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Buenas intenciones acaban con bosques


Uno de los pocos lugares en América Latina donde no se están destruyendo los bosques ricos en variedad de especies es al norte de Guatemala: unas 500 mil hectáreas de la llamada Zona de Múltiples Usos. En un país donde la pobreza y el rápido crecimiento de la población impulsa la deforestación por encima del 2% anual, esta zona permanece impecable. ¿A qué se debe el éxito de la zona? No tiene nada que ver con la generosidad de ambientalistas de naciones ricas sino más bien de los derechos de propiedad. En 1994, la nación que era dueña de esas tierras, decidió dividir la zona en concesiones forestales de 25 años, cedidas a 13 comunidades y a dos empresas privadas. Al comienzo, los ingresos generados por comunidades sin previa experiencia en el negocio maderero eran ínfimos. Los precios de la madera han aumentado, lo cual es un incentivo para la preservación de los bosques. Por ejemplo, los incendios forestales son mucho menos frecuentes en esta zona. Pero, aparentemente, nada de esto impresiona a Conservation International (CI), el organismo basado en Washington que ha recibido cientos de millones de dólares proveniente de agencias gubernamentales de desarrollo y fundaciones privadas. CI está presionando al gobierno de Guatemala para adquirir los derechos madereros de algunas de esas comunidades de la zona.
En algunos casos, la adquisición de esos derechos madereros tiene sentido. Por ejemplo, una iniciativa similar de CI en Guyana parece estar funcionando bien. Pero Guyana tiene menos de un millón de habitantes y 94% de su territorio son bosques. CI quizá esté tratando de hacer lo mismo en Guatemala, un país con apenas la mitad del territorio y doce veces la población de Guyana, pero el resultado sería dañino. Esa amenaza la comprenden los ambientalistas guatemaltecos. Su país es casi el único del mundo en desarrollo donde se le permite al mercado y a los derechos de propiedad frenar las presiones contra el medio ambiente. Guatemala está muy lejos de ser una nación rica, pero merece que los conservacionistas aplaudan y apoyen sus logros en la protección de la naturaleza, en vez de ser atacada por americanos que se consideran mejor calificados que todos los demás para resolver los problemas ambientales en otros países. ¡Greengos, go home!.
*Avery es director del Centro del Centro Mundial de Asuntos Alimentarios y académico del Hudson Institute. Southgate es profesor de la Ohio State University.
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