Botando dinero en la Interamericana
La decisión del Gobierno Nacional de continuar el ensanche a cuatro carriles de la Interamericana, empezando desde Aguadulce hacia Santiago, pasando antes por Divisa, fue atinada. Los trabajos avanzan paulatinamente y, en su momento, serán concluidos. Lo único negativo fue su postergación, dejándolos para la última etapa de su administración, exponiéndolos a que, con el advenimiento del próximo gobierno, sufran nuevas posposiciones, si es que no se terminan a tiempo las actuales obras.
Desde Santiago hacia David, se están también ejecutando trabajos de reparación y ensanche en sitios críticos. La importante vía estaba muy deteriorada, y kilómetros enteros de su losa se había hundido o yacía irremediablemente perdida. Lástima que no se haya emprendido también su construcción a cuatro carriles, como con el resto de la misma. Ella se convertirá en un cuello de botella hasta que el ensanche se haga algún día. De cualquier modo, los trabajos actuales no se perderán porque los mismos son necesarios cuando llegue el momento de construir los dos carriles adicionales.
Completar el ensanche de la Interamericana desde la frontera con Costa Rica hasta la ciudad capital, es un sueño largamente acariciado por generaciones de panameños. Cuando Belisario Porras la emprendió a principios del siglo pasado, se conformaba apenas con buscar una alternativa al atribulado transporte por mar entre la ciudad de Panamá y el resto de las provincias. El mismo había sufrido las peripecias de atravesar el Istmo a caballo, cruzando ríos y siguiendo caminos de tierra, al frente de tropas liberales, partiendo desde Punta Burica hasta el Puente de Calidonia, durante la Guerra de los Mil Días. No es de extrañar entonces que la vía se transformara en una de sus prioridades una vez llegado a la presidencia de la República.
Todas esas obras, pues, están bien y son magníficas. Lo que sí es un desastre es seguir permitiendo que, lo que se avanza en la vanguardia, se pierda en la retaguardia, porque es como trabajar por gusto. Nos referimos al deterioro galopante que está sufriendo la Interamericana entre la ciudad capital y Aguadulce. Sencillamente se está llenando de baches y haciéndose intransitable. ¿Qué se pretende con eso? ¿Atribuir acaso su deterioro al nuevo gobierno? ¡No puede ser!
Cierto que en nuestro diccionario no existe la palabra “mantenimiento”, pero al menos podemos ir esmerándonos en aprender. Si no lo hacemos, estaremos tarde o temprano botando el dinero, porque el tiempo todo lo deteriora y, por ende, la única forma conocida para conservar y disfrutar por un mayor tiempo de nuestra inversión es dándole mantenimiento. Esa es la lección heredada por la administración panameña del Canal de su precedente norteamericana. Igual cabe para el resto del gobierno nacional. “Ahorrar” o recortar en mantenimiento es botar la plata. Que tome nota Economía y Finanzas.
Hoy nos está matando la inactividad, y ésta nos quema el espíritu y nos lo hiende con todas sus aristas. La gente se está suicidando en Panamá por hambre de una actividad positiva para él, su familia y toda la sociedad. Podemos buscar juntos la fórmula que nos permita encontrarle soluciones a este desequilibrio que a todos nos afecta.
Desde Santiago hacia David, se están también ejecutando trabajos de reparación y ensanche en sitios críticos. La importante vía estaba muy deteriorada, y kilómetros enteros de su losa se había hundido o yacía irremediablemente perdida. Lástima que no se haya emprendido también su construcción a cuatro carriles, como con el resto de la misma. Ella se convertirá en un cuello de botella hasta que el ensanche se haga algún día. De cualquier modo, los trabajos actuales no se perderán porque los mismos son necesarios cuando llegue el momento de construir los dos carriles adicionales.
Completar el ensanche de la Interamericana desde la frontera con Costa Rica hasta la ciudad capital, es un sueño largamente acariciado por generaciones de panameños. Cuando Belisario Porras la emprendió a principios del siglo pasado, se conformaba apenas con buscar una alternativa al atribulado transporte por mar entre la ciudad de Panamá y el resto de las provincias. El mismo había sufrido las peripecias de atravesar el Istmo a caballo, cruzando ríos y siguiendo caminos de tierra, al frente de tropas liberales, partiendo desde Punta Burica hasta el Puente de Calidonia, durante la Guerra de los Mil Días. No es de extrañar entonces que la vía se transformara en una de sus prioridades una vez llegado a la presidencia de la República.
Todas esas obras, pues, están bien y son magníficas. Lo que sí es un desastre es seguir permitiendo que, lo que se avanza en la vanguardia, se pierda en la retaguardia, porque es como trabajar por gusto. Nos referimos al deterioro galopante que está sufriendo la Interamericana entre la ciudad capital y Aguadulce. Sencillamente se está llenando de baches y haciéndose intransitable. ¿Qué se pretende con eso? ¿Atribuir acaso su deterioro al nuevo gobierno? ¡No puede ser!
Cierto que en nuestro diccionario no existe la palabra “mantenimiento”, pero al menos podemos ir esmerándonos en aprender. Si no lo hacemos, estaremos tarde o temprano botando el dinero, porque el tiempo todo lo deteriora y, por ende, la única forma conocida para conservar y disfrutar por un mayor tiempo de nuestra inversión es dándole mantenimiento. Esa es la lección heredada por la administración panameña del Canal de su precedente norteamericana. Igual cabe para el resto del gobierno nacional. “Ahorrar” o recortar en mantenimiento es botar la plata. Que tome nota Economía y Finanzas.
Hoy nos está matando la inactividad, y ésta nos quema el espíritu y nos lo hiende con todas sus aristas. La gente se está suicidando en Panamá por hambre de una actividad positiva para él, su familia y toda la sociedad. Podemos buscar juntos la fórmula que nos permita encontrarle soluciones a este desequilibrio que a todos nos afecta.