Buenas señales en la Policía
Quienes dudaban de los dotes personales del Rolando Mirones para dirigir la Policía Nacional, ya deben estar variando de opinión. Tan pronto asumió el mando se notó el cambio en la forma de mayor presencia de agentes en las calles. Y es de esperar que esa presencia se incremente con la compra de nuevos y más vehículos, con la asignación de dos millones de balboas adicionales provista por el Ejecutivo. Nuestra recomendación es que se aumente además el número de motocicletas, por su mayor velocidad y movilidad.
Otra buena señal fue su instrucción a la tropa, en el sentido de que no debía esperar ser asistida por ninguna autoridad para realizar algunas detenciones y usar la fuerza. "Haré que el policía vuelva a ser respetado", ha dicho. En esto debió jugar a favor del nuevo jefe policial el hecho de ser abogado y su carácter recio y disciplinado, derivado de la intensa práctica de artes marciales. Y no otra cosa espera la ciudadanía de su Policía, frente a una delincuencia cada vez más agresiva. Cierto que se dio un robo a un banco situado en El Dorado, a pocos días de ser nombrado; pero también es cierto que ya hay cuatro detenidos por eso.
Pero también en el terreno legal, nos permitimos algunas sugerencias. El policía requiere de mayor protección legal para hacer su trabajo, porque no puede ser que se le siga deteniendo y desarmando, cada vez que tire a un delincuente, ni que tenga que esperar a ser objeto del primer disparo, antes de hacer el suyo. Eso no es así en Estados Unidos ni otros países, tanto o más democráticos que el nuestro.
Quizás también haya llegado el momento de crear una "guardia ciudadana", formada por civiles voluntarios, facultados legalmente para colaborar con la policía en labores de vigilancia, detección de crímenes e infracciones, en detenciones provisionales y de inteligencia. Será gente anónima, sin uniforme, que ostentará sin embargo un carné que lo acreditará. De ese modo, los diablos rojos, los que hagan sus necesidades en vías públicas, los que arrojen basura a las calles, los corredores de regatas callejeras, los vendedores de drogas en las calles, no vivirán tranquilos. Cualquiera a su alrededor puede ser un policía.
Otra buena señal fue su instrucción a la tropa, en el sentido de que no debía esperar ser asistida por ninguna autoridad para realizar algunas detenciones y usar la fuerza. "Haré que el policía vuelva a ser respetado", ha dicho. En esto debió jugar a favor del nuevo jefe policial el hecho de ser abogado y su carácter recio y disciplinado, derivado de la intensa práctica de artes marciales. Y no otra cosa espera la ciudadanía de su Policía, frente a una delincuencia cada vez más agresiva. Cierto que se dio un robo a un banco situado en El Dorado, a pocos días de ser nombrado; pero también es cierto que ya hay cuatro detenidos por eso.
Pero también en el terreno legal, nos permitimos algunas sugerencias. El policía requiere de mayor protección legal para hacer su trabajo, porque no puede ser que se le siga deteniendo y desarmando, cada vez que tire a un delincuente, ni que tenga que esperar a ser objeto del primer disparo, antes de hacer el suyo. Eso no es así en Estados Unidos ni otros países, tanto o más democráticos que el nuestro.
Quizás también haya llegado el momento de crear una "guardia ciudadana", formada por civiles voluntarios, facultados legalmente para colaborar con la policía en labores de vigilancia, detección de crímenes e infracciones, en detenciones provisionales y de inteligencia. Será gente anónima, sin uniforme, que ostentará sin embargo un carné que lo acreditará. De ese modo, los diablos rojos, los que hagan sus necesidades en vías públicas, los que arrojen basura a las calles, los corredores de regatas callejeras, los vendedores de drogas en las calles, no vivirán tranquilos. Cualquiera a su alrededor puede ser un policía.