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Brújula para un país astillado


EL GOBIERNO entró en razón y anunció el despegue de un proceso de elaboración de un plan o estrategia nacional de desarrollo, el cual se anunció estará, metodológicamente, en manos del PNUD.
Es buen momento para afirmar que el proceso debe ser incluyente y transparente, abierto a la incorporación de todos los sectores sociales, políticos, económicos y culturales.
Aunque esta convocatoria nace al calor del debate del referéndum de la ampliación del canal, una estrategia de desarrollo nacional trasciende ese tema, puesto que se trata de pensar y transformar al país en su conjunto. No debe verse, pues, como un esquema de repartición de supuestos beneficios canaleros, sino como la construcción participativa de un modelo de desarrollo y de políticas públicas establecidas no solo para crear sino para redistribuir recursos, oportunidades y capacidades.
El plan no puede ser solo socioeconómico, sino también político y cultural, pues sin cambios fundamentales en la forma de hacer democracia e institucionalidad, tanto como en la cultura política, no se generará desarrollo sino solo crecimiento concentrador, centralista e inequitativo.
Los actores que participarán en este acuerdo deben comprometerse a cumplir lo que emane del diálogo, e impulsar la estrategia estén donde estén, sea en el gobierno y la oposición, en el mundo laboral o empresarial, en la política o sociedad civil. Por ello, debe integrarse en lo que se discutirá acuerdos sobre cumplimiento, rendición de cuentas, vigilancia y monitoreo ciudadano.
El hecho de que tantos sectores piensen en la necesidad de un plan o estrategia, afirma innegablemente que no puede dejarse el desarrollo de un país al vaivén de la mano "invisible" del mercado, sino que es necesario la existencia de una brújula dotada de instrumentos racionales, confeccionada e inspiradas entre todos y todas, que sea portadora de una concepción de la realidad, del desarrollo, la democracia, y especialmente de la participación ciudadana.
El plan debe responder a una planificación emergente que tenga capacidad de tomar en cuenta los fenómenos no previstos o no deliberados y adecuarse, pero nunca negando los objetivos estratégicos y los valores que inspiran el proceso.
El tema de la representación en el proceso es clave, pues al mismo tiempo que es necesario que esa representación sea legítima en su selección, también es cierto que cada sector o entidad debe estimular procesos de consultas y decisión internos que permita que no sea la opinión de un dirigente sino el consenso interno de cada entidad lo que prevalezca.
Un marco necesario en este proceso es la experiencia de la Visión 2020. Se trató de edificar un objetivo estratégico compartido por el conjunto de la Nación frente al mundo, que permitiera recoger los más amplios intereses sectoriales. El 29 de mayo de 1998, el documento fue firmado por los representantes de todos los partidos políticos y sectores de la sociedad civil panameña, que hicieron un alto en las pugnas políticas y sociales para suscribir una visión conjunta de país. A lo largo de 1998, el documento Visión Nacional 2020 fue discutido con 1,500 dirigentes de la sociedad civil en todas las provincias y comarcas indígenas del país a través de talleres participativos y productos comunicativos populares, los eventos se convirtieron en espacio de encuentro y articulación de la sociedad civil de provincias y regiones.
El documento de la Visión 2020 señala temas como la democracia, el desarrollo económico, la equidad social y la ética, la autodeterminación y la sostenibilidad ambiental como las cinco puntas de la misma estrella, como los cinco aspectos claves que articulados entre sí dibujan la sociedad que queremos tener y construir para el futuro marcado por el año 2020. Es importante señalar que ninguna de estas puntas debe proyectarse prescindiendo de las otras lo que mutilaría la integralidad necesaria para el pleno desenvolvimiento, porque, por ejemplo, el crecimiento económico sin equidad es excluyente para las mayorías, la autodeterminación sin democracia está huérfana de su base de sustentación, la democracia sin desarrollo económico no se sostiene por mucho tiempo, y el crecimiento económico sin sostenibilidad ambiental puede atentar contra la sobrevivencia y la calidad de vida de la gente.
La Visión Nacional 2020 afirma la posibilidad de ser un país con capacidad de mantener y elevar la calidad de vida de la mayoría de sus habitantes, disminuyendo la pobreza en general y eliminando la pobreza extrema, dotado de un excelente sistema educativo, descentralizado en funciones y recursos, con una institucionalidad democrática sólida, sin discriminación de ningún tipo, con participación real de los ciudadanos en la democracia y el desarrollo, manteniendo y ampliando sus bosques, con un desarrollo urbano integral y sin militarismo de ninguna clase, atravesado todo esto desde una mirada ética. Todos los elementos que se afirman en la Visión Nacional son realizables, son posibles, pues Panamá posee suficientes recursos y capacidades para lograrlos dependiendo de la voluntad política, previsión y decisión para lograrlo.
En mayo del 2002 se constituye el Foro Panamá 2020, a través de un grupo de los firmantes que conforman el Grupo Dinamizador y que consiguen reunir a otros firmantes originales y nuevos adherentes, y así se crea el Foro Panamá 2020 que funcionó hasta el 2004. Para impulsar el cumplimiento de la Visión 2020 se priorizaron tres mesas de trabajo que elaboraron sendas propuestas al país: Los lineamientos básicos de una nueva Constitución, una propuesta de integridad, y el "Visionómetro", como instrumento de monitoreo ciudadano. raulleisr@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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