos corrientes, quienes sin ser los responsables han soportado todo el peso de la crisis.
Según el informe presentado del FMI para la segunda revisión del acuerdo vigente con Uruguay, los ingresos fiscales caerán 0,5% este año por la menor actividad. Agrega, que eso será parcialmente “compensado” por el superávit equivalente a 0,7% del PIB, que tendrán las empresas públicas. Indicó que eso será posible porque el Estado tiene previsto aumentar sus tarifas monopólicas de servicios esenciales, entre 23 % y 49% durante 2003.
Nuestros niños aprenden en los textos escolares que “los servicios públicos deben estar en manos del Estado, para abaratar los precios, mejorar el servicio y evitar que las empresas extranjeras se lleven las ganancias al exterior”. En realidad, tanto los políticos como los sindicatos de empleados públicos saben bien que esos monopolios son un importante instrumento de poder, además de una tentadora fuente de ganancias, a costa de explotar al pueblo.
Las decenas de miles de emigrantes uruguayos, ese 20% de desocupados, ese 46,6 % de niños que están naciendo en la indigencia, son la palpable demostración del daño que pueden provocar las doctrinas equivocadas.
*Analista uruguaya.
(c)www.aipenet.com