Buen gesto de Israel
LA LIBERACIÓN de 159 presos palestinos por Israel, es un evidente gesto de buena voluntad para con el liderazgo provisional de esa nacionalidad que se apresta a presidir elecciones para sustituir a su fallecido líder Yasser Arafat. Se espera que del evento electoral surja una presidencia más moderada, flexible y creativa, que permita avanzar el proceso negociador, para retomar impulso a la llamada "hoja de ruta", trazada por Estados Unidos para convertir los territorios palestinos en un Estado.
Durante años, el proceso negociador estuvo estancado, dando paso a radicalismos de ambos extremos, de Israel y la nación palestina. Los atentados suicidas de unos y las represalias de otros, fueron la característica que cobró miles de muertes, sobre todo palestinos, a más de la condenable ejecución de asesinatos selectivos por el gobierno israelí que, en varias ocasiones, arrebató también vidas inocentes. Ni hablar de los cobardes atentados dinamiteros contra la población civil de Israel, incluso contra niños. Aquello dejó hace mucho tiempo de ser una guerra para convertirse en un vulgar crimen.
Según Israel y Estados Unidos, Arafat no era ya interlocutor válido de negociación alguna, sufriendo el proceso de paz un doloroso retroceso, simbolizado por la vergonzosa muralla que surca hoy los territorios palestinos, separando a su gente de los israelíes, la cual ha merecido la condena de la Corte Penal Internacional.
Tras la muerte de Arafat, comentamos que se abría una esperanza de reactivación del proceso de paz. Y precisamente, en estas fechas de tanto significado para Occidente y el cristianismo, la liberación de los presos palestinos, aunque insignificante comparada con los 7 mil que continúan detenidos en cárceles de Israel, son empero una buena señal, como la estrella que anunció el nacimiento del Niño Dios; y que esta vez esperamos nos traiga la retoma del camino de la paz con el mundo árabe.
Tenemos fe en el futuro de Panamá, porque hay hombres y mujeres que no han perdido la esperanza y que continúan en la lucha que ha de colocarnos en un lugar preferencial, dentro del concierto de las naciones del continente.
Creemos en el futuro de Panamá, porque se vislumbran cambios que han de contribuir a erradicar el flagelo de la corrupción.
"El Pulso de Panamá" de Panamá América del sábado 25 de diciembre manifiestó: "Esperanza: Hay esperanzas de cambio, de mejores días para nuestro hogar colectivo, nuestro país. Y esa esperanza nos viene del hecho de contar con nuevo gobierno que ha trazado metas que vislumbran mejores días. Ahora tenemos un equipo dinámico de gente joven, alternada con otros de experiencia al mando.
Mejoramiento: Pero hemos de tener claro que la forja de un futuro mejor es tarea de todos no sólo del gobierno y que nosotros, como gobernados, tenemos que poner nuestra parte, porque Panamá es de todos. Ello implica procurar ser mejores y poner en ello todo nuestro empeño.
Y hay que serlo de veraz, mejores padres, mejores hijos, mejores trabajadores, mejores estudiantes, mejores seres humanos.
Funcionarios: Nuestros gobernantes y funcionarios deberán hacer lo mismo. Ser conscientes que su jefe supremo es el ciudadano a quien sirven y a quien se deben. El puesto que ocupan no es suyo, es el pueblo que los puso allí, directamente o por delegación, quien paga su salario. Deben acostumbrarse a tolerar las críticas, aún las subidas de tono y a rendir cuentas al soberano; y, sobre todo, ser honesto".
Durante años, el proceso negociador estuvo estancado, dando paso a radicalismos de ambos extremos, de Israel y la nación palestina. Los atentados suicidas de unos y las represalias de otros, fueron la característica que cobró miles de muertes, sobre todo palestinos, a más de la condenable ejecución de asesinatos selectivos por el gobierno israelí que, en varias ocasiones, arrebató también vidas inocentes. Ni hablar de los cobardes atentados dinamiteros contra la población civil de Israel, incluso contra niños. Aquello dejó hace mucho tiempo de ser una guerra para convertirse en un vulgar crimen.
Según Israel y Estados Unidos, Arafat no era ya interlocutor válido de negociación alguna, sufriendo el proceso de paz un doloroso retroceso, simbolizado por la vergonzosa muralla que surca hoy los territorios palestinos, separando a su gente de los israelíes, la cual ha merecido la condena de la Corte Penal Internacional.
Tras la muerte de Arafat, comentamos que se abría una esperanza de reactivación del proceso de paz. Y precisamente, en estas fechas de tanto significado para Occidente y el cristianismo, la liberación de los presos palestinos, aunque insignificante comparada con los 7 mil que continúan detenidos en cárceles de Israel, son empero una buena señal, como la estrella que anunció el nacimiento del Niño Dios; y que esta vez esperamos nos traiga la retoma del camino de la paz con el mundo árabe.
Tenemos fe en el futuro de Panamá, porque hay hombres y mujeres que no han perdido la esperanza y que continúan en la lucha que ha de colocarnos en un lugar preferencial, dentro del concierto de las naciones del continente.
Creemos en el futuro de Panamá, porque se vislumbran cambios que han de contribuir a erradicar el flagelo de la corrupción.
"El Pulso de Panamá" de Panamá América del sábado 25 de diciembre manifiestó: "Esperanza: Hay esperanzas de cambio, de mejores días para nuestro hogar colectivo, nuestro país. Y esa esperanza nos viene del hecho de contar con nuevo gobierno que ha trazado metas que vislumbran mejores días. Ahora tenemos un equipo dinámico de gente joven, alternada con otros de experiencia al mando.
Mejoramiento: Pero hemos de tener claro que la forja de un futuro mejor es tarea de todos no sólo del gobierno y que nosotros, como gobernados, tenemos que poner nuestra parte, porque Panamá es de todos. Ello implica procurar ser mejores y poner en ello todo nuestro empeño.
Y hay que serlo de veraz, mejores padres, mejores hijos, mejores trabajadores, mejores estudiantes, mejores seres humanos.
Funcionarios: Nuestros gobernantes y funcionarios deberán hacer lo mismo. Ser conscientes que su jefe supremo es el ciudadano a quien sirven y a quien se deben. El puesto que ocupan no es suyo, es el pueblo que los puso allí, directamente o por delegación, quien paga su salario. Deben acostumbrarse a tolerar las críticas, aún las subidas de tono y a rendir cuentas al soberano; y, sobre todo, ser honesto".